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viernes, 1 de febrero de 2013

Capitulo 9



Francesco

Nuestra semana paso volando, y en un abrir y cerrar de ojos nos encontrábamos en el instituto, Tamara y Tony fueron asignados a sus respectivos dormitorios, e incluso para ser recién llegados se les incluyo de inmediato al horario escolar, no se daría pie a que alguien sospechará de ellos, para el resto de los estudiantes ellos solo eran nuevos en el instituto.

Debo decir que pude ser feliz durmiendo con gusto en algún banquillo frente a la biblioteca, pero no, ese no era el caso, mi habitación ya había sido preparada y era una amarga e irónica sorpresa.

Una hermosa habitación, muebles elegantes, decoración mínima y tenía privacidad, no compartiría dormitorio con nadie, aunque claro también tenía sus desventajas, estaba en el cuarto piso del edificio, era algo así como el cuarto de la azotea, y lo más importante era una verdadera jaula hecha para mí.

-          Hey no lo veas así – dijo Nick – fue mi habitación durante muchos años, es solo por precaución.
-          Mira esto – dije señalando las inscripciones en la pared – muy acogedoras, diseñadas para quemar mi piel tan pronto le ponga un solo dedo encima.
-          Eso no pasará a menos que pierdas el control, te lo he dicho, una vez que se despierta en tu interior es difícil mantenerlo tranquilo, es como un ciclo, y en luna nueva es aun peor – me explico, pero la verdad es que solo estar ahí hacia que respirará con dificultad.
-          Es diferente, tu tenías un demonio en tu interior, era otra persona… yo… esto es lo que soy – dije señalándome - no hay diferencia entre ser Francisco o Francesco, en ambos casos soy yo, es mi alma y mi propia piel.
Se quedo en silencio mirándome atónito, honestamente no esperaba que me diera palabras de aliento, ni nada por el estilo. Salí de la habitación si tomarme la más mínima atención de cortesía, simplemente no me nacía hacerlo. Solo quería alejarme de ahí lo más pronto posible.



Ángel


Era como una pesadilla, como volver a mis años de chiquilla enamorada, lo odiaba, el sitió que solía ser mi hogar ahora me parecía una horrenda pesadilla. Cada rincón de ese instituto me recordaba a él, o al menos a lo que él solía ser. No era normal, me beso y juro que por instante creí que ese beso era real, pero no, sólo era un juego, un juego que yo pretendía jugar muy bien.

Entonces lo vi, cargando su maleta al hombro adentrándose al bosque, eso no estaba bien, él tenía una habitación designada y ahora estaba huyendo. No era una buena idea seguirlo, pero basta decir que, desde que puse un pie en el instituto mis pensamientos no eran los más lógicos del mundo, así que deje que mis pies me llevarán tras él.

Se interno bastante pero al llegar al muro me di cuenta de algo, comenzó a caminar al borde del mismo, sin salir de los terrenos de instituto, lo cual era extraño, a pesar de todos mis años aquí jamás me había internado tanto en esa zona, y me sorprendió encontrar un  portal de piedra justo a mitad del muro.

Parecía antiguo, a la mayor parte del instituto se le daba mantenimiento continuamente, pero este sitió era como si el tiempo no lo hubiera tocado jamás, las bardas de piedra estaban tapizadas de enredaderas, los arboles eran incluso más altos, sus troncos más anchos, y denotaban cierta edad que impone respeto, un caminito empedrado se internaba en el bosque, Francesco había tomado esa dirección así que lo seguí.

Quede boquiabierta, después de varios minutos el bosque se abrió ante mí para mostrarme un instituto, más antiguo y pequeño, pero con una estructura tan artesanalmente elaborada y preciosa. Fuentes y jardineras adornadas con motivos dorados y plateados, yo estaba casi segura de que cada piedra de este lugar tenía magia de ángel, era como tener un pedacito de cielo en la tierra, y lo digo en serio, porque viví en él varios años mientras era entrenada por Miguel.

-           Acosadoraaa – canturreo una voz de niña sobresaltándome.

Era samanta, iba vestida con un sencillo vestido de gasa blanca, descalza y con su oscuro cabello suelto, como era costumbre un par de cascos alrededor de su cuello, sonaba algo de pop a todo volumen por sus auriculares.

-          Francesco esta desobedeciendo ordenes – dije como excusándome de estar ahí – yo he venido por él para que regrese al instituto.
Samanta rió en voz alta, y la verdad era que tenía una risa bonita, carajo es que esa niña no podía ser más perfecta.
-          El no ha salido del instituto en absoluto – dijo mientras daba un par de saltitos y se sentaba en el borde de una de las fuentes.
-          Esto… ¿esto aun es el instituto? – pregunte señalando los alrededores.
-          Si, lo es… es una parte especial, aquí se entrenan a los ángeles de la muerte, ningún alumno regular del instituto conoce este sitio, no a menos que haya nacido para ser uno de nosotros, entonces llega directo aquí y para ser entrenado – me explico.
-          Aun así – vacile y mis palabras sonaban algo extrañas – Francesco debe estar en el sitió que le fue asignado – ella solo sonrió.
-          Está bien el se quedará aquí, será su alojamiento, es seguro para él, aquí como podrás darte cuenta es imposible que Francisco haga acto de presencia, y puede estar atento durante el día de sus labores en el instituto – dijo poniéndose de pie – ¿ya desayunaste? – pregunto tranquila y como respuesta mi estomago rugió, estúpido estomago humano traidor.
-          No, pero aun tengo… - no me dejo decir más tomo  mi mano y me arrastro hacia el edificio.

 *****
El edificio que por fuera lucia antiguo por dentro era todo lo contrario, la sala de estar estaba decorada con muebles bastante modernos, una enorme pantalla plana en la pared del frente y un motón de buenos y mullidos sillones bastante cómodos en todos los colores, como la gama del arcoíris. La segunda planta según se escuchaba eran los dormitorios y del lado derecho unas puertas dobles de cedro llevaban al comedor.
Y ahí estaba Francesco, sentado entre los jóvenes ángeles, riendo y platicando como si aún fuera un adolescente, detuve el impulso de ir a zamparle un buen golpe.

-          Cereal y leche – apareció Sam ofreciéndome gentilmente un plato con mi desayuno.
-          Gracias – masculle sentándome en una mesa libre – ¿a dónde vas?
-          A avisarle a Fran que estas aquí – dijo como decir “el cielo es azul”, casi escupo mi cereal – oh… tal vez no debería decirle – dijo con una sonrisa dibujada en el rostro.
-          No, no hace falta porque ya estoy aquí – dijo Fran, que rayos, un segundo estaba sentado ahí como un chaval y al siguiente estaba justo detrás de mí, hablando con ese tono serio que daba miedo.
-          Yo creo que mejor me voy – dijo Sam y se alejo dando saltitos hasta llegar a lo que imagino yo eran las puertas de la cocina, se despidió de mi con un rápido movimiento de mano antes de entrar y dejarme a solas con él.

Aunque pensándolo bien no estábamos solos, había por menos unos 50 chicos ahí. Pero obviamente me alegre muy pronto, porque él me tomo por la muñeca y me arrastró fuera junto con mi plato de cereal.

-          ¿Qué haces aquí? – pregunto molesto.
-          Te seguía – le conteste descarada mientras me metía otra cuchara de cereales a la boca, yo aún tenía hambre, además era algo bueno para distraerme de no verlo a los ojos.
-          Que honesta – mascullo burlonamente – y ahora que estas aquí ¿qué es lo que quieres? – dijo tomando mi mano evitando que pudiera tomar otra cucharada más de cereal, lo cual, dicho sea de paso me molesto mucho.
-          De ti nada, solo he venido a saludar a Sam ya sabes somos muy buenas amigas – dije y el puso los ojos en blanco.
-          Me seguiste porque pensaste que estaba escapando y ahora que te das cuenta de que no es así  y ya no sabes que decir – dijo el muy patán.
-          No… te seguí porque me gusta mirarte el trasero mientras caminas… es entretenido – dije, bueno si iba a ser una descarada al menos lo sería con todas sus letras, el rió fuerte y me soltó la mano, lo cual me permitió inclinar mi plato para tomar lo último de cereal que le quedaba.
-          Tu de verdad no te entiendo – dijo mirándome, mientras yo me relamía de los labios la leche que había quedado ahí.
-          No solo tú puedes jugar – le dije poniéndome de puntitas y depositando un rápido beso en sus labios, por supuesto el no lo esperaba y se quedo asombrado mirándome de pies a cabeza.
-          Estas pirada – dijo furioso.
-          Si lo estoy, gracias por el desayuno me voy – dije dándole el plato vacio y comenzando a caminar a grandes zancadas.

Mi corazón latía como loco, que demonios fui a hacer, pero qué diablos, lo había besado, digo no fue el gran beso, pero aun así lo bese, después de todo lo que hemos tenido que pasar fui a besarlo. Me pare frente un enorme roble y recargue mi frente al tronco, era frío y tranquilizador. Necesitaba poner mis pensamientos en orden.

-          Si vas a besar a robarle un beso a alguien – dijo Francesco – debes hacer que valga la pena.

No tuve tiempo de sorprenderme o de asustarme, no lo sentí venir detrás de mí, apenas si tuve tiempo de girarme para toparme con su rostro a escasos centímetros del mío. Y me beso, primero cepillando suevamente sus labios contra los míos, después más profundo hasta que pude saborear lo que tuvo por desayuno.

-          Jugo de naranja y hotcakes – balbucee cuando por fin nos separamos.
-          Licuado de chocolate también – dijo antes de volver a besarme, me estaba dando besos de esos que te dejan el cerebro totalmente inútil para pensar en otra cosa, de hecho en algún momento dentro del jaleo he terminado tumbada en la hojarasca con él sobre mí, mientras el mete una de sus manos bajo mi suéter, y no es que me importe o me preocupe, de hecho se que quiero más, más de esos besos, ,más de sentir su piel sobre la mía, más de mordidas en mi labios, y esos ojos carmín mirándome con pasión… esperen… ojos carmín.

Fue un acto reflejo, no pude evitarlo, le di una patada en las costillas haciéndolo caer de culo lejos de mí, uno de sus ojos volvió a su normal verde musgo, mientras el otro parpadeaba de carmín cada tanto.

-          ¡Qué rayos! – inquirió molesto sacudiéndose las hojas del trasero – estás loca, yo me rindo – dijo exasperado.
-          Tus… ojos – logre murmurar, entonces el comenzó a bajar la ladera hasta llegar al arrollo, sabía que eso lo iba a destrozar, así que corrí tras de él.
-          Espera, espera… – pero no me hizo caso, cuando alcanzo su reflejo en el agua pude ver sus sorpresa mezclada con tristeza en esos ojos.
-          Buen golpe – dijo riendo con amargura – la próxima vez deberías traer contigo alguna arma puede serte más útil – dijo antes de salir corriendo lejos de mi.

Se fue dejándome ahí como tonta, claro yo era una tonta, por besarlo, por seguirlo, siempre era yo, siempre era mi culpa, y al final del día yo aun tenía trabajo con el cual lidiar, sola como siempre.

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