summer

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miércoles, 8 de junio de 2011

Capitulo 27 (penultimo capi)

Adiós al paraíso

-          Sé que no es una decisión fácil, pero nadie puede obligarte a hacerlo si no quieres- repitió papá por enésima vez.
Solo dos opciones, y ambas eran tan radicales, ambas me separaban de Nick: 1) regresar a ser humano y olvidar todo lo que he vivido en el instituto y 2) aceptar mis alas y con ellas una misión que me aleja de Nick por tiempo indefinido.
-          ¿Solo tengo dos días para elegir cierto? – papá asintió.
-          Nick llego anoche pero aun esta herido la recuperación llevará un par de días también – la recuperación requería de que Nick permaneciera dormido por casi tres días.
-          Tome la decisión que tome ni siquiera podré decirle adiós – murmuré.
-          Sé que es difícil pequeña, pero como ángeles el libre albedrio en algunas cosas es algo de lo que no podemos darnos el lujo, nuestras misiones siempre están primero – esas palabras eran más fuertes que nada, lo sé, incluso viví 18 años de mi vida lejos de papá por ellas.
Me senté en la pequeña sala de espera de la enfermería, mi corazón inquieto, mi mente hecha un lio. Solo una puerta me separaba de Nick, pero las palabras de papá hacían eco en mi cabeza, las misiones siempre son antes que todo. Finalmente tomando fuerzas me aventurar a entrar en la habitación. Nick estaba en la camilla, símbolos de luz lo rodeaban como si estuviera en una esfera de cristal.
Por recuperar mis alas, el término así por recuperar mis alas... dios verlo así dolía tanto que no pude manejarme y las lágrimas empezaron a correr por mi rostro. No podía renunciar a ser un ángel, al menos de eso modo jamás podría olvidarlo, y siempre nos queda una eternidad para volvernos a encontrar.
Salí hacia mi cuarto, tenia equipaje por arreglar, y muchos amigos de los cuales despedirme. El instituto de un momento a otro me hizo sentir en casa, ahora la melancolía envolvía cada sitio, los recuerdos que viví en cada lugar me acompañarían en mi viaje. Tan despistada iba que casi choco con alguien.
-          Perdón – me disculpe ante pobre chico que casi atropello.
-          Despierta bella durmiente – se burlo Nico – me asustaste ni siquiera te había visto – conteste con una sonrisa de oreja a oreja.
-          ¿Así que te saldrás con la tuya he iras tras Alanís? – pregunte mientras Nico me ayuda a empacar.
-          Sí, eso parece, solo lamento que no pueda despedirte apropiadamente – se disculpo – hombre ni siquiera voy a acordarme de ti, eso es cruel – dijo en tono de broma.
-          Eso no es cruel, abandonar a Nick de esta manera si es cruel – dije dejándome sumirme en la miseria y la tristeza de lo inevitable.
-          ¿En serio no puedes decir que no?
-          Nací para ser un ángel, ya he cometido muchos errores, anteponiendo mis sentimientos, ignorando las ordenes de mis superiores... no puedo negarme ir a Italia a esa asignación.
-          No te preocupes, estoy seguro que Nick te buscará – me consoló envolviéndome en un cálido abrazo.
-          ¿No estás nervioso por el ritual de mañana?
-          No, lo que tenga que pasar pasará tu tranquila.

Lo cierto era que no podía dormir, no sabía qué hacer o que pensar, un terrible dolor me oprimía el pecho, que injusto el destino, no solo no podía despedirme de Nick, ni siquiera podía tocarlo, mientras estaba en recuperación la esfera de símbolos debía permanecer intacta.
Ya que no podía dormir decidí tomar a mi mejor amigo entre mis manos, lápiz y papel, las letras salían solas, esperaba que cuando Nick leyera esta carta me odiara un poco menos, no estar aquí cuando despertará era la cosa más cruel que podía hacerle.
En algún momento debí quedarme dormida, porque cuando abrí los ojos ya no estaba más en mi habitación, el sitio donde me encontraba recostada era un bello prado de flores: lirios, su aroma lo invadía todo, me puse de pie lentamente y comencé a caminar, se sentía como si una cuerda invisible tirara de mi, poco a poco, acercándome a una alta jacaranda en flor, el precioso color morado contrastando con el blanco de las flores de lis. Y ahí, recargado en el tronco de aquel árbol estaba Nick, mi corazón salto tan pronto lo vi.

-          Te tardaste mucho en llegar – dijo sonriendo con esa mirada picara en su rostro que lo hacia ver endemoniadamente sexy.
-          No sabía que me esperabas... dios mi cabeza es maravillosa, me da justo lo que quiero – murmure enterrándome entre sus brazos.
-          Hermosa, no podía estar lejos de ti más tiempo, no después de todo lo malo que te dije – se disculpo acurrucándome en su regazo, nos sentamos juntos contemplando el cielo azul.
-          ¿Así que no puedes salir de la esfera de curación pero viniste a visitarme en sueños?
-          Te sentí inquieta, algo dentro de mi me decía que necesitabas hablar con migo.
-          Pues tengo noticias, pero no son nada buenas – murmuré.
-          Te vas – dijo apretándome en un firme abrazo.
-          ¿Cómo lo sabes? – pregunte soltándome de su agarre para mirarlo directo a los ojos.
-          Siempre supe que eras demasiado buena para mí – dijo en tono burlón – eres especial – beso mi frente con ternura.
-          Pero no quiero irme – masculle.
-          Pero tienes que... no será tan malo, prometo alcanzarte pronto – me consoló acariciando mi espalda, tocando el sitio donde mis alas solían estar.
-          Si pudiera congelaría el tiempo para quedarme así contigo, juntos solo tú y yo – dije acercando mis labios a los suyos.
-          No importa donde estés, yo te amare siempre – era una promesa que sellamos con el más maravillosos beso, tierno, delicado, reflejo de cada uno de nuestros sentimientos.
Maldije al estúpido despertador, por su culpa tuve que abandonar mi lugar feliz. Mi ropa estaba empacada, mis libros había sido enviados ya a mi nuevo hogar, ahora solo quedaba esperar. Esperar a que anocheciera, para realizar el cambio.
Decidí salir a buscar a mis amigos, era la hora de las despedidas, al primero que encontré fue a Francesco en compañía de Ang.
-          Chicos... – murmure odiando interrumpir su tiempo romántico, amos se giraron a verme con una expresión de total felicidad.
-          Hey Iris, ¿Cómo estás? – pregunto  Ang corriendo a mi lado y dándome un fuerte abrazo.
-          Bien... supongo... me alegra verlos juntos al fin – Fran sonrió y se nos unió abrazándome también.
-          Escuchamos que te vas, buena suerte en Italia, si necesitas algo no dudes en llamarnos – dijo Fran, vaya las noticias vuelan.
-          Así es, Italia, Uriel dice que tengo que entrenarme en el conocimiento de símbolos antiguos, y concluir con mi instrucción en combate.
-          ¿Qué pasará con Nick? – dijo Ang, y esa pregunta dolió.
-          Yo espero que algún día nos volvamos a encontrar – dije dando una sonrisa forzada.
-          Y seguro te alcanzará pronto el loco no sabe vivir sin ti – agrego Selene entrando al salón de danza, seguida de Greg y Sorata.
-          Solo queríamos desearte buen viaje- dijo Sorata.
Después de un rato conversando con los chicos tuvimos que regresar a clases, estaba inquieta, no había visto a Nico en todo el día, quería despedirme de él también, aunque el quizá jamás me recordaría.
Cuando la noche cayo los nervios se me pusieron de punta, daba vueltas de aquí para allá, el traje para la ceremonia era una vestido blanco y un listo rojo que debía estar amarrado en mi cuello, inexplicablemente el vestido lucía justo como el de mi sueño. Fui escoltada por un par de ángeles centinelas hacia la capilla.
Casi me infarto al ver a Nico, pulcramente vestido con un pantalón y camisa blanca, pero en lugar de un listón rojo el suyo era blanco también. Un circulo d símbolos fueron marcados en el suelo del lugar, y en el medio una urna descansaba en el piso.
-          Hola pequeña, estas nerviosa – me saludo Nico dándome un tierno beso en la mejilla.
-          Un poco si – dije apretando sus mano cuando nos indicaron que entramos al círculo.
Papá llego unos minutos después, con el viejo libro que me ayudo a descifrar como ayudar a Nick.
-          Bien chicos, Nico recuéstate en el piso junto a la urna – indico papá – Iris recuéstate sobre el mirándolo de frente – parpadee insegura ante la indicación.
-          Está bien, el ritual así lo requiere – me tranquilizo  Nico.
Me recosté sobre el descansado mi peso en los codos para no aplastarlo.
-          Vamos iris venga, no pesas nada, confía en mí – dijo Nico.
-          Iris descansa tu frente sobre la de Nico – indico papá, y así lo hice, los ojos de Nico nunca se cerraron y por consecuencia tampoco cerré los míos, era imposible evitar una mirada como esa.
-          Me dio gusto conocerte Irialis – murmuró Nico.
No pude contestar nada, una columna de luz ilumino el círculo y papá comenzó un cantico en una lengua extraña, mi cuerpo hormigueaba, mis ojos se sentían pesados, me desmaye.

Capitulo 26

Perdiendo la fe
(Nicholas)

Ver a Alanís de nuevo fue impactante, era hermosa (bueno en realidad siempre lo fue), solo que esta vez era diferente, su precioso cabello rubio ahora estaba más corto y lucía aún más brillante de lo que recordaba, sus ojos azules casi grises siempre eran fríos como el hielo, ahora se veían enormes brillantes y cálidos, llenos de ternura y humanidad, por primera vez me di cuenta de la belleza que posen los seres humanos, no por nada son la sagrada creación de nuestro dios.
-          Buenas tardes, en qué puedo servirles – dijo ella con voz cantarina, por debajo de su mandil floreado vestía una falda azul y una camiseta rosa, esta era la Alanis humana, era sencilla y humilde, cómo ángel esas jamás fueron buenas cualidades en ella.
-          Hola, busco a mi tía Leticia, soy Nicholas y él es mi amigo Greg – dije cortésmente, ella asintió y se giro hacia la puerta trasera del local.
-          Tía Lety te busca tu sobrino Nicholas – grito, en unos instantes salió la maravillosa mujer que solía cuidar de mi cuando mamá ya no podía hacerlo.
Su cabello rubio apenas unos cuantos tonos más oscuro que el de Alanís lucía ya algunas canas, pero sus ojos azules seguía siendo amables, se tornaron preocupados en cuanto me vio, tía siempre ha tenido un sexto sentido para saber cuándo alguien traía malas noticias, y ciertamente el motivo de mi visita no era para nada agradable.
Después una precaria explicación respecto a lo sucedido con Iris y mi hermano, Greg y yo nos quedamos esperando por una respuesta ante la pregunta del millón. ¿Dónde encontrar el cuerpo de Nico?
-          Donde encontrarlo no es el problema, esta junto a la tumba de tu madre, dentro de una pequeña capilla, pero la puerta fue sellada por él antes de volver y pedirme que te llevará al instituto – explico ella.
-          ¿Él?... te refieres a mi padre – yo jamás pregunte por él, me bastaba con saber que él era un demonio, y que como padre nunca formo parte de mi vida, los únicos recuerdos de mi infancia vinculados con él, eran el resentimiento y el dolor, mamá lo espero, con la esperanza de que él renunciara a la oscuridad y vendría con nosotros, pero después de cinco largos años de espera, la tristeza y la decepción la consumieron hasta matarla.
-          ¿Sólo él puede abrirla? – pregunte con voz plana no queriendo que ninguna de mis emociones se escapara de control. Ella sólo asintió, y saco de su muñeca un brazalete de planta.
-          Se lo obsequió a tu madre poco después de conocerla – dijo entregándome la fría pieza de
-          Podría ser útil para una invocación, el problema es que no va a querer ayudarnos con esto – dijo Greg.

La última vez que visité la tumba de mamá yo tenía 5 años, estar ahí era escalofriante, pero Greg tenía razón “no hay peor lucha que la que no se hace”. Dibuje el circulo utilizando mi sangre, eso reforzaría la invocación, después de todo Evan D’Vanto y yo éramos padre e hijo, que mejor vinculo para hacerlo venir. En el centro del círculo iba el brazalete de mamá.
-          Puedes cerrarlo ahora – dijo Greg, me agache para marcar el último símbolo y podría jurar que el suelo tembló.
Una espesa cortina de humo negro lo cubrió todo, de entre las sombras una alta figura camino despacio hasta ponerse de rodillas junto a la tumba de mi madre, en su mano derecha apretaba con fuerza el brazalete de plata, por un momento creí ver una lagrima resbalando de su mejilla, pero seguro fue solo mi imaginación.
Se levanto lentamente y se giro a encararme, maldita genética, éramos idénticos, era como verme de unos 30 años, pero un poco más alto, Nicholae tuvo suerte de heredad los ojos azules mamá. Evan sonrió ligeramente reconociéndome de inmediato.
-          Tú me has convocado hijo, así que imagino que es algo importante – su voz reflejaba el pecado capital al que hacía alusión su nombre D’Vanto (orgullo en Italiano).
-          Sé que solo tú puedes abrir esa puerta – dije señalando la capilla junto a la tumba de mamá – necesito los restos de Nico, es importante.
-          En verdad estas dispuesto a perder de nuevo a tu hermano solo por el amor de una chica – pregunto dejándome sorprendido de que supiera eso.
-          Es lo que Nicholae quiere, el desea ser humano, fue él quien sugirió hacerlo – de pronto me sentí estúpido por darle explicaciones.
-          Puedo darte la llave, pero tendrás que pagar un precio – demonios, nunca dan algo sin esperar nada a cambio.
-          No tengo permitido hacer tratos contigo, además me los debes por 21 años de ausencia en mi vida – el sonrió de esa forma arrogante que era tan similar a los gestos que solía hacer yo cuando me sentía fastidiado por algo, estúpida genética.
-          No pido mucho, solo quiero que escuches la verdad del porque no pude verte crecer- woa eso no me lo esperaba.
-          Está bien, que daño podría hacer ya a estas altura, si es terapia padre e hijo lo que quieres por mi está bien – dije con un tono de amargura en mi voz.
-          Regrese sólo para renunciar, y estúpidamente les creí, ellos dijeron que podía irme... pero el precio de mi libertad fue la vida de tu hermano, poco después enfermaste, no podíamos hacer nada más que verte morir, así que volví, era la única forma en que los dejarían en paz, ellos prometieron que así sería, pero mintieron de nuevo y te quitaron a tu madre, no tenía cara para buscarte, no tenía derecho de llamarte hijo. Soy un demonio, y tu un ángel, pero ante todo quiero que sepas que ame a tu madre, la ame realmente, y si es decisión tuya y de tu hermano separar sus caminos que así sea – arrojo a mis manos el brazalete, ahora con una enorme cruz colgando en él – esa es la llave, buena suerte hijo – dijo antes de desaparecer entre el espeso humo negro.

Dentro de la capilla sólo había una pequeña  urna de cerámica, las cenizas de mi hermano estaban ahí. Misión cumplida en menos de dos días, aunque claro eso significaba volver al Instituto y pedirle disculpas a Iris por mis estúpidos celos, soy hijo de un demonio orgulloso, pedir perdón no es mi especialidad en absoluto.
Greg había permanecido tranquilo recargado del tronco de un arce, pero en instante se tenso y salto para ponerse espalda contra espalda junto a mí.
-          Nos mandaron a los perros guardianes – dijo él sonriendo ante la idea de pelear, ese tipo estaba loco.
-          Supongo que nada es tan fácil como parece – dije antes de ponerme en posición de batalla.


Capitulo 25

Karma

Toda la clase se quedo callada mientras yo continuaba aturdida en el piso, el golpe aun me tenía desorientada, lleve mi mano hacia mi rostro, al tocar mi nariz mis dedos se tiñeron de rojo.
-          Iris lo lamento, pensé que lo esquivarías, dios mío tu nariz no para de sangrar – parloteaba una alterada Alexis, mi pequeña compañera de prácticas en clase de combate.
-          Estoy bien – masculle levantándome con dificultad, Sorata tuvo que ayudarme para ponerme en pie.
-          Te llevaré a la enfermería, creo que fue muy pronto para las prácticas, aun estas débil – dijo Sorata.
-          Puedo ir sola, ya estoy mejor... oye Alex esto no fue tu culpa vale, son gajes del oficio – le sonreí y ella me devolvió la sonrisa un poco insegura al verme en ese estado tan patético.

Durante más de un mes Alexis fue mi compañera en clases de combate, jamás había acertado un solo golpe, casi siempre la que terminaba con el trasero en la colchoneta era ella, pero aquel día en menos de cinco minutos me dejo llena de moretones y mi nariz sangraba a chorros. Apenas me podía sostener sobre mis piernas, llegue a la enfermería arrastrando los pies.
Entre sin tocar la puerta, ya sabía que era la guardia de Selene, más que atención medica yo necesitaba desahogo.

-          Te ves como la mierda, ¿qué te paso? – pregunto mi amiga ayudándome a recostarme en la camilla.
-          Alex me molió a golpes en clase de combate, no pude defenderme, era como si mi cuerpo y mis reflejos naturales de guerrero no quisieran cooperar –gemí cuando Selene puso un par de tapones de algodón para detener la hemorragia.
-          Moretones como estos ya deberían haber sanado en segundos – dijo ella mientras ponía ungüento sobre mis horribles magulladuras.
-          A esto le llaman Karma – bufe tapando mi rostro con ambas manos – el castigo que obtengo por comportarme como una zorra.
-          Ok, ya me preocupaste, ¿qué rayos paso?
Le conté todo, sin omitir ningún detalle, incluso le hable sobre el ultimátum de Nick, me sentía realmente enferma, como si llevara días sin dormir, mis ojos estaban hinchados por el llanto de la mañana, yo era un pésimo ángel guerrero.
-          Soy caso perdido Selene, y este es mi castigo – dije sacándome los tapones y arrojándolos con fuerza hasta el bote de basura.
-          No todo es tu culpa, si dices que no paso nada con Nico, Nick debía confiar en ti, quedarse a tu lado mientras averiguas como terminar con ese vinculo extraño – dijo molesta.
-          Las evidencias me condenan, fui yo quien se escabullo a  media noche al dormitorio de un chico que no es mi novio, incluso para una zorra es más que caer bajo... soy un asco – lagrimas corriendo por mi rostro.
-          No lo eres, vamos a poner las cosas en claro: 1) tu solo dormiste con Nico y nada más, 2) Lo hiciste porque él tiene parte de tu alma y 3) Nick es un celoso cretino que merece morir por hacerte llorar – casi me reí por sus comentarios sarcásticos – si Nick no puede lidiar con esto pues lastima, el se lo pierde amiga, no puedes ir por la vida desmoronándote porque un hombre te pone entre la espada y la pared.
-          No quiero terminar con él- solloce.
-          Te la pasas pensando en los demás, nunca piensas en ti, eso te ha llevado hasta esta situación, sabes que enferma a un ángel... la tristeza y todos los sentimientos malos que emanan de ella, son el cáncer de un alma – dijo dándome un vaso de agua y un par de analgésicos.
-          Francamente ya no quiero pensar en ello – dije antes de tomar el medicamento, puse el vaso en la mesita junto a mi camilla y me frote el cuello, infiernos me dolía todo.
-          Tu marca de lirio no está – dijo Selene apartando el cabello de mi cuello y tocando el lugar donde mi marca debía estar.
Salte de la cama y corrí al baño, el espejo no miente mi marca no estaba- la tenía esta mañana, juro que la vi esta mañana – murmure.
-          Tranquila, ven a descansar – dijo Selene tomando mi mano.
-          No - dije soltándome de su agarre – necesito salir a respirar aire fresco – y sin darle oportunidad de mirarme llorar salí corriendo hasta los jardines traseros de la biblioteca.
Me tumbe en el pasto, a la sombra de un frondoso nogal, mire el cielo con el seño fruncido, como si mirándolo así pudiera cambiar el hecho de que mi vida fuera un asco. Escuche risas y sonidos sospechosos, una pareja se besaba apasionadamente bajo un hermosa jacaranda. Eran Francesco y Ángel, me alegre de que por fin ese par hubiera confesado sus sentimientos, no quería interrumpir, así que me escabullí entre la maleza hasta toparme con el camino que llevaba al gimnasio.
Entre silenciosamente, estaba vacío, me senté en la fría duela de la cancha de baloncesto. Este gimnasio, si pudiera hablar contaría mi historia con Nick, llena de altas y bajas, llena de lagrimas y risas, pasión, amor y celos. Una lagrima escapo sin mi permiso, pero antes que tuviera tiempo de enjuagarla, una mano la limpio con delicadeza, haciéndome volver a la realidad.
-          No te preocupes, para cuando Nick regrese no tendrás que elegir – dijo Nico sentándose frete a mí, nuestras rodillas rozándose.
-          No sé, que hacer – hipé, ante un montón de lagrimas que apenas si me dejaban ver.
-          Tu lo amas, y te aseguro que aunque la primera vez que te vi pensé que eras la razón de mi existencia se bien que eso no es amor – me consoló, ofreciéndome un pañuelo de algodón,
-          Me siento tan inestable, incompleta, herida de una forma tan profunda que cada vez que intento respirar duele – el tomo mis manos entre las suyas.
-          Estas herida, tu alma fue desgarrada por mí...
-          No es tu culpa – lo defendí.
-          Este no es mi sitió Iris, mi otra mitad, la parte de mí que me complementa y da luz esta fuera de este instituto.
-          Tu otra mitad, como de amor – balbuceé.
-          Te cuento un secreto, sueño con ella... anoche la vi en mis sueños, Nick y yo la herimos mucho, la confundimos y la llevamos a cometer un terrible error – me atragante con mi saliva, estaba hablando de Alanís – sé lo que te hará sentir mejor – dijo ayudándome a ponerme en pie.
Me abrazo con fuerza, y sentí el latido de su corazón sintonizado con el mío, un calor reconfortante irradiaba de su cuerpo, la piel en mi espalda hormigueaba con una sensación muy familiar. Cerré los ojos, y escuche la tela de mi camiseta al rasgarse. Así abrazados nos elevamos del piso por lo menos un metro, no pude evitar sonreír.
Pero al abrir mis ojos casi me infarto, los ojos de Nico estaban en blanco, su nariz, boca y oídos sangraban. Tonta de mí, al tomar mis alas lo estaba matando, esto iba a doler como el infierno, pero las deje ir, y con ellas se fue la sensación de bienestar. Me acomode de modo que mi cuerpo amortiguara la caída, el aire salió abruptamente de mis pulmones, y luche por volver a respirar.

-          ¿Nico, estas bien? – lo recosté sobre mi regazo, su piel estaba fría y lucia muy pálido.
-          Me duele la cabeza – mascullo, antes de enderezarse y escupir sangre.
-          ¡No vuelvas a hacer eso nunca más! – me había espantado de muerte.
-          Estoy bien, al menos por un momento pude devolverte tus alas – su voz sonaba ronca y cansada.
-          ¿Puedes pararte?, necesito llevarte con Selene – el asintió.
-          No necesito ir a la enfermería – dijo levantándose, lo sostuve de un brazo para estabilizarlo – te juro que esto no es con mala intensión, pero necesitamos equilibrio – murmuro recargando su frente contra la mía.
-          Creo que ya estas delirando... – no conseguí terminar esa frase, sus labios se estamparon en los míos, besando gentilmente, pero no podía responderle, estaba congelada, el karma de esto me iba a mandar directo al infierno.
-          Confía en mi – susurró separándose de mis labios – solo confía en mí.
Cuando sus labios se reunieron con los míos un cosquilleó me hizo entreabrir lentamente mis labios, era como tomar leche con chocolate, algo dulce y cálido, energía fluyendo de mi hacia a él y viceversa... equilibrio, el malestar, la necesidad es estar cerca suyo, era por falta de equilibrio, el tenia más de mi, mientras que yo no tenía nada de él.
Nos separamos jadeando por aire, el dolor y las magulladuras ocasionadas durante mi clase de combate había desaparecido, y el estaba mucho mejor.
-          No le digas a Nick, aunque solo fue un intercambio para equilibrar nuestras almas, el no lo va a tomar así – dijo con sus hermosos ojos azules brillando como si fuera un niño pequeño después de haber cometido alguna travesura.
Karma, yo iba a pagar por esto, aunque no se sentía incorrecto, aunque parecía que nos hacía sentir mejor, ambos habíamos traicionado a nuestra otra mitad.
-          Cuéntame de Alanís, ¿en verdad es tu otra mitad? – dije cambiando abruptamente de tema, el sonrió.
-          Te cuento de camino a la cafetería vale, me muero de hambre – dijo tomando mi mano.

Capitulo 24

Mientes


Alargue mi brazo esperando encontrarlo a él, en su lugar las sabanas me dieron los buenos días. Sobre el buró descansaba una nota:
Gracias por no dejarme solo, me hiciste reconsiderar mi idea sobre mí mismo, pero me temo que mi hermano podría tomar a mal lo de anoche, así que me voy antes para que no nos vean juntos. Que tengas un lindo día.
Nicholae
Eran casi las 6:00 am, me fui directo a mi dormitorio, Selene aún dormía y al parecer no había notado mi ausencia. Agradecida por ello fui darme una ducha, el calor del verano no daba tregua, así que decidí ponerme mis short de mezclilla y una camiseta ligera que cubriera a la perfección mis cicatrices.
Durante el desayuno revise mi lista de tareas pendientes, era colosal, tenía un par de horas antes de mi primera clase así que fui a la biblioteca para avanzar un poco con los trabajos.
-          Dichosos los ojos que te miran – me saludo Esteban saliendo de un rincón entre un montón de libros apilados en el suelo.
-          Se te junto mucho trabajo, creo que ahora comprendo porque no fuiste a visitarme – dije con sarcasmo.
-          De hecho no pude ir a verte porque me asignaron una  misión, el círculo mágico del pozo afecto a Alanis, ahora es humana – dijo con toda tranquilidad, honestamente eso me tomo por sorpresa.
-          ¿Recuerda algo? – agrego al voz de Nick llegando justo detrás mío.
-          No, está en blanco, la lleve con tu tía Lety mientras buscamos un lugar para ella – explico Esteban.
Me gire para mirar a Nick, y mi corazón se sintió menos pesado al verlo... era bello, era mío, y aun lo amaba, cada célula de mi cuerpo reaccionaba ante su presencia. Por instante la idea de que el vínculo con Nico cambiaría mis sentimientos me había asustado, pero no era así.
-          Hola – lo salude finalmente, dándole un fuerte abrazo, el respondió dándome un tierno beso en la frente, y sonrió de esa hermosa manera que hacía a mis rodillas ponerse temblorosas.
-          Hola hermosa- dijo antes de bajar su rostro  junto al mio y besarme dulcemente.
-          Emmm... chicos – ese era Esteban, pobre, nos habíamos olvidado por completo de él – saben que, mejor me marcho, respecto a Alanís no hay mucho más que agregar – dijo sonriendo mientras desaparecía entre los estantes de libros.
Me olvide de las tareas tan pronto Nick apareció, salimos al jardín a platicar, tan sólo había pasados unos días lejos de él pero me pesaban como si hubieran sido años, me encantaba la forma tan natural en la que podíamos conversar, sin pleitos ni dramas, pero supongo que era demasiado bueno para ser verdad.
-          ¿Qué pasa con Nicholae? – pregunto, sacando el tema de la nada.
-          ¿Qué pasa de qué? – conteste muy a la defensiva.
-          Bueno te lo pondré así... cuando Francesco no te quitaba la mirada de encima fue el infierno de los celos, no sé cómo lidiar con mi hermano – confesó.
-          Esto diferente a lo de Fran, tu hermano tiene una parte de mi alma en su interior, eso me llama, me hace querer estar cerca de él, no sé cómo lidiar con eso – sus ojos se tornaron preocupados, y yo me sentía una vil mentirosa.
-          ¿Te gusta? – escupió la pregunta de la nada eso era demasiado para mí.
-          Te amo a ti – respondí de inmediato.
-          No estoy dudando de eso... Iris, ¿él te gusta? – insistió de nuevo.
-          No puedo evitar estar cerca de él, una parte de mi vive en él, hasta que averigüe como dejar de sentirme así, tendremos que aprender a convivir con él, además el ya no es un mal tipo, es tu hermano, dale una oportunidad y verás que en su interior también hay luz – pero mis palabras parecían más una súplica.
-            Eso no fue lo que te pregunte, estas evadiendo la pregunta, y el que calla otorga – dijo poniéndose tenso – Irialis ¿Nicholae te gusta? – ahora estaba cabreado, simplemente genial.
-          No, él no me gusta, pero...
-          Perfecto entonces no te acerques a él, ya buscaremos un modo para que superes la perdida de tus alas – dijo frio y calculador, interrumpiendo mi respuesta.
-          Nick, no puedo dejarlo solo, me necesita ahora más que nunca – vi en sus ojos la chispa de la ira, y luego enmascaro todo con su careta de frialdad.
-          Ya soy un ángel guardián ahora, tengo misiones y no podré estar todo el tiempo contigo – sentenció.
-          Estas molesto y ahora quieres chantajearme – bufé enojándome también.
-          No, sólo te informo que tengo una misión, me voy mañana, tienes una semana para elegir... ¿él o yo? – me dejo helada con esas palabras.
-          Odio cuando ocultas lo que realmente sientes, te portas grosero y egoísta, pensé que confiabas en mi, ¿por qué te portas tan infantil? – las lagrimas amenazaban con salir.
-          Infantil... si soy infantil y que... ya te lo dije una semana... ¿él o yo? – dijo inmutable.
-          No tengo nada que decidir, sabes que te elijo a ti.
-          Mientes – espeto mirándome con esos ojos oscuros llenos de desesperación – vine hoy con la intención de ser honestos él uno con el otro, no mas mentiras, ese era el plan, y tú me estas mintiendo, ¿por qué rayos no me dijiste que dormiste con mi hermano? – lagrimas escaparon de mi ojos, empañando mi mirada.
-          Yo no mentí...
-          Claro... solo omitiste esa parte, si no confías en mi qué futuro nos espera juntos – dijo sonando totalmente miserable, y luego de eso se fue.

(Nicholas)

Dejarla llorando fue una canallada de mi parte, mi alma exigía a gritos que regresara ahí y me disculpara. Maldito orgullo, en el último momento me hizo perder la razón, finalmente termine echando todo a perder con mi estúpida pregunta... ¿él o yo?
Sé que solo durmieron en la misma habitación, se que nada más paso entre ellos. Esa noche me sentía intranquilo y de algún modo termine bajando a ver como estaba Nico. Cuando abrí la puerta casi me infarto, ahí estaba ella, en su cama, envuelta en sus sabanas y abrazando su almohada.
La ira se apodero de mí, pero en cuanto mis ojos se deslizaron al otro extremo de la cama me tranquilice un poco. Nico no dormía junto a ella, el estaba tumbado en el sillón de tres plazas que estaba justo frente a la cama.
Llámenlo tontería, pero creo que eso de la conexión entre hermanos gemelos si existe, de algún modo yo termine viniendo a ver como estaba mi hermano y topándome con esto... sin embargo el debió intuirlo pues decidió poner algo de  distancia con mi chica para no causar problemas. Aun así me costaba aceptar este vínculo tan extraño entre Nico e Iris.
Salí de ahí sin decir nada, ni siquiera pude dormir el resto de la noche, Nico me encontró muy temprano en la mañana, quería despezarlo ahí mismo, pero lo que fue a decirme era demasiado importante.
-          Sé que estas molesto y no te culpo... pero comprende que lo más importante es regresarle sus alas a Iris – dijo preocupado – si ella no las recupera pronto, perderá poco a poco sus habilidades de ángel hasta volverse humana.
-          ¿Cómo sabes eso?
-          Yo se lo dije – agrego el padre de Iris llegando justo detrás de mí.
-          Si, por es que todos estamos aquí – Greg apareció siguiendo a Gabriel.
-          ¿De qué se trata esto?, ya me preocuparon, parece que todos saben algo que yo no – masculle.
-          Para que Nico pueda regresarle sus alas a Iris, el debe volverse humano, sin embargo el ritual no puede hacerse a menos que tengamos los restos de su cuerpo humano – explico Greg.
-          Tu y Greg deben averiguar donde están sepultados, y deben traerlos antes del cuarto creciente de la luna – dijo el arcángel Gabriel.
-          Para eso queda una semana, y no tengo ni idea de dónde empezar a buscar.
-          Pero tía Lety tal vez lo sepa – dijo Nico.
-          Porque tiene que ser justo en el cuarto creciente – pregunté.
-          El cuarto creciente simboliza el inicio de un nuevo ciclo, si un ángel quiere ser humano, esa noche es cuando debe completarse el ritual, Iris renuncio a su alas, si para ese día no las recupera perderá no solo sus habilidades de ángel, se volverá humana, y no tendrá ningún recuerdo de su estancia en el instituto – eso me golpeo como agua fría, incluso el padre de Iris lucia realmente alarmado.
-          Ya ni siquiera podemos considerar que tenemos una semana, para el cuarto creciente quedan cinco días – sentenció Greg.
Había planeado una despedida tranquila, maquillar todo este lio como una misión, pero al final todo resulto un caos.

-          La dejaste llorando, eres un estúpido – me regaño Nico.
-          Cierra el pico vale, se que lo que hice fue una desgraciades, ni me lo recuerdes – ladré.
-          Hazme un favor – dijo Nico cambiando radicalmente el tono de su voz – asegúrate de que Alanís esté bien.
-          ¿Por qué?
-          Creo que ya sufrió suficiente por nosotros, merece tener una buena vida humana – dijo él encogiéndose de hombros – ahora mejor te largas de una vez que ya no tenemos tiempo, mientras iré a ver a tu princesa.