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sábado, 3 de noviembre de 2012

Capitulo 8


No me odien si *^* jajaja es que había olvidado publicar el 8 pero ya aqui esta xDD mianeee jajaja perdonen!
Francesco

Con el alma hasta el piso, definitivamente si aún quedaba en mi algo de alma estaría justo bajo mis pies, perdí el control y lastime a las personas más importantes en mi vida. Bien, Iris tiene razón, hacer malabares con dos corazones no es bueno. Por lo menos ahora Tamara quedaba fuera de mi conflicto existencial. Pero Sam, ella era una historia diferente.

Una historia difícil de entender, cuando nadie daba ni una pluma por mí, ellas dio sus alas, decidió acogerme y protegerme, miles de veces me pidió que reconsiderará lo de dejar fuera de esto a Ángel, pero como podía después caer tan bajo pretender que nada estaba mal, llegar con a su lado y pedir su perdón, no, no era lo suficientemente bueno para ella, yo era básicamente un monstruo.

Y aquí estaba una vez más rompiendo el corazón de mi  alma gemela, mientras esperaba por mi eterna condena.

-          Eso ha sido de lo más cruel y mezquino que pudiste hacer, ¡eres un idiota! – grito Sam exasperada pegándome un golpe en la frente.

-          Ok… eso no te lo discuto – dije sobando mi frente.

-          Tonto, tonto … - murmuro mientras lagrimas escapaban de su rostro – casi me matas de un infarto, cuando te vi ahí tirado… idiota … tu… tu – tartamudeaba mientras su labio inferior temblaba y sus lagrimas corrían libres deslizándose en sus mejillas.

Soy un idiota el idiota más idiota de los idiotas, pero en ese momento solo quería que esas lágrimas dejaran de correr, así que la bese, sin avisar, sin dudar… fue el beso más torpe de la historia, por un instante sentí pánico de que me rechazara, pero cuando note sus manos acariciando mi cabello, no pude evitar sonreír en sus labios.

-          Idiota – murmuro, aun sin despegarse de mi – no vuelvas a hacerlo – dijo finalmente dando un paso atrás – y esto –dijo señalándonos – jamás paso, ya tienes suficientes cosas por las cuales sentirte culpable y yo no quiero ser una más.

Me quede parado como un completo idiota, viendo marcharse con su confiado andar mientras se acomodaba de nuevo su yeso falso.


Ángel

¡Idiota!, me repetía una y otra vez, yo era una idiota, ¿por qué fui tras él?, cuando lo vi salir de la biblioteca y parar justo frente a Sam, entonces debí irme, pero no, decidí quedarme a mirar… la beso, estaban riendo y era como si yo, por primera vez viera la luz reflejada de nuevo en sus hermosos ojos verdes.

Sam era como un rayo de sol en su vida, y quien demonios era yo para meterme en esto. Pero entonces recordé la forma tan cruel en la que jugó con migo, me beso, me dijo que me amaba. La rabia se apodero de mí. Bueno si quería jugar entonces yo le daría un juego divertido.

La decisión era extraña, totalmente descabellada, moveríamos a Tamara y a Tony  hacia el instituto, tenerlos protegidos en un ambiente humano simplemente fue un fracaso, reubicarlos era mostrarles un lado del mundo que no era nada agradable, verían ambos lados de la moneda, y eso era un peligro. Tony no me preocupaba, el fue capaz de percibir el bien y el mal en sus formas verdaderas, pero Tamara era un situación totalmente distinta, tendríamos que explicarle su origen, la razón por la cual sus padres murieron y más aun develar la misión tan importante que ambos tenían que cumplir en este mundo.

El problema eran las confesiones, saturar una pobre mente humana de información que cambiaría el rumbo de su vida, cargar con el peso de una responsabilidad tan grande para beneficio de la humanidad era algo muy egoísta, pero necesario.

-          Yo no pienso hacerlo – me negué rotundamente – no seré quien le explique el misterio de su vida, que lo haga Fran – dije encogiéndome de hombros, desde el beso con Sam me limitaba  ignorarlo y el sentimiento era mutuo pues él tampoco hizo esfuerzo alguno para buscarme o explicarme que rayos pasaba en su estúpida mente de pato.

-          Alguien tiene que hacerlo – dijo Iris sonando como una madre mandona, últimamente era la que más peso cargaba en cuanto responsabilidades aun con Miguel aquí.
-          Necesito que ángel se lo diga primero a Tony, cuando yo le cuente todo a Tama ella ira a refugiarse en alguien y ese alguien será Tony esa es la única opción que veo – dijo Fran, mirándome fijamente.
-          ¿Así que me tocaría a mí hacer eso? – inquirí en tono molesto.
-          Es tu protegido y de cualquier modo va siendo hora que ambos lo sepan – dijo el desviando la mirada.
-          Entonces que nos largamos todos al instituto y asunto arreglado – bufe – no podemos hacer esto, alejarlos de su vida cotidiana, alejarlos de la realidad humana los desviará de lo que deben hacer.
-          No debo recordarte que son ordenes de arriba – grito él.
-          Ok basta – nos silencio Iris – esto hará así, Ángel hablara con Tony y Fran con Tamara, la reubicación será la próxima semana así que más les vale tenerlo todo listo – dijo poniéndose de pie – y por amor al cielo ya dejen de comportarse como unos críos – nos regaño antes de salir de la oficina.

Y como si tuviéramos un acuerdo silencioso, ambos nos pusimos de pie y salimos sin dirigirnos la palabra, era extraño, pero lo cierto era que esto me sacaba de quicio, no quería estar en el instituto, ese lugar estaba lleno de recuerdos, la mayor parte de ellos siempre relacionados con Francesco.

Anthony

 Cuando recibí su mensaje imagine que no eran buenas noticias, la repentina  desaparición sin dejar rastro de Eloísa fue el primer signo de que algo pasaba. Tan pronto llegue a la biblioteca pude notar que estaba ansiosa, creo que cada vez que Ángel se concentra demasiado en algo sus alas brillan más de lo normal.

-          Hey tu cabeza esta que echa humo – bromee intentando aligerar el ambiente, pero la expresión en su rostro no cambio.
-          Me temo que, no hay respuesta feliz  para tus comentarios hoy – dijó señalando el asiento frente e a mí.
-          Ok ya me preocupaste – dije sentándome de inmediato, ella miro sus manos nerviosa antes de levantar la vista y encararme.
-          Hay cosas que debo explicarte y no es sencillo – dijo haciendo un puchero – esto va a ser largo quizá la biblioteca no sea el lugar correcto, vamos sígueme – dijo levantándose con gracia.

Me llevo hasta los jardines alejados de los edificios centrales, esos que colindaban con el espeso bosque. Se sentó en la orilla de una jardinera y la historia que tenía para contarme, jamás la olvidare, porque esa historia cambia mi existencia y la de Tamara para siempre.

Batallas incontables entre ángeles y demonios por obtener la clave para sanar una de las enfermedades más crueles de este mundo mortal, el cáncer, y la responsabilidad completa descansando en nuestros hombros, ni siquiera hemos cumplido la mayoría de edad sin embargo una responsabilidad como esa nos tiene marcados desde que venimos al mundo, la muerte repentina de los padres de Tamara, no fueron coincidencias, todo era para asegurarse que ella y yo jamás estaríamos juntos como pareja y por lo tanto jamás lograríamos cumplir con nuestra misión, más que eso, al simple idea de movernos a ese instituto, repleto de chicos especiales, mitad ángeles mitad humanos que esa fuera la única forma de mantenernos a salvo, no era el pánico a lo nuevo, era el miedo de la reacción que Tamara tomaría cuando los supiera.

Camine despacio, de regreso a mis dormitorio, mi cabeza dolía infiernos, era como si me hubieran lanzado una bomba y simplemente la deje hacerme trizas. Ella estaba ahí, en la entrada sentada junto a la pared de los dormitorios de chicos, hecha un ovillo, con la barbilla recargada en las rodillas meciéndose de atrás hacia adelante como en trance.

Corrí a encontrarla, sus ojos estaban rojos e hinchados por el llanto, me senté a su lado, pero ni siquiera me noto hasta que puse mi mano en su hombro.

-          ¡Por dios Tamara que te ocurre! – musite angustiado cuando sus ojos me miraron con verdadero pánico.
-          El me lo dijo – balbuceo mientras nuevas lagrimas se formaban en sus ojos – Tony esto es horrible… no puedo… no podemos… que pasa si fallamos… que pasa si morimos antes de lograrlo, ellos nos quieren  muertos, Eloísa era uno de ellos, y ahora en su mundo, en su instituto, no puedo creer que sea mejor, no puedo creer que no correremos peligro, algo me dice que si salimos de aquí, nada será lo mismo… tengo miedo.
-          ¿Miedo de qué? – Dije abrazándola con fuerza – yo estoy aquí, no iré a ningún lado y a donde tu vayas yo voy.
-          No lo entiendes, ellos me arrebataron a mis padres, como se que no… como se que tú no te irás como ellos – hipo entre lágrimas.
-          Porque esta vez es distinto, confía en mí y confía en ellos estaremos bien  - “estaremos bien”, también lo decía para convencerme a mí mismo, pero la realidad es que ni siquiera yo podía evitar que el pánico me hiciera su presa.

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