primavera

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miércoles, 30 de abril de 2014

Capitulo 14 - Last Kiss

Un regalo de madrugada, no me odien pero he tenido meses agotadores en el trabajo. Es cortito pero espero que lo disfruten mucho y no se enojen, ya vienen mejores tiempos para Ángel, no desesperen.




Capítulo 14
Clases de baile
Ángel
Clases de baile, no enserio, clases de baile. En algún momento nos llegó enero y el inicio del nuevo semestre, y con las blancas nevadas llego el primer romance serio de Niel. Carlo le pidió que fuera su novia en año nuevo, e incluso la llevo a cenar a su casa un par de días después. Samanta se presentó en el departamento como la nueva compañera de alquiler, y con eso tuve un montón de trabajo acondicionando el cuarto donde solía guardar cosas inútiles, finalmente el lugar quedo decente como para que Sam pudiera tomarlo como dormitorio. Y yo, bueno yo me inscribí a clases de baile.

Una mañana me levante y me pese en la báscula del baño que Samanta amablemente había traído no sé de donde, y me sentí gorda, nunca pensé que fuera posible engordar siendo un ángel, pero mi cuerpo humano había reaccionado a las cenas de las fiesta decembrinas. Fue entonces que Samanta lo sugirió, clases de baile, en su facultad una maestra estaba dando clases de baile tres veces por semana.

Y así fue que después, a casi menos de una semana para terminar enero yo estaba vestida para un tango, en un salón donde mi evaluador de baile era un jovencito de mirada burlona y enormes ojos azul oscuro.

-          Esto es una broma, ¿por qué esta Carlo en la clase de hoy? – pregunte a Sam.
-          La maestra se fracturo el tobillo, Carlo es su reemplazo – contesto Sam sacándose los audífonos tipo casco y arrastrando a su pareja de baile al centro del salón.

Todas las parejas prepararon tango, extrañamente fue lo que a la instructora original le pareció mejor, Miguel era mi pareja de baile, no sé cómo se las arreglaba para asistir a las sesiones, pero justo ese día no estaba llegando puntual.

-          La última pareja – canturreo Carlo.
-          Mi pareja… parece que él no va a venir – en ese momento un mensaje de texto llego, sabía que era demasiado bueno para ser verdad, seguro Miguel no podía asistir justo hoy.
-          ¿Qué están bailando? – pregunto poniéndose de pie.
-          Por una cabeza- murmuré.
-          ¿Los pasos los puso Berenice? – dijo acercándose a mí.
-          Si ella puso la mayor parte de las rutinas de todos – conteste alejándome instintivamente de él.
-          Me la sé, bailemos y terminemos esto antes de que los buses dejen de circular – dijo rodeando mi cintura con sus manos, ok él podía ser bajito, pero sus manos eran unas buenas manos, de esas manos grandes, ¿qué rayos hacía yo admirando sus manos?
-          O podría evitar mi baile e irnos aún más temprano – dije intentando zafarme, pero no funciono.
-          Música – pidió y alguien en la sala prendió el reproductor de música.
-          No es buena idea, soy la peor de la clase, pregúntale a cualquiera – mi voz sonó inestable.

Otro motivo para tomar esta clase es que coincidía exacto con los días en que Carlo y Niel solían estar en casa totalmente acaramelados, así que las clases de baile me dieron la oportunidad de estar lejos de la tentación de esa mirada y de esa voz que justo ahora murmuraba en mi oído.

-          No seas cobarde.
-          Es verdad es la peor de la clase – grito Sam, gracias por eso, pensé.
-          Patrañas, es porque no tenías a la pareja de baile indicada – dijo de nuevo en mi oído.

No se cómo empezamos, ni cuando termino, pero cuando la música paro y los compañeros aplaudieron salí de trance. No escuche nada, no hice caso de nadie. Solo tome mi mochila con mi ropa y camine hacia la fría noche de invierno.

Estaba helando, y mi piel caliente lo sintió como pinchazos de agujas. Era Francesco, esos movimientos, esa mirada, la sonrisa, los gestos, la forma en que me tocaba. Todo me recordaba a Fran, y yo era una loca, porque ese niño solo era Carlo, el novio de la chica a la cual yo debía proteger. Pero esos recuerdos de las tardes con Fran enseñándome a bailar justo esa canción, fueron en aquellos años en que vivimos en Francia, me convenció y termine aprendiendo, y hoy fue un flashback, fueron los 2 minutos 23 segundos más traumáticos  de toda mi existencia. Pare en la acera de la biblioteca de la facultad de arte y música. No podía dejar de temblar, no podía dejar de llorar.

-          No es Francesco, no es Francesco, no es Francesco – comencé a balbucear mientras mis dientes castañeaban, mi maleta yacía en el piso, con ropa abrigadora que no alcance a ponerme y mi abrigo aún estaba en la sala de ensayos donde tomábamos la clase, pero yo no quería volver allí.
-          Dios santo, ¿quieres morir de hipotermia? – grito una voz, salte lejos de las manos que ofrecían mi abrigo, era Carlo – tranquila, no voy a comerte, solo ponte esto, por amor de dios vamos te acompaño a los vestuarios pero ponte algo más, ese vestido tiene un escote mortal en la espalda, Niel me matara si te enfermas de neumonía.
-          Déjalo, estoy bien – mis dientes castañeaban.
-          Te llevaré a casa – dijo sacando su celular y mandando un mensaje de texto, alguien se encargara de acomodar el salón, vamos te llevo.

Estuve tentanda a decir que no, pero hacía un frio congelante y ciertamente no quería preocupar a Niel. No podía darme el lujo de tener una crisis así, tenía que estar fuerte por Niel.

No hablamos durante casi la mitad del camino, pasamos a un local de comida y entre al baño para cambiarme, la gente me miro como si fuera una atracción de circo pero no me importo, mi corazón dolía, mi alma estaba rota y cada segundo que pasaba con Carlo me hacía sentir culpable. Subí al auto y él ya tenía un par de cafés, me ofreció uno.

-          No sé qué está mal contigo, te encuentro cayendo en escaleras, o gritando al cielo feliz navidad Francesco, o mascullando no es Francesco, ¿Quién es Francesco?  - preguntó, en respuesta me tense.
-          Era una persona importante en mi vida – me limite a contestar.
-          Vale no presionare en eso – contesto molesto.

Cuando llegamos a casa Miguel estaba  ahí, llegue directo a sus brazos, llorando de nuevo, el murmuro disculpas y me cargo en brazos hasta mi habitación, me acurruco en la cama, entre sus brazos, me sentí segura, y llore. Estaba consciente de que Sam, Niel y Carlo habían mirado toda la escena hasta la parte donde Miguel y yo entrabamos al cuarto, pero ya lidiaría con ello después.

Un sueño inquieto me despertó, Francesco cepillaba mis mejillas con el dorso de su mano mientras cantaba un arrullo en italiano. Desperté sentándome de golpe, Miguel solo se removió incomodo en la cama y quito su brazo de mi cintura. Santo dios y apenas eran las tres de la madrugada. Mire la mesa, agua, compresas de agua, me había dado fiebre, maldición, esperaba no enfermarme, tenía muchas cosas que hacer esa semana.

Decidí levantarme por un vaso de agua, avance por la cocina sin encender la luz, abrí el refrigerador y me serví un vaso de agua, me senté en un banco, recargue mis codos en la barra de la cocina mientras apretaba mis ojos en las palmas de mis manos.

-          Soy una idiota – murmure – una idiota sin remedio.

De pronto la luz  de la sala se encendió y Carlo salió del baño, ambos nos asustamos y mi vaso de agua se volcó, pero gracias a dios no despertamos a los demás.
-          Lo siento – dijo acercándose – tenías fiebre y Niel me pidió que me quedará, estoy durmiendo en el sofá lo juro.
-          Está bien, descansa, yo solo vine por un vaso de agua – dije levantándome y comencé a caminar hacía la recamará.
-          Sea quien sea no vale la pena, ¿qué tan importante puede ser en tu vida si fue capaz de dejarte con todo ese dolor? – dijo bajito.

-          Él no me dejo por su propia voluntad – conteste – el murió – y luego no di tiempo a más conversaciones, entre al cuarto y me arroje a la cama junto a Miguel.