primavera

primavera

viernes, 8 de junio de 2012

Infinite .:::Infinitize::.


hoy es un día especial celebramos el segundo aniversario de Infinite :3 les dejo lo más nuevo que han sacado, en estas eemans han ganado en cassi todos los programas: Mcountdown!, Musick Bank e Ingikayo.

Only tears/ Infinite


The chaser/Infinite

Teen Top Artist


Teen top regreso, Teen top the brave souund....

hahah hola k-popers les traigo quiza no tan nuevas noticias pero este es el nuevo material de teen top espero lo disfruten:

Capitulo 7


Samanta

Nos conocen comúnmente como ángeles de la muerte, nuestra obligación es venir a la tierra y asegurarnos de que al morir las almas sean llevadas al sitio correcto, en el proceso siempre nos topamos con algún demonio intentado robar alguna buena alma para arrastrarla al oscuro reino de las sombras, pero por lo general estamos preparados para luchar contra eso, para ser firmes en la adversidad, y sobre todo para defender la esencia de la vida, el alma.

Pues bien justo ahora la esencia de mi vida pendía de un hilo, mientras atravesaba a toda velocidad el espeso bosque en compañía de Iris, Celeste y Nick. La imagen era dificil de procesar, Ángel sostenía Francesco llamándolo con desesperación, yo podía verlo, mis ojos estaban diseñados para hacerlo, la delgada línea que une las almas a los cuerpos mortales, la de Fran estaba casi por desvanecerse.

Me abalance arrebatando a Fran de los brazos de Ángel, no iba a ser fácil pero concentre mi energía en ello, sanar el alma siempre es más difícil que sanar el cuerpo.
-         Qué… qué hace ella? – chillo ángel intentando quitarme a Fran de los brazos pero siendo rechazada por mis alas, las extendí cubriéndonos a ambos. Poniendo toda mi concentración en no permitir que la oscuridad nos quitara a Fran.
Por un momento me deje sentir odio por Ángel, tonta niña ingenua, que ignoraba bajo qué condiciones fue que Fran fue aceptado de vuelta con los ángeles.

Ángel

Lagrimas corriendo libres por mi rostro, ella me aparto de él como si fuera veneno vil, como si mi presencia lo hiriera. Y cuando quise acercarme sus alas formaron un escudo que impidió acercarme.
-         ¿Ángel estas bien? – pregunto Miguel venia de regreso con arrastrando una Eloísa encadenada de manos y pies.
-         Fran esta… muerto – era un susurro lo que salía de mi boca -  es mi culpa.
Entonces una niebla espesa lo cubrió todo y me deje llevar por la inconsciencia.

*****

Desperté con el sonido de la lluvia golpeando las ventanas, y al abrir los ojos me encontré en la enfermería escolar. Me enderece lo suficiente como para mirar alrededor de la habitación, aun estaba oscuro, la puerta que daba al pasillo dejaba filtrar la tenue luz de las lámparas.

De pronto los recuerdos de lo sucedido en el bosque invadieron mi cabeza, y sin  pensarlo dos veces me puse de pie, aun estaba mareada y cuando intente caminar el piso se movió bajo mis pies, tuve que aferrarme de la pared para no caer al suelo. Del otro lado de la habitación había una camilla, con las cortinas cerradas, estaba casi segura de  que Fran estaba ahí, tenía que asegurarme de que estaba vivo, mi pecho dolía con simple idea de perderlo.
Ironías de la vida, si, parece que mi vida se resume en ironías. La persona en la camilla era Samanta, estaba mortalmente pálida y una bolsa de sangre colgaba del tripie… transfusión de sangre, ¿por qué rayos necesitaba ella una transfusión de sangre?
Entonces agache la vista y ahí estaba el, sentado en una silla junto a la camilla, con la cabeza recargada sobre el brazo de la pequeña, sostenía su mano, y dormía plácidamente a pesar de la incómoda posición. ¡Estaba vivo!, y verlo dormir tan apaciblemente me hizo querer tomar su lindo rostro entre mis manos y besar sus dulces labios. Como si notara mí mirada fija sobre él, se enderezó rápidamente, tomando posición de alerta, parpadeo un par de veces antes de enfocar su mirada en mi, parecía torturado, confundido y perdido. Pero estaba bien, sano y salvo.

-         Ella me salvo – dijo Fran.
-         ¿Tu herida? – pregunte sin importarme un poco Samanta.
Fran estaba frente a mí y la linda e inocente niña que se la vivía con los auriculares en las orejas estaba tumbada en la camilla por salvarle la vida.
-         ¿Qué es ella? – inquirí si despegar la mirada de la chica.
-         Un ángel de la muerte – contesto sin dar señas de querer explicar nada más.
-         Te salvo… ¿porqué te salvo? – era más una pregunta para mí, pero el contexto.
-         Ella es mi guardián, cuando recibí aquella segunda oportunidad me asignaron a alguien para detenerme en caso de que me saliera de control, es como si fuera capaz de absorber todo lo malo que pudiera ocurrirme, incluso las heridas, como ocurrió hoy– dijo acariciando el pequeño rostro de la niña con el dorso de la mano.
-         La amas – no, no lo preguntaba y malditamente que no me interesaba saberlo.
El parpadeo, y me miro como si yo fuera una desquiciada.
-         Te he dicho que te amo – dijo acercándose a mi – he intentado… - su rostro amable desapareció – he intentado apaciguarte un poco, y te has creído esa bobada, que puedo decir parece que soy malvado después de todo – sonrió – lamento si te has creído lo que dije…
No lo deje terminar, mi mano voló veloz contra su rostro, una bofetada, su mejilla quedo enrojecida al instante, y cuando levanto la vista un poco de carmín se dejo ver es sus ojos.

-         Tranquila no volverá a pasar – dijo – dio un paso atrás y cerro la cortina de la camilla, escondiéndose de mi vista.
No lo tolere más, salí lo más rápido que pude hasta mi habitación, las chicas dormían, así que solo me arroje sobre la cama y me cubrí con las sabanas, ahogando el llanto contra la almohada.
¡Qué demonios había sido eso!, me dijo que me amaba y después nada, solo un juego. El cansancio por fin me paso la factura, y finalmente termine durmiendo profundamente.
La mañana siguiente fue escandalosa, las chicas escoltaron a Samanta hasta la habitación, llevaba el brazo enyesado,  la excusa perfecta  “resbaló en la escalera del segundo piso “, si como no.
 Fran no apareció en todo el día, y yo  necesitaba una explicación, ¿qué rayos había pasado?, primero me dijo que me amaba, luego me voto como si fuera un pañuelo desechable.
Camine despacio arrastrando los pies, me interne en la biblioteca hasta topar con los viejos libros cuyas pastas desgatadas están cubiertas de polvo, me senté contra un estante ojeando distraída un viejo ejemplar del principito, hasta que  una voz inconfundible capto mi atención, justo detrás de ese estante estaban Fran e Iris, al parecer escogieron el sitio más desolado de la biblioteca para discutir, pero no contaban con que yo también gustaba de ese solitario lugar para pensar en mis problemas existenciales.
-          No puedes Fran, eso fue peligroso, no sabes cómo me costó convencer a Miguel que dejara el tema estar en paz, Eloísa está en los calabozos y no ha dicho una palabra, no lo dirá, pero eso no es lo que nos preocupa, ¿en qué pensabas?, casi matas a Sam – le regaño de forma severa mientras yo me ponía de puntitas para poder observar entre la ranura que dejaban disponibles un par de libros mal acomodados.
-          No pensé, solo me deje llevar por la ira, no debería estar aquí, se los he dicho miles de veces, Ángel y yo juntos en la misma escuela es una locura, logramos estar bien mientras estuvimos alejados nada paso, pero ahora estoy fuera de control – se lamento masajeando sus sientes con sus dedos.
-          ¿Qué sugieres? – pregunto Iris tomando la mano que masajeaba sus sienes – no puedes escapar, justo ahora es cuando nos necesitan aquí.
-          Lo sé, y sé como hacer mi trabajo, descuia no volverá a pasar, fue solo… - su vista volo hasta donde yo estaba, ¿acaso me había visto? – fue un error, un error que jamás pasara de nuevo, ahora cuidare de Sam, me hare cargo de Tama y terminare este trabajo sin dejarme distraer.
Escuche sus pasos caminando hacia donde estaba, pero ni siquiera paro a verme, paso de largo ignorándome, me quede como idiota, mirándolo, mientras su figura se perdía en el largo pasillo principal.
Ni siquiera note en qué momento había empezado a llorar, hasta que los brazos de Iris me rodearon y comenzó acariciar mi cabello.
-          Todo estará bien hermosa, no llores – pero lo cierto era que no estaba bien, la ultima capa de blindaje en mi corazón se había destruido, y ahora estaba tan herida que incluso me costaba respirar.
-          No puedo… - tartamudee, sintiendo el corazón en mi garganta – no puedo, tal vez el puede, olvidar, hacer como si nada paso… yo no puedo… ¡lo amo demasiado! – chille enterrando mi rostro sobre su hombro y llorando como una chiquilla.
-          No es fácil, lo sé, pero justo ahora ambos tienen muchas heridas que sanar, Ángel dale tiempo al tiempo, de verdad, el tiempo lo cura todo.
El tiempo… el tiempo no curo nada en mi corazón ni  en mi alma, Francesco seguía enterrado ahí, se aferraba de mi mente, me dejaba sin ganas de hacer nada, me dejaba con el alma hecha pedazos.
La mañana siguiente fue escandalosa, las chicas escoltaron a Samanta hasta la habitación, llevaba el brazo enyesado,  la excusa perfecta  “resbaló en la escalera del segundo piso “, si como no.
 Fran no apareció en todo el día, y yo  necesitaba una explicación, ¿qué rayos había pasado?, primero me dijo que me amaba, luego me voto como si fuera un pañuelo desechable.
Camine despacio arrastrando los pies, me interne en la biblioteca hasta topas con los viejos libros cuyas pastas desgatadas están cubiertas de polvo, me senté contra un estante ojeando distraída un viejo ejemplar del principito, hasta que  una voz inconfundible capto mi atención, justo detrás de ese estante estaban Fran e Iris, al parecer escogieron el sitio más desolado de la biblioteca para discutir, pero no contaban con que yo también gustaba de ese solitario lugar para pensar en mis problemas existenciales.
-          No puedes Fran, eso fue peligroso, no sabes cómo me costó convencer a Miguel que dejara el tema estar en paz, Eloísa está en los calabozos y no ha dicho una palabra, no lo dirá, pero eso no es lo que nos preocupa, ¿en qué pensabas?, casi matas a Sam – le regaño de forma severa mientras yo me ponía de puntitas para poder observar entre la ranura que dejaban disponibles un par de libros mal acomodados.
-          No pensé, solo me deje llevar por la ira, no debería estar aquí, se los he dicho miles de veces, Ángel y yo juntos en la misma escuela es una locura, logramos estar bien mientras estuvimos alejados nada paso, pero ahora estoy fuera de control – se lamento masajeando sus sientes con sus dedos.
-          ¿Qué sugieres? – pregunto Iris tomando la mano que masajeaba sus sienes – no puedes escapar, justo ahora es cuando nos necesitan aquí.
-          Lo sé, y sé cómo hacer mi trabajo, descuida no volverá a pasar, fue solo… - su vista voló hasta donde yo estaba, ¿acaso me había visto? – fue un error, un error que jamás pasara de nuevo, ahora cuidare de Sam, me hare cargo de Tama y terminare este trabajo sin dejarme distraer.
Escuche sus pasos caminando hacia donde estaba, pero ni siquiera paro a verme, paso de largo ignorándome, me quede como idiota, mirándolo, mientras su figura se perdía en el largo pasillo principal.
Ni siquiera note en qué momento había empezado a llorar, hasta que los brazos de Iris me rodearon y comenzó a acariciar mi cabello.
-          Todo estará bien hermosa, no llores – pero lo cierto era que no estaba bien, la última capa de blindaje en mi corazón se había destruido, y ahora estaba tan herida que incluso me costaba respirar.
-          No puedo… - tartamudee, sintiendo el corazón en mi garganta – no puedo, tal vez el puede, olvidar, hacer como si nada paso… yo no puedo… ¡lo amo demasiado! – chille enterrando mi rostro sobre su hombro y llorando como una chiquilla.
-          No es fácil, lo sé, pero justo ahora ambos tienen muchas heridas que sanar, Ángel dale tiempo al tiempo, de verdad, el tiempo lo cura todo.
El tiempo… el tiempo no curo nada en mi corazón ni  en mi alma, Francesco seguía enterrado ahí, se aferraba de mi mente, me dejaba sin ganas de hacer nada, me dejaba con el alma hecha pedazos.