primavera

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sábado, 3 de noviembre de 2012

Capitulo 9 (parte 1)



Francesco

Nuestra semana paso volando, y en un abrir y cerrar de ojos nos encontrábamos en el instituto, Tamara y Tony fueron asignados a sus respectivos dormitorios, e incluso para ser recién llegados se les incluyo de in mediato al horario escolar, no se daría pie a que alguien sospechará de ellos, para el resto de los estudiantes ellos solo eran nuevos en el instituto. Debo decir que pude ser feliz durmiendo con gusto en algún banquillo frente a la biblioteca, pero no, ese no era el caso, mi habitación ya había sido preparada y era una amarga e irónica sorpresa.

Una hermosa habitación, muebles elegantes, decoración mínima y tenía privacidad, no compartiría dormitorio con nadie, aunque claro también tenía sus desventajas, estaba en el cuarto piso del edificio, era algo así como el cuarto de la azotea, y lo más importante era una verdadera jaula hecha para mí.

-          Hey no lo veas así – dijo Nick – fue mi habitación durante muchos años, es solo por precaución.
-          Mira esto – dije señalando las inscripciones en la pared – muy acogedoras, diseñadas para quemar mi piel tan pronto le ponga un solo dedo encima.
-          Eso no pasará a menos que pierdas el control, te lo he dicho, una vez que se despierta en tu interior es difícil mantenerlo tranquilo, es como un ciclo, y en luna nueva es aun peor – me explico, pero la verdad es que solo estar ahí hacia que respirará con dificultad.
-          Es diferente, tu tenías un demonio en tu interior, era otra persona… yo… esto es lo que soy – dije señalándome - no hay diferencia entre ser Francisco o Francesco, en ambos casos soy yo, es mi alma y mi propia piel.

Se quedo en silencio mirándome atónito, honestamente no esperaba que me diera palabras de aliento, ni nada por el estilo. Salí de la habitación si tomarme la más mínima atención de cortesía, simplemente no me nacía hacerlo. Solo quería alejarme de ahí lo más pronto posible.

Ángel

Era como una pesadilla, como volver a mis años de chiquilla enamorada, lo odiaba, el sitió que solía ser mi hogar ahora me parecía una horrenda pesadilla. Cada rincón de ese instituto me recordaba a él, o al menos a lo que él solía ser. No era normal, me beso y juro que por instante creí que ese beso era real, pero no, sólo era un juego, un juego que yo pretendía jugar muy bien.

Entonces lo vi, cargando su maleta al hombro adentrándose al bosque, eso no estaba bien, él tenía una habitación designada y ahora estaba huyendo. No era una buena idea seguirlo, pero basta decir que desde que puse un pie en el instituto mis pensamientos no eran los más lógicos del mundo, así que deje que mis pies me llevarán tras el.

Se interno bastante pero al llegar al muro me di cuenta de algo, comenzó a caminar al borde del mismo, sin salir de los terrenos de instituto, lo cual era extraño, a pesar de todos mis años aquí jamás me había internado tanto en esa zona, y me sorprendió encontrar un  portal de piedra justo a mitad del muro.

Parecía antiguo, a la mayor parte del instituto se le daba mantenimiento continuamente, pero este sitió era como si el tiempo no lo hubiera tocado jamás, las bardas de piedra estaban tapizadas de enredaderas, los arboles eran incluso más altos, sus troncos más anchos, y denotaban cierta edad que impone respeto, un caminito empedrado se internaba en el bosque, Francesco había tomado esa dirección así que lo seguí.

Quede boquiabierta, después de varios minutos el bosque se abrió ante mí para mostrarme un instituto, más antiguo y pequeño, pero con una estructura tan artesanalmente elaborada y preciosa. Fuentes y jardineras adornadas con motivos dorados y plateados, yo estaba casi segura de que cada piedra de este lugar tenía magia de ángel, era como tener un pedacito de cielo en la tierra, y lo digo en serio, porque viví en él varios años mientras era entrenada por Miguel.

-           Acosadoraaa – canturreo una voz de niña sobresaltándome.

Era samanta, iba vestida con un sencillo vestido de gasa blanca y su oscuro cabello suelo, como era costumbre un par de cascos alrededor de su cuello, sonaba algo de pop a todo volumen por sus auriculares, y ella iba descalza.

-          Francesco esta desobedeciendo ordenes – dije como excusándome de estar ahí – yo he venido por el para que regrese al instituto.

Samanta rió en voz alta, y la verdad era que tenía una risa bonita, carajo es que esa niña no podía ser más perfecta.

-          El no ha salido del instituto en absoluto – dijo mientras daba un par de saltitos y se sentaba en el borde de una de las fuentes.
-          Esto… esto aun es el instituto? – pregunte señalando los alrededores.
-          Si, lo es… es una parte especial, aquí se entrenan a los ángeles de la muerte, ningún alumno regular del instituto conoce este sitio, no a menos que haya nacido para ser uno de nosotros entonces llega directo aquí y se entrena con nosotros – me explico.
-          Aun así – vacile y mis palabras sonaban algo extrañas – Francesco debe estar en el sitió que le fue asignado – ella solo sonrió.
-          Está bien el se quedará aquí, será su alojamiento, es seguro para él, aquí como podrás darte cuenta es imposible que Francisco haga acto de presencia, es seguro para él y puede estar atento durante el día de sus labores en el instituto – dijo poniéndose de pie – ¿ya desayunaste? – pregunto tranquila y como respuesta mi estomago rugió, estúpido estomago humano traidor.
-          No, pero aun tengo… - no me dejo decir más tomo mi mano y me arrastro hacia el edificio.

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