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lunes, 22 de noviembre de 2010

Capitulo 9

Franco

Maneje la camioneta con mi sobrino Bryan como copiloto, abandonamos la ciudad para internarnos en el espeso bosque de encino, y ahí oculta entre los árboles se encontraba el que durante muchos años considere mi hogar. La mansión de las panteras es un imponente edifico de piedra, que alberga a casi 100 miembros de la manada; mi familia. Basto con que las enormes puertas de hierro se abrieran de par en par, para que cada pensamiento de alarma y preocupación por el ataque de la pasada noche bombardearan mi mente.

- ¿Qué tan malo fue?- me atrevía preguntar.

- No logramos explicarnos como llegaron tan lejos, pasaron por nuestras mejores defensas, y trataron de llevarse a la abuela – dijo con nerviosismo, pobre chico apenas hace un par de lunas paso por su cambio, imagino el terror que debió pasar por ese ataque.

- Ese maldito de Vladimir, no entiendo lo que intenta hacer – masculle tragando mi ira, no era tiempo de enojarse, debía concentrarme en proteger a mi gente y no en venganza.


Estacione la caminote cerca del Jardín principal, y subimos las escaleras que llevan a la entrada principal de la casa, siempre custodiadas por un par de estatuas de pantera, y a l lado de cada una de ellas mis hermanos mayores Ernesto y Darío me esperaban para darme la bienvenida.

- Hijo tienes talento para convencer a los gatos necios de regresar a casa – felicito Ernesto a su hijo.

- Basto con saber la noticia para que corriera hasta aquí, ustedes son mi familia – replique en respuesta a su comentario.

- Tranquilo hermanito, fue solo una broma, bienvenido a casa gato escurridizo – dijo Carpio dándome un fuerte abrazo.

- Gracias… espero que papá opine lo mismo.

- Bueno entonces que esperas, el viejo esta insoportable, no soporta guardar reposo en su cuarto, pero sus heridas aun no han sanado, se infectaron con sangre de impuro y no lo esta pasando nada bien – contesto Ernesto.


Atravesamos un montón de largos pasillos hasta la recamara, Rafael Paz el líder de la manada, descansaba en su cama, fue impactante verlo así, con sus heridas aun vendadas y un suero en el brazo izquierdo. Mi madre siempre fiel, a su lado, apenas se percato de mi presencia corrió a abrazarme mientras sollozaba.

- Gracias a dios estas a salvo, ese mounstro dijo que te había herido – dijo tratando de contener sus lagrimas.

- Estoy bien mamá, lamento esto, fue culpa mía, eran demasiados y nosotros no pudimos darles batalla – me disculpe.

- Lo importante es que estas aquí, y creo que debo dejarlos solos para que hablen – se dirigió a papá quien ya había despertado.

No eran necesarias las palabras entre dos alphas, bastaba con una mirada a esos sabios ojos que me vieron crecer para saber que había perdón y compresión, después de todo el me enseño a ser todo lo que soy, un hombre, y una pantera, ese magnifico líder, capaz de dar su vida por sus seres queridos, era mi padre. No había reclamos ni rencores, el era mi padre, y por fin comprendí que debía dejar de culparme por la muerte de Cecilia.

- Bienvenido a casa, sabía que tarde o temprano volverías – dijo sonriente.

- Es imposible que los abandonara son mi familia – conteste.

- Lo se, pero me preocupaste mucho, aunque en el fondo sabía que solo necesitabas tiempo para sanar tu corazón, y según se incluso ya late por una dama en especial –

- Supongo que Adi te conto… bueno es algo especial y me tomo por sorpresa, porque ella es humana – confesé.

- Lo se, y eso no fue ningún impedimento para que tu madre y yo estemos juntos – y era verdad mi madre aun era humana, por ese motivo no quería que Karla pensara que solo transformándose podría ser mi compañera, ese era un punto que aun tenia que aclarar.

- Somos tu familia, sea cual sea tu decisión la respetamos, durante casi 100 años he sido el líder de esta manada, pero me temo que mi fuerza esta menguando, no puedo hacer esto solo, es hora de salir a cazar impuros hijo –

- Me temo que tu te quedaras en esa cama un buen rato, déjame el resto a mi –

- Lo se, y confió en ti – dicho eso salí a arreglar los pendientes en casa.

Tenía menos de doce horas para organizar a mi gente y volver con Karla, en cuanto la noche cayera cualquier lugar podría convertirse en el campo de batalla.

- Todo ira bien, respira hondo y cálmate, ya veras que organizar a esos felinos no es tan difícil – bromeo Adalin.

Me tomo por sorpresa en la biblioteca, estaba tratando de ubicar la guarida de los impuros en el mapa de la ciudad.

- Aun molesta porque no te elegí como compañera? – pregunte.
- No, ya no más, Bryan volvió de Canadá y es muy gracioso, por una extraña coincidencia el resulto ser mi compañero – esa era la primera vez que la veía sonreír desde que su hermana falleció.

- Me alegro por ti, Bryan es un gran chico, y sabes no vendría mal un poco de ayuda justo ahora, que dices chica salvaje – si por algo se distingue Adi es por su mente fría y calculadora, astuta como ninguna otra, siempre eficiente, y todo eso aun sin pasar por el cambio, pobre de mi sobrino vaya chica que le toco.