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jueves, 30 de enero de 2014

Last kiss Capitulo 12

Capitulo 12
Adiós y hola


Ángel

Mi rostro estaba siendo acariciado, y no me sentía inquieta ante tal afirmación, él aroma a mi alrededor era uno muy familiar para mí, me llenaba de paz, me llenaba de felicidad, me hacía sentir completa.
-          Nos volveremos a ver – susurraba su voz.

Desperté de golpe, como si un balde de agua fría hubiera sido lanzado a mi cara, mi corazón latía rápidamente, mis ojos se ajustaron a la oscuridad de la habitación, estaba en una camilla de la enfermería, Miguel estaba acurrucado en un sofá cuidando de mi. Francesco, ¿dónde está él?, pensaba mientras intentaba ponerme de pie.

Pero mis piernas no parecían querer soportar mi peso, me senté en la cama, respire profundo un par de veces, y entonces lentamente me puse pie, el suelo estaba helado, pero decidí ignorar eso, me concentre en dar un paso y luego otro más, así hasta lograr salir de la habitación.

Lágrimas quemando mis ojos, no podía pararlas, y tampoco podía explicarlas, ¿por qué lloraba?, ¿por qué lloraba si Francesco estaba ahí?, seguro en alguna habitación, descansando, y tan pronto como él me viera, me abrazaría y me diría que todo está bien. Concentrarme en encontrar la habitación, eso era todo lo que tenía que hacer.

No me costó trabajo encontrarla, la luz estaba encendida, y la puerta abierta. Entre sujetándome de la pared, y lo vi, estaba ahí dormido, su piel pálida, su rostro sin expresión alguna. Me acerque, toque su mano, estaba helada, retire mi mano como si ese contacto me hubiera quemado, mire su pecho, no se movía, mis dedos se posicionaron en su cuello, no había pulso.

Caí sentada al piso, temblando incontroladamente, mientras más lagrimas inundaban mi ojos, no podía ser cierto, esto era un sueño, una pesadilla.

-          Ang  - alguien me tomo por los brazos y me levanto sosteniéndome por la cintura para que no callera de nuevo.
-          Ang cariño, por favor no hagas esto, Ang respira, Ang por favor mírame, mírame – reconocí la voz al mismo tiempo que me gire a verlo, era Miguel.
-          No es cierto – hipé entre lagrimas – dime que no es cierto – exigí mientras le miraba a los ojos, pero el aparto la mirada como si no fuera capaz de hacer nada más por mí.
-          Ang cariño, escucha, lo intentamos pero no fue posible, el estaba muy débil, el estaba …

No escuche lo demás, no quería hacerlo, me llevo  cargando hasta mi habitación en la enfermería, me recostó en la cama y yo solo me quede mirando el blanco techo, escuchando mis sollozos, incapaz de hacer nada más. Francesco no estaba más en ese cuerpo, Francesco el primer hombre de mi vida, Francesco mi primer y único amor.

Sería una mentirosa si dijera que lleve bien ese adiós, no lo hice, Miguel no pudo ser parte de mi vida, no quise intentarlo y él lo entendió. Me propusieron muchas veces regresar arriba, pero rechace esas ofertas y seguí viviendo en el mundo terrenal con pequeñas misiones en diferentes lugares. No sentí el paso del tiempo, dieciocho años pasan volando, y es verdad eso que la gente dice, el tiempo cambia a las personas, con el tiempo maduran, o se vuelven locas, o simplemente depresivas, yo no tenía muy en claro que clase de persona era justo en ese momento.

Tamara y Tony fueron capaces de dejar el instituto y vivir una vida más o menos normal, Tony  hizo su parte en cuando a la gran misión que venía con su don y aún ahora quedaba mucho que ellos dos tendrían que pasar, pero estaban juntos, se tenían  él uno al otro.

Lo bueno de mis misiones era que me llevaban de un sitio a otro, conociendo diferentes lugares y personas, no dejándome el tiempo suficiente para sentir cariño especial por alguna persona o ángel que llegase a conocer durante mis tareas. Era una existencia solitaria, en estos días ya solo de vez en cuando me encontraba con Iris, pero eso era todo, Sam me insistió que todo iba a estar bien, que yo lo superaría. Pero no era verdad, por mi causa el alma de la persona más importante en mi vida había desaparecido.

Esa tarde en particular estaba helando, el frio invierno había llegado sin avisar, la primera nevada nos había caído a finales de noviembre y no pintaba para mejorar hasta como por abril, mi nueva asignación era cuidar de una chica llamada Niel, estudiante de intercambio con un alto coeficiente intelectual, casi teníamos asegurado que era la otra mitad del don de que hace algunos años Tamara había perdido sin saber los porqués.

El campus universitario estaba ubicado no muy lejos de la ciudad, yo era maestra de idiomas y para los alumnos de intercambio tener más de cuatro sesiones de mis clases a la semana era obligatorio. Niel era una chica menudita, de grandes ojos oscuros siempre abiertos de par en par, y fuera de miedo, sorpresa o simplemente fascinación. Iba adelantada un año a los de su curso, por lo que con 17 años ya era considerada un verdadero genio. Además de idiomas yo había conseguido hacer una linda amistad con la chica, eso era algo bueno para ambas, mi presencia calmaba su inquieto corazón y ella me hacía compañía y evitaba que yo perdiera mi mente.

-          Este café te va a encantar – canturreo Niel, estaba metida en capas y capas de suéteres y un enorme abrigo, que apenas si se podía distinguir su delgadez.
-          Me dices lo mismo cada semana, creo que tienes algo con eso de descubrir y probar todos los cafés de la ciudad – le conteste burlona, ella hizo un puchero.
-          Pero de verdad este es especial, hacen unos caramelo machiato para morir – dijo poniendo ojitos de cachorro.
-          Deja de usar tu ternura en mi contra, sabes que iré de todos modos – dije sacándole el enorme gorro que llevaba en la cabeza liberando sus castaños rizos salvajes.

Corrimos todo el camino hasta el café, ella persiguiéndome por su gorra y yo canturreando una vieja canción Italiana que hablaba de spaguetis y de enamorarse del chico gordo de las pizzas, con Niel yo me convertía en un desastre total, cualquier barrera sentimental que hubiera podido crear en estos 18 años se venía abajo con solo mirar esa carita de bebe.

Nos acomodamos en una mesita cerca de la chimenea, el lugar está abarrotado por lo que no me sorprendió que tardaran casi 15 minutos en tomar nuestra orden, pedimos dos caramelo machiato y una rebanada de cheescake y pay de limón para compartir, y mientras esperábamos por nuestra orden empezó a soñar algo de pop a todo volumen. De pronto sentí un cosquilleo en la nuca, como si alguien hubiera soplado su aliento en ella, me gire por la sensación y fue entonces que lo vi, un muchacho de cabellos lacios negros como la noche y enigmáticos ojos azules oscuros, como el cielo enfurecido para hacer caer una tormenta, su mirada y la mía de conectaron unos segundos, el sonrió mostrando unos braquets, y sus pómulos se pintaron de rosado iluminando su rostro. Aleje la vista en ese mismo instante, mi corazón humano golpeaba en mi pecho como el aletear de un colibrí.

-          ¿Qué está mal? – pregunto Niel con la preocupación grabada en sus expresivos ojos.
-          Nada, solo creo que vi a aquel mesero escupir tu machiato – bromee, ella rió y me lanzo una bolita de pelusas que había estado arrancando de su abrigo.
-          Eres tan mala conmigo, algún día de estos te voy a abandonar – bromeo ella.

Nuestro machiato y los postres llegaron un poco después, y Niel tenía razón, eran deliciosos, pagamos y dejamos una generosa propina. Antes de irnos busque con la mirada al chico de los braquets pero como no logre encontrarlo y temiendo que Niel notara mi ansiedad preferí seguirla hacía la calle y nos pusimos en marcha hacía el pequeño apartamento que compartíamos.

Seguro pensarán que para una adolescente de 17 salir a la aventura y vivir la vida loca sería el comportamiento más natural, sin embargo Niel no renegó de vivir conmigo después de que en su último departamento entraran a robar una noche mientras ella había salido a hacer un recado de la escuela. Yo no tenía la apariencia que solía tener antes, mis cabellos rubio y ojos azules fueron reemplazados con un corto cabello lacio castaño y ojos cafés claros, lo único que guste en conservar fue mi estatura y mi porte físico, ya que estar atlética y sana era necesario para proteger a Niel en caso de ser necesario, yo lucia como una profesora de idiomas en sus veintes, tranquila, protectora, y capaz de dar seguridad, a decir verdad hasta cierto punto maternal.

Supongo que por eso Niel se adapto tan bien a mí, no éramos como madre e hija, pero el sentimiento de cariño y protección estaba ahí, era como un lazo familiar, uno que me tomo casi seis meses lograr. Y de pronto verme así con mi corazón agitado, preguntándome qué demonios que me pasaba con ese niño de los braquets no se me hacía justo, no a mí, no de nuevo.

-          Sam – marque el teléfono de la amiga de Francesco.
-          Sabes que no me molesta saber de ti, pero entre Italia y Canada hay una buena diferencia horaria, porque me haces levantarme tan condenadamente temprano – pregunto ella sonando soñolienta al otro lado del teléfono.
-          Dime otra vez, porque Francesco no puede reencarnar- pedí con voz llorosa.
-          Ahh cariño no de nuevo, ya pasamos por esto, muchas veces, deja de lastimarte, no es tu culpa, su alma estaba muy débil, ese enfrentamiento fue duro para él, sin ser un demonio, sin ser un ángel, no podía soportarlo, él solo… no lo sé, el solo quizá esta mejor así descansando en el infinito universo, siendo energía pura.
-          Pero el no puede… - hipe tratando de controlar mi llanto – ¿de verdad, ni una sola posibilidad?
-          Mira, aun si pudiera, la posibilidad de que tu y él se encuentren de nuevo es casi nula, el no te recordaría, su alma sería nueva, estaría destinada a otra persona, el no regresaría a ti – dijo sonando sumamente preocupada – odio que me preguntes esas cosas, deja de lastimarte y ve a la cama, en Italia ya debe ser hora de dormir, anda, no quieres preocupar a Niel, por favor cuida de ella.

Platique un poco más con Sam olvidándome del tema de Fran, me hablo un poco de todo y finalmente me quede dormida con el teléfono en la oreja. Lo cual no fue agradable al despertar, tenía un condenado dolor en la mejilla y en la oreja que me vi obligada a tomar un paracetamol y a ponerme una de esas absurdas gorras con orejeras, Niel no paro de burlarse de mí hasta que nos separamos en la universidad.

Tenía un par de horas libres al medio día, así que las aproveche para tomar un café, y si, malditamente si que fui al mismo café que Niel me había llevado el día anterior. Me senté en una mesa cerca de la barra, como era mitad de día y todos estaban en sus trabajos o escuela, me atendieron rápidamente, pase mis dos horas sentada esperando verlo, pero no apareció. Por supuesto que no iba a aparecer a estas horas seguro estaba en la escuela, cuando salí eran más de las cuarto de la tarde apenas si tenía tiempo para llegar a mi clase de las cinco, suspire fastidiada, y cuando di el primer paso fuera del local, mis tontas botas resbalaron.
Me iba a caer de culo en el escalón, eso me iba a doler, y cojearía hasta el trabajo y Niel se moriría de la risa cuando se enterara de mi caída.

Esos pensamientos me llenaban la cabeza hasta que me di cuenta que mi trasero estaba seguro y unas fuertes manos me ponían de pie. Abrí los ojos espantada, mi salvador me sonrió, una sonrisa con braquets, unos traviesos ojos azules y una enorme gorra de orejeras idéntica a la mía.

-          Rebajas de fin de temporada en almacenes “Luigi” – dijo el chico manteniéndome aun sujeta de ambos brazos.
-          No, la mía fue comprada por internet – conteste, sacudiéndome un poco lo cual hizo que le me soltara, y yo finalmente pude ponerme de pie. El era chaparro, por lo menos unos cinco centímetros más bajo de estatura que yo, y yo ni siquiera llevaba tacones.
-          Ni siquiera traes tacones, ¿Por qué te caíste? Estabas pensado en las musarañas- se burlo.
-          Esos escalones están congelados – me queje, él se agacho, y con una mano enguantada reviso el escalón.
-          Tienes razón, parece que el jefe me regañara, llegue tarde y no he puesto sal en el escalón para evitar que los clientes se caigan – dijo levantándose y sacudiéndose los guantes a los costados de ambas piernas – mis disculpas señorita – se metió al local sin siquiera darme otra mirada.

Por la noche en el departamento no podía dejar de darle vueltas al asunto, no podía ser verdad, Francesco era alto, cabello rubio ojos verdes, una belleza de hombre, una perfección andando. Yo no podía sentir atracción por un muchachito desgarbado, chaparro, con braquets, no, eso no era mi estilo.

-          Y entonces me parece que han castigado a Carlo, su padre lo ha regañado por llegar tarde al trabajo y porque los escalones del negocio estaban cubiertos de hielo, pobre Carlo, su padre debería dejar de tratarlo así, solo porque eligió estudiar música en lugar de ser médico no significa que valga menos que sus hermanos.
-          Uhh perdón, ¿de qué estamos hablando ahora? – me disculpe.
-          Estas en las nubes, te hablaba del chico que conocí hoy en la biblioteca, es el hijo del dueño de la cafetería a la que fuimos ayer, se llama Carlo – y entonces Niel extendió la mano para ofrecerme el celular, y mirar una fotografía, una fotografía de una Niel sonriente junto a un chico de braquets muy singular.
-          Vale, y porque te has sacado una foto con él – refunfuñe.
-          Porqué me dijo que mis ojos eran hermosos y que quería una foto conmigo para inspirarse – dijo Niel con ojos soñadores, ay no, ay no, el chico de braquets se llamaba Carlo, y había coqueteado con niel descaradamente, y yo era una loca por emocionarme, porque mi corazón latía con fuerza por ese humano.
-          Y así nada más te sacaste una foto con él – la regañe.
-          No, jajaja le he cobrado una tarifa alta, tengo derecho a cinco cafés gratis y cinco postres gratis de aquí hasta que termine el año – dijo Niel sonriendo con satisfacción.

-          Chica lista – le guiñe el ojo – ahora debo ir a comprar algo para la cena o moriremos de hambre – dije tomando mi abrigo – ¿que se te antoja? – la mire a los ojos por dos segundos y ambas dijimos a coro – comida china.

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