primavera

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viernes, 25 de febrero de 2011

Capitulo 3

Beso de graduación

Por un momento me quede en blanco, que se supone que hay que hacer cuando un chico salido de la nada te dice que un carroñero te va a devorar, es más, ¿qué demonios se supone que es un carroñero?

Él suspiro frustrado y contesto a mi pensamiento – pues precisamente eso, un carroñero es un demonio, como rayos se te ocurrió salir esta noche sin tu relicario de protección – gruño, era cierto justo esta noche deje mi relicario en casa, ok, pero yo no hable en voz alta, entonces como supo…

- Leíste mis pensamientos… - murmuré, entonces vi a Joshua tumbado en suelo, estaba inconsciente – tengo que meter a Joshua al auto – masculle acercándome para levantarlo del suelo.
- El va estar bien, el carroñero vino por ti, descuida le borre la memoria no recordara nada solo el accidente.
- Tú le hiciste esto – gruñí furiosa.
- Era eso o que fuera poseído por algún demonio y te asesinara con sus propias manos – dijo ayudándome a cargarlo mientras abría la puerta del piloto y lo metíamos en el auto.
- ¿Ya se fueron? – pregunte al notar que ya no se percibía ruido alguno.
- Poco probable, esos malditos no se dan por vencidos tan fácilmente.

Quería preguntar que a todo esto ¿quién era él?, pero las palabras murieron en mis labios antes de poder decirlas cuando el perro regreso, esta vez con dos acompañantes igual de aterradores que él.

- Entra al auto y no salgas – grito mientras uno de los perros se lanzaba sobre él.

Intente correr hacia la otra puerta pero uno de mis tacones se atoro en la acera haciéndome caer, cuando me di la vuelta para ponerme en pie, ahí estaba él, uno de los perros, a unos cuanto pasos de mi, el terror me paralizo, y el animal acerco su rostro al mío, mientras una niebla lo envolvía todo; de pronto ya no era un bestia infernal, lo que me miraba directo a los ojos era un muchacho, su belleza era abrumadora, cabello rubio con las puntas teñidas de un morado escandaloso, sus facciones eran como las de un súper modelo, nariz recta, labios rosados y carnosos, pero eran sus ojos lo que me causaba terror, eran rojos, como la sangre.

Que ironía justo esta misma noche me dije a mi misma que no habría un beso al final de la velada, porque nada fuera de lo común me podía ocurrir a mí, y tada!!! Aquí estaba yo, siendo presa de un ataque de perros deformes. Y lo que ocurrió a continuación me convenció de que es mejor no hacer conclusiones aceleradas.

- Eres bonita – murmuro el chico, sus labios alarmantemente cerca de los míos – es una lástima que hoy tengas que morir – cerro la pequeña distancia que separa nuestros labios y me beso... o eso creí, en realidad no me estaba besando, el estaba absorbiendo mi energía, se estaba robando mi alma.

Un rayo de luz impacto sobre el muchacho separándolo de mi, pero ya no tenía fuerzas para moverme, estaba aterrada, cada vez me costaba más trabajo respirar y sentía cada parte de mi cuerpo adormecida.

- Vete a la mierda Francisco, la chica es mía, no interfieras – grito el chico de cabello oscuro.
- Disculpa Nick, pero llegaste demasiado tarde, ahora mi trabajo está hecho – contesto el rubio desapareciendo detrás de una espesa bruma.
- Nicholas estas bien?... me lleva el carajo que paso? – frente a mi apareció otra desconocida, era alta y delgada, cabello corto lacio, y ojos color miel, como los de un gato, iba vestida como toda una rockera.

El chico ignoro a la mujer y se agacho para sostenerme entre sus brazos – se muere – murmuro acariciando mi cabello – tenemos que llevarla al instituto.

- No creo que resista hasta que lleguemos, dios es un milagro que aun este consiente... Nick espera, que rayos crees que haces?... detente!!!

El mundo a mi alrededor dejo de existir, no podía dejar de mirar dentro de esos hermosos ojos oscuros, de pronto todo lo que podía sentir era el cálido toque de sus manos en mis brazos desnudos, lo único que podía escuchar era la suave respiración y el aleteo frenético de los latidos de su corazón. Acerco su rostro al mío y me beso... si no estuviera al borde de la muerte la situación me parecería de lo más irónica, en una sola noche fui besada por dos chicos desconocidos y ninguno de ellos era mi cita del baile de graduación.

El delicado contacto de sus labios sobre los míos me tomo por sorpresa, él profundizo el beso incitándome a recibir gustosa el sabor de su lengua en mi boca, de pronto un calor invadió mi pecho, era como si una tibia manta me cobijara protectoramente. Mis fuerzas volvieron poco a poco, y no pude resistir el impulso de envolver mis brazos al rededor de su cuello, en respuesta el me beso más rápida y profundamente, entonces... y patéticamente me desmaye.

Los primeros rayos de sol filtrándose por mi ventana me hicieron despertar, me enderece despacio solo para notar un dolor horrible en mi espalda, de inmediato mis manos volaron para palparme, tres enormes heridas en mi espalda que iban desde mi omoplato derecho hasta mi cintura. Los recuerdos de la noche anterior me llegaron como un balde de agua fría, ¿cómo era posible?, si eso en realidad había pasado ¿cómo es que yo estaba en mi habitación?

- Te trajimos después de que desmayaste, eres una verdadera molestia, cuando te dije que te escondieras en el auto era para evitar todo este lio – casi caigo de la cama al escuchar esa voz, era el chico de cabello oscuro sentado en mi buro justo al lado de mi cama... infiernos y yo solo tenía puesta una vieja playera de algodón y mi ropa interior.

Jale las mantas intentando taparme, pero un vistazo a su expresión me dijo que tenía caso, ya me había visto.

- ¿Qué haces en mi casa?, estoy durmiendo, eso es, es un sueño – murmure recostándome, una punzada en mi espalda me hizo aceptar que no era sueño.
- Rayos Nick, dale un tiempo para asimilar todo, además no sabes que es de mala educación entrar al cuarto de un chica sin permiso- le regaño la rockera entrando a mi cuarto acompañada por tía Lety.
- Alguien podría explicarme que está pasando aquí – solté casi al borde de un ataque de nervios.
- Deja que yo le explique Sorata, además aun tengo que hacer la curación de las heridas – dijo una chica delgada, cabello rubio, y ojos azules, saliendo de mi baño con el botiquín de primeros auxilios.
- Ok, primero dejen que los presente, la pobre de Iris está demasiado confundida – pidió tía Lety – mientras la rubia hacia un puchero en protesta porque lo la dejaban hablar.
- Ella es Sorata – dijo señalando a la Rockera – es la maestra en el Instituto de Artes de San Claudio y también es la mentora de Nick y una amiga mía desde hace muchos años, la chica inquieta de aquí –dijo despeinando a la rubia – es Selene es alumna del instituto – la chica sonrió y se sentó en borde mi cama – y este mal humorado de aquí es mi sobrino Nicholas.
- Ok... mmmm... y que tiene que ver un instituto de artes con lo de anoche... mierda santa y Josh – dije recordando a mi amigo intente ponerme en pie, pero estaba mareada y por poco caigo.

Con el más leve movimiento Nicholas se puso de pie y me sostuvo por la cintura evitando mi caída, pero con ese movimiento mi playera se me subió hasta el ombligo, dejando expuesta mis nada sexys, bóxer de algodón. El me recorrió con su mirada sin soltarme y sonrió de forma burlona.

- Nick mejor que te salgas Selene tiene que curar a Iris – le ordeno tía.
- Ok... como sea... no tienes nada que no haya visto ya... y debo agregar lo que dejas a la vista no es mucho – eso ultimo lo murmuro en mi oído.

Me solté de su agarre y me senté en la cama, incapaz de articular palabra alguna, nada de lo que estaba pasando tenía sentido.

- Idiota, ya la asustaste – grito Selene empujándolo fuera del cuarto y cerrando la puerta en sus narices.
- Recuéstate boca abajo, tengo que limpiar tus heridas... anda confía en mí, mientras tanto te iré explicando todo este lio – dijo sonriente, era extraño, ella me hacía sentir a salvo.
- Ok... entonces la pregunta del millón, ¿por qué querían matarme esos perros? – dije mientras me recostaba.
- Vas directo al punto y sin rodeos, eso es bueno- dijo la rockera.
- No es fácil de explicar – dijo tía.
- Si lo es- replico Selene – esos carroñeros te perseguía porque eres mitad ángel – temblé, en parte por el ardor que causaba el agua oxigenada en mis heridas y en parte por lo extraño e incoherente que resultaba esa explicación.
- No te va a creer tan fácilmente – grito Nick, del otro lado de la puerta – nena basta con que mires la marca en tu cuello.
- Nick, que te largues – le grito Sorata.
- Listo, en un par de días no te quedara ni una sola cicatriz, estas sanando muy rápido gracias a la transferencia de alma – dijo Selene.
- Yo... estaba muriendo... luego... el...
- Lamento la decepción muñeca, no fue un beso, solo estaba salvando tu vida, no me gusta fallar en mis misiones – grito Nick.
- Nicholas sabía que no teníamos tiempo de llevarte al instituto, así que tomo la decisión de transferirte un poco de su alma, gracias a eso estas con vida – explico tía.
- El instituto es nuestro hogar, ahí nos entrenan hasta que pasamos por el cambio y nos convertimos en ángeles por completo – dijo Selene dándome una playera limpia y unos jeans.
- Obsérvalo por ti misma – dijo Sorata tomo mi espejo y se coloco detrás de mi – recoge tu cabello y mira.

Así lo hice, y me quede sin aliento cuando lo distinguí, un tatuaje en forma de lirio, su precioso contorno plateado brillaba cada vez que los rayos del sol lo tocaban.

- Eres especial Iris, tu padre es un arcángel, por eso enviaron a esos carroñeros por ti, ya no estás a salvo aquí – dijo tía.
- Y a dónde se supone que voy a ir – masculle.
- Con nosotros, el instituto también es tu hogar, tienes derecho a estar ahí desde que naciste, ahora que tu ángel interior está despertando es el único lugar seguro para ti – dijo Selene.

Soy Iris Romero, hija de un arcángel, mitad humana, mitad ángel y ahora de la nada aparecía ante la posibilidad de ir a estudiar a un instituto de artes, que en realidad es un campo de entrenamiento para mitad ángeles. Supongo que no puedo quejarme, al menos iré a la universidad... creo.