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lunes, 5 de enero de 2015

Capitulo 2


Mudanza

Diana llego ese mismo día por la noche, no llego sola, llego con su novio Roger, y ambos sonaban bastante ebrios. Diana se había asomado a la habitación de Sam, y entró rápidamente, sentándose al borde la cama, le acarició el cabello y deposito un rápido beso en su frente, antes de salir, de nuevo y cerrar la puerta.

Diana era una buena amiga, a pesar de ser bastante fiestera, y tener un novio bastante… peculiar… bueno la verdad Roger no era un buen tipo, pero Diana le quería, así que no había mucho que Sam pudiera reclamar. En especial porque la dueña del departamento era Diana, y Sam apenas si pagaba una muy barata renta, a cambio vivía ahí, hacía la limpieza del lugar y preparaba las comidas. Sin embargo Roger, ese chico hacía que Diana se saltara las clases, que llegara tomada a casa, e incluso pasaba la noche con él. Sam no podía decir nada al respecto, ambas respetaban su espacio personal. Además Diana era mayor que Sam por un año, así que sacar a flote el tema de Roger como mala influencia tampoco era una opción.

El domingo a las ocho de la mañana cuando su teléfono sonó, contesto un poco adormilada, Rafael llamaba para avisarle que tendrían que trabajar en el álbum familiar todo el día para tenerlo listo y mandarlo a la imprenta a primera hora el lunes.  Así que se levanto se dio una ducha rápida, y el dolor del agua caliente sobre las heridas la hizo despertar por completo, también la hizo soltar unas cuantas lágrimas, pero bueno la vida es así.

Salió de la ducha, vestida con unos jeans azul claro, y una camiseta blanca bastante transparentosa - lo suficiente al menos como para que su sujetador blanco fuera fácilmente visible - y el pelo aun mojado sobre sus hombros. Se congelo cuando llego a su cocina y vio a un chico cargando cajas hacía el interior de una de las recamaras vacías. Mudanza, alguien se mudaba. Porque el departamento tenía cuatro dormitorios y dos de ellos aún estaban vacios, pero Diana no le había dicho nada.

-          Buenos días cariño, yo … - dijo el chico luciendo un poco desorientado – sólo he venido a dejar la mudanza – dijo antes de salir disparado al dormitorio sin decir una palabra más.

Sam estaba avergonzada, corrió a su cuarto asustada, tenía que vestirse con algo más decente si no quería hacer un espectáculo de ella misma. Ya se había acostumbrado a vivir con Diana, sus hermanos rara vez la visitaban y ahora el chico de las mudanzas le había visto el sujetador por debajo su delgada playera. Después de secarse el pelo, fue a la cocina por el desayuno, no había rastro del chico de la mudanza y las puertas estaban cerradas, había una nota en el refrigerador: “Diana traje las cosas del nene, él llegará más tarde, más te vale portarte bien. Atte. Tu primo Jerian”.

Bueno al menos el espectáculo del sujetador se quedaría como un secreto de familia, pensó. La familia de Diana no era de esas que andan divulgando la vida de los demás, o al menos eso esperaba.
Tan pronto como llego al estudio se olvido del incidente de la mudanza, había café, sándwiches y rosquillas glaseadas.
-          
        Bueno chicos se que les estoy tomando un fin de semana completo, por eso es que el desayuno corre por mi cuenta – dijo estela.
-          Aunque me ha mandado a mí a hacer las compras – se quejo Rafa.
Le gustaba eso, se sentía como en casa, tomaron el desayuno platicando de cosas sin importancia, hasta que finalmente Rafa saco el tema del accidente con la lámpara.
-          ¿Cómo está tu brazo? – pregunto Rafa, moviéndose cerca de Sam y levantando la manga de su suéter.
-          Esta mejor – contesto Sam, nerviosa por el acercamiento del chico, esta mañana se había hecho la curación ella misma, ya no llevaba la venda solo unas pequeñas gasas sobre las heridas que eran más profundas.
-          Terminando esto te llevaré al centro médico para que le den una revisada – sonrió Rafa, acomodando con cuidado la manga del suéter en su lugar.
-          Ah que hermosa escena – se burlo Estela – par de tortolitos apuren, que el trabajo es para mañana – les regaño, y por un momento a Sam le pareció ver un leve sonrojo en las mejillas de Rafa.

Aún así y pese a todos los pronósticos terminaron temprano, y fiel a su palabra Rafa llevo a Sam al centro médico, dónde después una breve revisión el doctor le dijo que todo estaba en orden y siguiera con el tratamiento médico que el padre de Alex le había señalado.
-          Así que…  ¿quieres cenar algo? – pregunto Rafa, tomando su bolsa y colgándosela al hombro – porque cerca de aquí hay un sitio donde venden la pizza más deliciosa que haya existido – insistió.
-          Pues la verdad que me gustaría negarme, pero me muero de hambre – bromeo Sam.
-          Ey eres toda una listilla – sonrió Rafa dándole un ligero empujón con sus hombros.
-          Tu pagas – chillo Sam antes de salir disparada corriendo, le gustaba eso, lo hacían a menudo, el que llegara primero al local se libraba de pagar la cena. Y por lo regular y como buen caballero Rafa siempre dejaba que las chicas ganaran y pagaba él la cena.

Se había quedado sin aliento cuando cruzo la puerta de la pizzería, una chica vestida de pantalones negro y una blusa  amarilla, le pregunto el tipo de mesa que requería, pidió una mesa para dos personas cerca de la ventana y le dieron un par de menús.
-          Corres como el infierno – dijo Rafa llegando unos minutos después - pero me temo que tendremos que cambiar la mesa, traigo compañía - dijo señalando al chico rubio que estaba mirando totalmente distraído un anunció de cartón en la entrada, el chico rubio era Alex.

Sin decir una palabra se movieron de mesa, tomaron una de las centrales con cuatro sillas, Alex se sentó junto a Rafa, sin siquiera mirar a Sam, ahora traía entre sus manos un menú y lo analizaba como si fuera la cosa más interesante del mundo.
-          Alexander que pasa con tus modales, saluda a la dama – le regaño Rafa.
-          Hola – dijo Alex sin despegar aún la mirada del menú.
-          Ya enserio – gruño Rafa.
-          Vale – dijo Alex a regañadientes, y levanto la vista del menú mirándola a la cara, Sam estaba ahí, se sentía como si tuviera la boca pegada y no pudiera decir nada – Alexander Bernarld un gusto conocerte – dijo el muchacho ofreciendo su mano para un amistoso apretón.
-          Samanta Lara – se presento Sam, omitiendo su segundo apellido y tomando la mano de Alex, quién rápidamente soltó el agarre y miro a Rafa.
-          Hombre tu novia es guapa, espero que no le moleste que haya interrumpido su cita – se disculpo Alex.
-          Si es bastante guapa – dijo Rafa, sin negar el hecho, dejando a Sam sin palabras – pero descuida no se molesta con facilidad, es bastante tolerante conmigo – dijo Rafa dándole un rápido a guiño a Sam, a caso eso significaba que tenía que seguirle el juego de noviecitos.

Por suerte en ese momento apareció el mesero y tomo la orden, dejando a Sam escabullirse al baño mientras los chicos discutían sobre si querían pasta con ajo o con doble ajo. Hombres, son tan absurdos en ocasiones. Esto era una emergencia así que le marco a Daniel.
-          Más te vale que estés a punto de morir porque estaba por ponerme una de mis super caras mascarillas – se quejo Daniel.
-         Daniel recuerdas al muchacho soñador, existe… digo ya sabemos que existe el punto es que esta aquí, en mi mesa cenando con Rafa y conmigo, y Rafa le ha dicho que yo soy su novia.
-          Espera, ¿el chico de la foto apareció frente a ti sin más?, ¿cómo? – chillo Dan, así que Sam tuvo que darle la larga explicación desde la foto familiar del  día anterior y el incidente de la lámpara y lo del retrato.
-          Tu pequeña mentirosa no me dijiste nada de eso ayer, mala, mala mujer perversa omitiendo información como esa, esos detalles lo son todo – le regaño – esto va a ser interesante.
-          Dan no necesito que me digas eso, necesito que me digas que hacer – chilló Sam.
-          Primero cálmate, segundo regresa a cenar llevas más de 10 minutos en el baño para los que te conocemos eso no es normal, comenzarán a sospechar que algo pasa y no quieres un Rafa paranoico, y tercero ve ahí cena, has conversación si es necesario, mira la situación, evalúa tu entorno y decídete a cuál de los dos quieres y el que no quieras me lo regalas – dijo en tono burlón, dejando a Sam boquiabierta de la sorpresa.
-          Menudo consejo el tuyo, no quiero a ninguno de los dos – mintió.
-          Entonces no hagas nada y no me interrumpas cuando hago mis mascarillas – y le colgó.

En los primeros dos puntos Daniel tenía toda la razón, así que se miro en el espejo, hoy no llevaba maquillaje, y había dejado la bolsa en la silla, no había manera de mejorar su aspecto. Eso era todo, no se miraba tan mal - vamos fuera, pensó -  no va a pasar nada.

Y de hecho nada pasó, Alex acaparo la conversación con Rafa, mientras que ella se dedico a comer su cena, tratando de interceptar un poco de información de esos dos. Rafa y Alex eran amigos desde niños, habían crecido juntos, compartían un amplio círculo de amigos, y de hecho al parecer tenían en común varias ex-novias, también fue ahí cuando se entero que Alex al igual que su padre va por el camino de la medicina, y que se fue durante seis meses a hacer voluntariado al extranjero, y algo más que noto Sam es que Alex no la miraba, no podía decir que el chico lo hiciera a propósito, era que solo que parecía tan enfrascado en Rafa que hacía sentir a Sam como una intrusa. La cena concluyo para ella cuando Diana y un grupo de primos y amigos llegaron a la pizzería y decidieron ir a tomar a un club en el centro, ese fue el fin, Sam no dijo nada a Rafa, simplemente se separo del grupo en un cruce de peatones y tomo el bus a casa de Daniel.

No sabía que le deprimía más, el hecho de Rafa se hubiera olvidado de ella por Alex, o el hecho de que Alex, su chico soñador era tan común y corriente como cualquier chico, o el hecho de que incluso Diana la hubiera ignorado mientras socializaba con el resto de sus amigos snob, ahí noto la diferencia, la gente como Diana de familia rica y populares realmente no puede relacionarse con gente como Sam que tenía una beca y no conocía casi a nadie.

Por primera vez en todo su vida se sintió excluida, y odiaba eso, porque honestamente ella no era una chica banal, podía ser feliz estando en casa mirando una película con Dani mientras ambos se atiborraban de palomitas de maíz. Daniel no dijo nada cuando la vio en la puerta, en algún momento mientras caminaba a casa de Dan la lluvia torrencial se había dejado caer y Sam iba como ratoncillo mojado. Así que tan pronto como abrió la puerta la recibió un amigo que le ofreció un baño caliente, un pijama tibia, un sofá con suaves cobijas y una humeante taza de chocolate.

Escucharon música cursi, cantaron un poco, rieron recordando historias viejas y finalmente ella callo dormida en ese sofá, hasta la mañana siguiente.

Daniel tenía un par de mudas de ropa de emergencia para Sam, de hecho Dan nunca había dejado de insistir para que Sam viviera con él, pero su madre había sido concluyente, no iba a vivir con un hombre bajo ninguna circunstancia hasta que se casará, vamos su madre tenía la educación de la vieja escuela de vírgenes hasta el matrimonio o solteronas vírgenes hasta la muerte, lo cual, dicho sea de paso era una arcaica manera de pensar. Daniel estaba súper molesto con la madre de Sam, pero logro convencerla y gracias a eso hacía piyamadas cada cierto tiempo, y por motivos como ese tenía algunas mudas de ropa extra en esa casa.
-         Rafael es un feo hombre, no le contestes los mensajes, y Diana es una mala amiga, tampoco le contestes los mensajes – dijo Daniel mientras ambos tomaban el desayuno temprano antes de la escuela.
-          En realidad no puedes culparlos, muchos de esos muchachos crecieron juntos y llevaban todo un año sin verse, es normal que no encajará ahí – contestó Sam tomando un sorbo de su café.
-          Amor yo ya no quiero que vivas con esa mujer, por lo que me has contado el novio ese es horrible, que tal que un día la emborracha a ella e intenta hacerte algo malo, yo nunca me lo perdonaría, y definitivamente mataría a ese desgraciado con mis propias manos – dijo molesto.
-          Pero mamá …
-          Tu madre ya no paga por tu educación, lo haces tú misma, ya eres mayor de edad, y ella no está para cuidarte, yo si, por favor, piénsalo – me rogo poniendo ojos de cachorro.
-          Tengo que hablarlo con Diana – contesto Sam.
-          Y que pasa con el nene que se muda al departamento de Diana, es obvio que el nene que esta devuelta para vivir ahí es Alex – dijo Dan, eso me hizo escupir mi café – oh vamos amor de verdad no lo habías pensado – me miro ceñudo – vamos debiste sospechar algo – yo negué – tienes mucho que pensar, vamos ve a clases hablaremos por la tarde te buscaré para comer.

Cuando prendí el celular tenía 10 llamadas perdidas, tres eran de Rafa y siete de de Diana, también note que Daniel, se había tomado la molestia de mandarles un mensaje de mi celular diciéndoles que me quedaría a dormir en casa de un amigo, lo cual agradecí ya que yo no pensé en eso, solo arroje mi celular lejos  y no quise volver a mirarlo.

Me porte como una niña, y cuando salí de mi primera clase me encontré con Diana esperándome en la mesa de la biblioteca que usualmente utilizo.
-          Sabes para ser una fotógrafa utilizas con demasiada frecuencia la biblioteca – dijo sonriéndome.
-          Sabes que no solo tomo fotografías hay algunas otras materias que nos dejan asignaciones para leer y redactar ensayos – conteste sentándome, y sacando mi portátil de mi bolsa.
-          Así que también cargaste con la portátil – no era una pregunta – nos asustaste un poco ayer, cuando recibimos tu mensaje, solo entonces nos dimos cuenta que ya no estabas, ese idiota de Rafael, te juro que lo golpearé – dijo furiosa.

-          No pasa nada, de verdad, yo solo note que no encajaba ahí y decidí marcharme, lamento no habértelo dicho, pero me habrías insistido en quedarme y la verdad no me apetecía, trabaje todo el fin de semana, estaba molida y quería dormir – parte era cierto, pero parte no y eso me hizo sentir culpable, solo no quería que ella asumiera que no me afectaba en algo el hecho de que ellos no hubieran notado mi ausencia hasta que Dan mando ese texto.

-          Yo también fui una idiota – dijo sin mirarme – no te note, estaba tan contenta de reunirme con esos amigos y familiares que no te note, así que enójate conmigo, está bien si lo haces – dijo sonriendo y regresando su mirada a mi rostro – ¿estamos bien ahora?
-          ¿Quién es el nene? – pregunté.
-          Es  Alex, debí decírtelo perdona – dijo jugando distraída mente con el cable del cargador de mi portátil.
-          Creo que tendré que mudarme, mamá… tú la conociste ella no va a aceptar que siga viviendo contigo, no con un chico ahí – ella sonrió.
-          Vamos Alex es un caballero, yo puedo hablar con tu madre no será tan malo – bueno Diana estaba siendo optimista – solo no le digamos a tu madre.
-          Ella tiene un sexto sentido que todas las madres tienen y lo averiguará – me encogí de hombros.
-          Eso o tu amigo gay trata de alejarte de mí – dijo con el seño fruncido.
-          Dan no es tan malo, solo se preocupa por mi – conteste concentrando mi atención a la hoja de texto en blanco que acaba de abrir – vamos largo de aquí, debo terminar un reporte para antes de las cuatro – ella rió bajito.
-          Eres una malcriada – se levanto de su silla, deposito un beso en mi frente y se marcho.
Que vida genial, Sam se sentía culpable, se sentía fuera de si, se sentía inmadura y tonta, vamos tener 20 años no te hace un adulto. Aún así se las ingenio para pasar el resto de la tarde lo más tranquilo posible, incluso comió con Dan sin entrar en conflictos de mudanzas. Todo iba bien, hasta que Rafael apareció de la nada mientras ella esperaba por el autobús que la llevaba a casa.
-          Sabes que no es fácil contactar contigo, ¿por qué no contestas las llamadas? – dijo el chico sonando herido.

A sam casi se le sale el corazón, el estaba en su auto, y le miraba con esos ojos coquetos que tanto le robaban el sueño, sin embargo no iba solo, en el asiento de copiloto iba Alex, vestido aun con su bata blanca con el escudo de la facultad de medicina. Y en el asiento trasero iban  Diana y Roger.
-          Vamos a cenar algo al local de comida china – canturreo Diana – ¿vienes con nosotros?

Sam estuvo tentada a decir que no, pero dos pares de ojos la miraban con insistencia, Diana y Rafa eran un par de condenados necios, así que termino yendo. Fue un poco como estar en medio de dos parejas, era así, ¿cómo era posible que Alex fuera como un pequeño cachorro incapaz de despertarse de Rafa?, eso era algo escalofriante de muchas maneras, bueno Diana y Roger eran novios era obvio que tomaran esa actitud empalagosa.

Sam no veía la hora en que la condenada cena terminara, lo único que alegro su noche fue ser capaz de tomar un par de fotos a la fuente del restaurant y poder tomarse una foto con uno de los meseros de ojos rasgados que era realmente lindo, y en ambos momentos ninguno de sus acompañantes noto su ausencia en la mesa, ella se sentía bastante segura de que sobraba allí.

Finalmente Rafa los llevo a casa, a los cuatro, Alex se quedo en el auto platicando un rato más con Rafa. Roger y Diana entraron corriendo al dormitorio entre besos y risas un poco ebrias, Sam corrió a su habitación, puso el seguro se embutió en su pijama, se puso los audífonos, My chemical romance a todo volumen, mientras comenzaba a trabajar en un proyecto de diseño integral para un galería de fotos inspiradas en temáticas de colores, aromas y texturas. Era una materia en la cual los entrenaban por si en algún momento incursionaban en el mundo de los curadores de galerías y esas cosas.

Había tomado bastante agua durante la cena y después de un par de horas sintió la necesidad de ir al baño, las luces estaban apagadas porque ya eran cerca de las dos de la mañana, no se molesto en prenderlas, paso de largo por la sala y entro al baño, aprovecho a lavarse los dientes de una vez y cuando hacía su camino de regreso a la habitación alguien prendió las luces. Era un chico, en bóxer y solo eso, y no era cualquier chico, era Alexander que con ojos soñolientos paso a su lado sin mirarla y se encerró en el baño. Sam no pudo evitar soltar una risita tonta, ahora estaba cada vez más segura, Alex era gay, o ella simplemente era fea. Opto por una tercera opción, ella era irrelevante.

La siguiente mañana se sentía toda adormilada y media zombi, pero tenía que ir al centro médico a que le quitaran los puntos, el doctor dijo que estaría bien y que tomara el tratamiento solo un par de días de más, quitando los analgésicos de la prescripción. Tenía un hambre brutal, pero no tendría clase hasta pasado el medio día. Pasó por un desayuno para llevar y se dirigió al estudio de fotografía, esta mañana tenía una sesión para una boda, y tomarían fotos en un parquecito hermoso lleno de flores y arboles, era una mancha de verde en la ciudad, eso lo hacía mágico y especial.

Estela había llegado temprano junto con sus ayudantes a poner el equipo, y finalmente por primera vez en sus 20 años de vida, tenía su primera sesión de fotos donde ella sería que daba todo, el concepto, las especificaciones de iluminación y las sugerencias a la pareja para la toma de fotos. Era su primera sesión oficial, ella había planeado todo con la pareja la semana pasada, estaba emocionada, el pago de ese trabajo iría 50 a 50, y vamos que ella no lo hacía solo por el pago, la emoción del trabajo duro, y su primer trabajo, suyo sin ayuda de su mentora, ella sola.

-          ¿Qué tal el brazo? – pregunto Estela cuando el sol comenzó a sentirse sofocante y Sam se saco la sudadera dejando ver algunas banditas en donde los puntos habían sido retirados.
-          Quedará cicatriz – dijo Sam chequeando las cámaras.
-          Sabes que eso se puede arreglar, quieres una cita con mi dermatólogo – ofreció Estela.
-          Eso es muy caro para mí – contesto Sam ya distraída en los bosquejos.
-          Será mi regalo de cumpleaños para ti – sonrió Estela. Así que eso era, ni siquiera lo había recordado hoy era su cumpleaños, 21 al fin.
-          No se te olvida tu cabeza porque la traes pegada al cuello – bromeo Estela, mientras los chicos de apoyo llegaban con pastel, velitas y sombreritos de esos patéticos en forma de cono, pero Sam no podía ser más feliz.
Incluso la pareja de la sesión de fotos se unió a la pequeña fiesta, luego de la mini-celebración terminaron la sesión de fotos a buen tiempo, recogieron el equipo y Estela le dio un aventón a la universidad.

Las clases eran una cosa agradable, la mantenían ocupada y feliz. Daniel le mando un mensaje de texto citándola saliendo de la universidad en su casa para un fiesta salvaje, aunque seguramente sería ellos dos solos mirando alguna película y cenando comida poco saludable, aún así la idea le encantaba. Después un mensaje más de Rafa deseándole feliz cumpleaños, era un chico amable y educado, se dijo Sam, no planeaba albergar esperanza alguna en ese amor unilateral. Y finalmente una llamada escandalosa de Diana cantándole la canción de cumpleaños entre berridos e hipos. Aun no eran las seis de la tarde y Diana ya estaba ebria, eso dejo un alfiler de preocupación el cajoncito de su corazón, pero no podía hacer nada.

Lo que no esperaba paso, cuando llego a casa de Daniel las luces estaban apagadas, y de la oscuridad salieron la madre y la tía de Sam acompañadas de un Daniel que estaba al borde de las lágrimas. Su amigo gay era un llorón sentimental.
-          Feliz cumpleaños – dijo su madre sosteniendo su pastel favorito cheescake  de moras, y una velita con un signo de interrogación.
-          El signo de interrogación fue idea mía - dijo su tía dando un fuerte abrazo que fue seguido por el abrazo de Dany y el de su madre.
-          Realmente no pensaste que lo olvidaríamos – dijo Dany.
-          Incluso yo lo había olvidado – sonrió Sam.

Cenaron una saludable combinación de platillos vegetarianos, cortesía de su tía quien era vegetariana desde el inicio de su época hippie, y un poco de carne asada cortesía de su carnívoro amigo, al terminar la cena Daniel durmió en el sofá, la habitación de Dany fue ocupada por Samy su madre y la tía de Sam utilizo la otra recamara vacía. La noche era joven así que madre e hija se pusieron al corriente de sus vidas, hasta que su madre soltó la bomba.
-          Quiero que te mudes con Daniel – dijo en tono serio – Diana es una buena chica, pero no es la clase de chica con la quiero que vivas, prefiero a Daniel.
-          Mamá yo se que tiene problemas con la bebida pero eso no me afecta – contesto Sam.

-          No es solo la bebida, se que su primo vivirá ahí, y vamos que no pienses que vivir lejos me hace estar desinformada, además no fue Daniel quien me dijo, pase al departamento antes de aquí y no me gusto lo que vi, Diana ya estaba tomada, de que sirve que viva con su primo que es mayor si él nunca va estar ahí para tomar responsabilidad de nada. Esa casa es un desorden, no es el tipo de casa en la que te crie y definitivamente no es la clase de casa en la quiero que pases el resto de lo que dure tu educación universitaria – concluyo.

-          Vale – contesto Sam, la cosa era que no podía evitarlo, tenía que hacerlo, no se sentía cómoda con Diana, no desde hace un par de días, no desde que Alexander apareció en el camino.
-          Fue más fácil de lo que pensé, creí que patearías como una malcriada y grosera – bromeo su madre.
-          No me educaste para sea así – concluyo Sam.
-          Cielo, ¿qué está mal? – pregunto su madre.

-          Nada, solo tengo sueño – después de unos minutos de silencio de dejo llevar por el placentero mundo de los sueños.