primavera

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domingo, 2 de enero de 2011

Capitulo 11

Franco

Karla sabe cómo hacerme perder la concentración, sus besos me vuelven loco, pero no puedo permitirme distracciones, no ahora que todas las personas a las que amo están en peligro, en especial ella. Por eso fui yo quien rompió ese beso, antes de que se convirtiera en algo más, rayos, en otras circunstancia me lo abría permitido y eso me aterraba, amar tanto y tan de pronto a alguien que jamás imaginé.

- Te ves ansioso hermano, ¿Todo en orden? – pregunto Martín asomándose por la puerta de la cafetería.

- Hombre me asustaste, no te escuche venir – admití, mientras me dirigía al refrigerador para sacar una caja de leche, luego fue a la lacena y saque un paquete de galletas con chispas de chocolate, las favoritas de Karla.

- Estas perdido amigo, ya domesticaron al gran gato solitario – se burlo sentándose sobre la mesa junto a mí.

- Mira quién habla, no eras tú el eterno lobo soltero, y mírate ahora pronto serás papá- conteste.

- Ok, con eso me acabaste, pero no me arrepiento de nada... oye solo vine a avisarte que mis chicos están reforzando la seguridad de tu manada, no hay noticias de Vlad, la noche está demasiado tranquilo y eso me aterra – confeso.

- Lo sé, a mí también, primero trata de quitarme a Karla, luego va a casa y por poco mata a mi padre al intentar llevarse a mamá, ese tipo perdió la razón, creo que la sed de venganza lo está llevando al límite.

- Eso puede ser algo bueno para nosotros, si no planea con cuidado sus movimientos, si solo esta cegado por su venganza no nos vera venir, mañana mismo empezaremos a buscar su guarida, esta vez tenemos que terminar con esto – dijo arrebatándome un paquete galletas y metiéndose un montón en la boca.

- Oye eso es mío – replique.

- Era – dijo con la boca llena de galletas.

- Está bien, en la alacena hay más – dije poniéndome de pie para tomar otro paquete.

- Descansa con tu chica esta noche, algo me dice que mañana es el día definitivo – dijo en tono serio.

- Lo sé, gracias por apoyarme con esto hermano.

- No hay de que, me voy a la cama también, solo vine por helado de coco, los antojos de Lizzet gracias al cielo no son tan alocados – dijo sonriendo.

- Que descanses, dije saliendo de la cafetería a paso normal, me tome mi tiempo para llegar a la recamara, sabía que Karla estaba tomando una ducha, y no quería tentar a la suerte estando tan cerca de ella cuando está en tan poca ropa. Cuando por fin llegue toque la puerta antes de entrar.

- Adelante – contesto la melodiosa voz de Karla, dios me preguntaba cómo pude vivir tanto tiempo sin escuchar esa voz que ahora significaba todo para mí.

- Espero te gusten la leche y galletas para cenar, porque fue lo único que encontré en la cocina a estas horas – dije mientras entraba.

- Es perfecto no te preocupes – Karla lucia preciosa con su rubio cabello aun mojado por la ducha, y una linda pijama color amarilla de estampado de pollitos por todos lados.

- Hey, donde fue la explosión de pollos- bromee, mientras servía en un par de vasos la leche.

- No te burles, ya sé que esta pijama es todo menos sexy – replico metiéndose bajo las mantas y haciendo un puchero, no pude evitar sonreír ante ese gesto tan infantil de su parte.

- No importa cómo te vistas, podrías traer puesta una botarga de pollo y aun serias el pollo más sexy de la historia – dije sentándome a su lado y acunando sus rostros en mis manos.

- Creo que te amo... – dijo sonrojándose y apartando la mirada – no sé como paso, pero realmente te amo – esas palabras taladraron en mi cerebro como ninguna otra, no podía ser más feliz.

- ¿Y qué tiene de malo eso? – dije obligándola a mirarme – yo también te amo, eres el centro de mi existencia ahora, y sé que eso sonó muy cursi, pero te amo – dije cerrando los pocos centímetros que separaban nuestras bocas, el beso fue ardiente pensé que el pecho me explotaría porque mi corazón latía desbocado por la descarga de emociones.

- ¿Eres un lindo gatito? - Susurro en mi oído, eso me volvió loco, quería besarla, desnudarla y hacerla mía en ese instante, pero me obligue a mi mismo para tranquilizarme.

- Soy un gato negro, podrías considerarme de la mala suerte – dije siguiéndole el juego, ella sonrió.

- Mejor cenamos antes de que amanezca – dijo poniéndose de pie e invitándome a sentarme en el pequeño comedorcito de su cuarto.

Platicamos durante un buen rato después de la cena, luego nos perdimos en besos y caricias, que incluyeron manos perdidas de uno en el otro, pero no paso nada más, nos quedamos dormidos enredados en un abrazo bajo las suaves sabanas de su cama. Así quería que transcurriera toda mi vida, al lado de esta maravillosa mujer, y me iba asegurar de que así fuera, por nada del mundo permitiría que me quitaran la preciosa sensación de su acompasada respiración arrullándome en la noche, ni el dulce sabor de sus besos, o la delicada fragancia de su piel, ella era mi compañera y por ella valía la pena luchar hasta el final.



Karla

Lo último que recuerdo es estar dormida entre los brazos de Franco, luego todo se volvió oscuro y yo estaba de pie, descalza en mi patética pijama de pollos frente a Vladimir, el sonreía con la victoria grabada en su rostro, como si se hubiera ganado al lotería o algo así, yo no sabía cómo rayos había llegado hasta ese polvoriento y oscuro lugar.


- Eso es porque no estás aquí, oh primor te falta tanto por aprender – hablo el impuro, yo retrocedí un paso, no sabía qué hacer.

- Es un sueño... – tartamudeé – estas en mis sueños – no sabía que mas decir.

- Así es princesa, tengo algo que te pertenece justo ahí - dijo apuntando hacia el rincón más oscuro de la habitación.

Había una silla, y en ella un sujeto se encontraba amarrado y amordazado, su cara estaba llena de moretones y su ropa rasgada y llena de sangre, su cuello tenía una herida que aun derramaba un poco de sangre, el extraño giro al escuchar la voz de Vladimir, y mi corazón casi sale de mi pecho al mirar al chico en la silla.


- Alphonse... – chille – eres un demente, déjalo ir, el no tiene nada que ver – grite.

- Este insignificante humano no podría importarme menos, es tuyo, si te atreves a venir por él... sola – siseo la última palabra con tanta maldad que un escalofrió recorrió mi cuerpo.

- Prometes dejarlo con vida, dejarlo escapar y borrarle la memoria – el sonrió mostrando sus amenazantes y filosos colmillos – promételo – exigí.

- Soy un impuro, de nada valen mis promesas – dijo rasgando con su uña el antebrazo de mi amigo, quien se retorció por el dolor.

- Basta... iré... voy a ir... solo dime como llegar – dije resignada.

- La vieja iglesia abandonada, cerca del bosque, son las cuatro de la madrugada te quiero aquí antes de las cuatro y media, sin lobos, ni gatos, ni cazadores, o el muere.


Desperté bañada en sudor, Franco dormía tranquilamente, su brazo alrededor de mi cintura me mantenía presa, como iba a escapar a mitad de la noche de la academia Santa Teresa para salvar a Al.


- ¿Qué pasa cielo? – pregunto Franco aun medio dormido acercándome aun mas a su cuerpo.

- Baño, cosa de chicas – murmure, el quito su brazo.

- Adelante – dijo besando la coronilla de mi cabeza.

- Vuelve a dormir, no tardo – dije besando su mejilla, pero el ya estaba dormido de nuevo, esta era mi oportunidad, ahora o nunca.

Saque lo primero que encontré en mi armario y fui al gimnasio, tome un par de estacas y las fije en mi pantalón, había también un pequeño cuchillo de plata, lo tome esperando fuera de utilidad, durante el entrenamiento de esta tarde, leí un poco la mente de Franco y al menos en teoría comprendía como matar a un impuro, aunque dudaba que tuviera la fuerza o agilidad para tenerlo quieto y estacarlo, o aun mas difícil seria decapitarlo. Escuche unos pasos y me gire para encontrar a una chica de baja estatura frente a mí, la recordaba de la noche anterior, Dakota, así le había llamado el chico de ojos miel.


- No es buena idea estar fuera de la cama a estas horas – dijo con su voz niña, y con sus astutos ojos verde esmeralda estudiándome en la oscuridad.

- Perdóname, pero no es asunto tuyo – dije caminado hacia la puerta, pero ella me detuvo, para ser una chiquilla tenía bastante fuerza.

- Tengo 17 no soy una niña – dijo sonriente mostrándome sus colmillos – no puedes ir con migo, si lo haces van a matar mi amigo – no podía con esto sola, pero no tenia opción.

- Siempre hay opción – contesto leyendo mis pensamientos – el dijo no vampiros, no lobos, no gatos y no cazadores, soy mitad vampiro y mitad humano, y te aseguro que no soy cazador, pero por lo menos tengo la fuerza y habilidad suficiente para protegerte – dijo soltando mi brazo.

- Podrías morir si vas con migo.

- Tu también y al parecer eso no te importa – dijo en tono serio – voy contigo Karla, déjame ayudarte.

No pude negarme, ella tomo el control de la situación de un modo muy tranquilo, la guardia nocturna estaba formado por al menos una docena de chicos vestidos de negro. Dakota me llevo hasta el estacionamiento y me hizo subir en el asiento trasero de una jeep negra.

- Tapate con eso – dijo arrojándome una manta – yo puedo salir cuando quiera, si no te ven es mejor.

- Ok.

Discutió un poco con el tipo de la entrada, se llamaba Kio y alegaba que su amigo Edmond, (según se entendía ese tal Ed era novio de Dakota), no había dejado ordenes de dejarla salir, pero Dakota lo convenció diciendo que iría a la mansión de los padres de Franco a reforzar la seguridad por ordenes de Emma.

- Chaparra más te vale que estés diciendo la verdad – dijo el chico.

- Vamos Kio, no soy una loca suicida, solo voy con Edmon a la mansión – increíblemente el tipo se trago el cuento y en menos de cinco minutos ya íbamos rumbo a la iglesia.

- ¿Cuál es el plan? – pregunte acomodándome en el asiento del copiloto.

- Aun no tengo uno, pero creo que básicamente es rogar porque el este solo, porque tú y yo solas no podremos hacer mucho.

- Eso es optimismo – murmure.

- Ok, déjame pensar- dijo rascando su ceja con nerviosismo – ya se, tomo el teléfono comenzó a marcar.

- ¿Qué haces? – pregunte aterrada.

- No soy el único hibrido en la ciudad, conozco chicos que son más fuertes que yo, tal vez has escuchado de ellos por parte de tu hermana Lizzet, son depredadores, y siempre están dispuestos a ayudar, si hay impuros hay comida para ellos – mi estomago se retorció con la idea de que alguna criatura fuera capaz de alimentarse de eso.

- Esa es mi última opción, descuida son buenos chicos, estaremos a salvo con ellos – dijo dándome una botella de color verduzco.

- ¿Qué pasa si se dan cuenta en la academia?, si nos vienen a buscar, quedarían expuestos – dije preocupada.

- Eso no va a pasar te lo aseguro, esa botella tiene acido, es muy efectivo, lánzalo en sus rostro y lo dejaras ciego al menos por unos tres minutos.

Aferre la botella entre mis manos mientras el auto aparcaba aun a varios metros de la iglesia.

- Hasta aquí llego yo, los refuerzos no tardan, iré detrás de ti, pero si vamos en el auto él se daría cuenta, estoy contigo Karla no lo olvides.