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martes, 10 de abril de 2012

Capitulo 6



Ángel

El amor es una mentira evidente, a veces, bueno de hecho muy a menudo me preguntaba porque si se supone que el amor es el que mueve al mundo, hay tanta gente sufriendo por ahí, tantos jóvenes y adultos suicidándose por una decepción amorosa, tantos niños siendo abandonados en las calles, tantos divorcios, tanto odio. Siempre supe que terminaría siendo un ángel guardián, fuí criada en el instituto por mi padre, educada mejor que los demás,  con miras a un alto rango, todo estaba tan bien, todo era perfecto, hasta que Francesco apareció y volvió mi mundo completo caos.

Ayudo estar allá arriba, pasar una buena temporada enterrando la nariz en libros antiguos, aprendiendo cada vez más, fui capaz de ser la segunda al mando, tan solo por debajo del arcángel Miguel, fui su estudiante más destacada, en la lucha yo cubría sus espalda y el mía, aún así, en lugar de agradecerle esa magnífica oportunidad, sólo le rompí el corazón al no poder corresponder sus sentimientos.

Algo andaba mal con mi corazón, simplemente ya no está ahí, en su lugar había un oscuro hueco que sangraba sin parar, yo estaba rota.

Estar encerrada un fin de semana, bajo 4 paredes, compartiendo habitación con 3 chicas, no, esa no era mi idea de mi día descanso ideal, yo tenía que salir, saque de mi armario mi mochila de camping, la llene de cuerdas para escalar, rodilleras, casco y arnés, un par de botellas de agua y comida basura,  me puse mis lindas botas de campo y unos jeans bien gruesos, una playera de algodón y una sudadera abrigadora.

-         No puedes salir a una expedición por tu cuenta – me regaño Lorena.
-         No voy sola – mentí – mi tutor viene hoy vamos a escalar un poco esos bellos peñascos.
-         Nadie me notifico eso.
-         Salió de último minuto – dije antes de salir de la habitación.

El bosque que rodeaba la escuela era precioso, vida en todas partes, el aroma de los arboles, los sonidos de las aves, era lo más cercano que tenían los humanos al paraíso en la tierra, y sin embargo se empecinaban en tirar arboles y construir ruidosas fabricas, hice trampa para poner las cuerdas de seguridad, lo confieso, quería escalar ese enorme acantilado, así que use mis alas para asegurar las cuerdas en la parte superior, y una vez terminado, me deslice en rapel lista para comenzar el asenso.

Hace 10 años hacer esto sería imposible, en ese entonces yo era niña con piernas y brazos débiles, y que se preocupaba más por cuidar sus uñas, con Miguel había aprendido de la vida dura, de sobrevivir con nada más que tus propias manos, de pelar puño contra puño, soportar heridas sangrantes, quemaduras doloras, huesos rotos.

La Ángel débil y tonta ya no existía, en su lugar estaba está loca que terminaría gustosamente muerta de cansancio luego de una escala de 30 metros.

-         Puedo hacerte compañía – eso no era una pregunta, era una aseveración y cuando gire a verlo no pude menos que sonreírle.

Mi maravilloso y guapo tutor, Miguel, tan viejo como los años del mundo, bueno quizá no tanto, quien puede saberlo, precioso cabello rubio platinado, lacio, cayendo en un fleco despeinado sobre su frente, piel blanca como la leche con hermosas mejillas rosadas, pestañas largas y espesas adornando un par de enigmáticos y juguetones ojos azules, de un azul único, que jugaba entre ser azul o violeta, y un cuerpo que robaba suspiros en el cielo y la tierra. Oh si, ese era Miguel, desquiciado como pocos, rebelde, juguetón, coqueto, joven y alocado por siempre.

No pude evitarlo, lo echaba mucho de menos, así que me lance en sus brazos y respire el limpio aroma de su piel, aun usando ropas humanas simples, lucia como un actor de cine, totalmente perfecto.

-         Vaya parece que alguien estaba extrañando el trato rudo de la vida de guardián – dijo acariciando mi rostro – hiciste un buen trabajo con esas cuerdas, ¿puedo acompañarte esta tarde?.
-         No traigo equipo para ti – me disculpe.
-         No necesito cuerda de seguridad ni casco, acaso olvidas quien te enseño a hacer esto – se burlo.
-         Ok, solo me preocupaba por ti, intenta ganarme viejo – me burle mientras comenzaba mi escalada frenética.

Su risa era lo mejor que había podido escuchar en toda mi vida, el recuerdo de nuestro tiempo juntos. Me había esforzado mucho por amarlo del mismo modo en que él me amaba a mí, los recuerdos de sus labios sobre los míos aun me robaban una sonrisa, recordar cómo se sentían nuestros cuerpo juntos, piel con piel, sin duda eran de los mejores recuerdos de mi vida, ser amada por un hombre tan perfecto. Pero no era suficiente, y es que por mucho que lo quisiera, estos labios y este cuerpo ya habían sido tocados antes, y ese toque aunque no tan perfecto, era sin duda el único que hacia reaccionar a mi corazón, Francesco había sido el primer hombre mi vida, y por más que lo intentaba aun estando con Miguel mi mente volaba lejos evocando las memorias de mi tiempo con Fran.

Ahh me sentía tan culpable pensando en Fran mientras tenia a mi lado al ángel más hermosos en de los cielos.

-         El que gane tiene derecho a pedirle algo al perdedor, y ese algo puede ser lo que sea – grito Migue varios metros por encima de mí.
-         ¡Mierda!, en qué momento llegaste hasta ahí – me queje.
-         Mientras pensabas en la inmortalidad del cangrejo – rió sin aminorar la marcha.
-         No es justo, eres casi 40 cm más alto que yo, tus zancadas son enormes no es justo – chille.
-         Te di ventaja, empezaste a subir antes – dijo riendo de esa loca manera que me hacia contagiarme de su risa.

En un cuerpo humano la escala resulto ser más fatigante de lo que esperaba, Miguel gano, por supuesto que lo hizo, porque los arcángeles no necesitan cuerpos humanos falsos para aparecer en la tierra, pueden conservar su propio cuerpo y por ende sus magnificas habilidades, en cambio yo estaba sudada, con cortadas en mis rodillas y manos, y me dolían los músculos como si me hubieran agarrado a palos.

-         Ok ganaste – dije tirándome en el tibio pasto y cerrando mis ojos – te toca pedir ¿Qué quieres?
Al abrir los ojos él está ahí, sus brazos a ambos lados de mi cuerpo, sosteniéndolo sobre mí, sus ojos fijos en mi labios, me dio una linda sonrisa  coqueta antes de  besarme, fue lento, disfrutando cada detalle, del beso. Imágenes del tiempo en que estuvo solo sin mi me golpearon, su desesperación por verme, las lagrimas que no se atrevió a derramar, sin duda Miguel era uno de los ángeles más sensibles y perceptivos que existen, cada vez que me acercaba a él era como leerlo totalmente, por eso era tan reservado con los demás, nunca dejaba que lo tocaran o se acercaran demasiado a  él, siempre guardaba sus distancias para evitar que otros vieran lo que hay dentro de su corazón, el era capaz de leer a otros de la misma manera, así que lo deje ver lo mucho que lo admiraba, como su presencia tranquilizaba dolorido corazón.

Cuando su mano se abría camino debajo de mi camiseta nos separamos dando un fuerte suspiro, era ir demasiado lejos, no es como si no lo hubiéramos hecho ya una vez, pero fue demasiado doloroso para el darse cuenta que a pesar de su amor, mi corazón aun era de otro, no quería herirlo, pero inevitablemente siempre lo hacía.

-         Ángel, eres el enigma de mi vida, no hago más que desear tocarte y estar contigo, aunque signifique ver en tus sentimientos y encontrarlo a él, soy un masoquista – dijo recostándose a mi lado y sosteniendo mi mano.
-         Mientras no me digas que te enlistaste en la escuela no tengo problemas – él se enderezo solo lo suficiente como para mirar mi rostro.
-         ¿No lo sabes?, soy el nuevo maestro de música – dijo Miguel. Oh si la vida es bella, Miguel y Francesco en el mismo lugar, y yo en medio.
-         Oh si baby – grite riendo como demente – la vida no podría ser mejor.
-         No hace falta el sarcasmo, pero las circunstancias lo ameritan, dentro de esa escuela hay otro demonio, otro a parte de Eloísa, fue detectado la otra noche justo entre estos bosques, su presencia va a viene, y es poderoso, mi misión es encontrarlo y liquidarlo, ángel este demonio hace que Eloísa parezca un chiste, créeme, es viejo, no digo que sea tan viejo y fuerte como yo – agrego como para quitarle importancia al hecho de que había un enemigo más en esa escuela – pero el problema esencial es que se oculta demasiado bien, así que ahí está mi reto, debo encontrarlo.
-         Yo no he sentido nada, si es tan fuerte, como es que nadie…

Mis palabras murieron en mis labios, un demonio poseyendo un cuerpo humano, no es detectable y puede ser un demonio fuerte, en el momento menos esperado podría atacar y ni siquiera lo veríamos venir.

-         Ahora entiendes, ustedes son guardianes no pueden dañar vidas humanas, pero esto es una emergencia, por eso fui enviado, si es necesario, una vida humana tendrá que ser sesgada y solo un arcángel tiene la autoridad de tomar esa responsabilidad en sus manos – hablo con seriedad.

Francesco

La furia quemaba desde mis entrañas, cuando comencé a seguir a ángel a través del espeso bosque no espere encontrarme con eso, no ciertamente no estaba en mis planes… que para ser honesto no tenía ningún plan en particular. La escena fue demasiado cruel para mis ojos, Ángel, mi Ángel besándose con ese tipo.

Un temblor atravesó todo mi cuerpo desde los pies hasta la punta de mis cabellos, de pronto mi piel se sentía demasiado caliente, camine sosteniéndome de los troncos de los árboles para evitar caer. El lago estaba cerca si lograba meterme ahí, solo un minuto para controlar este horrible calor que me quemaba por dentro.

Pero no lo lograría: “al final parece que he ganado yo” mis labios dándole vida a esas palabras, frías y lisas plumas como seda extendiéndose en forma de alas, negras como la noche.

Ángel

Miguel se levanto de pronto, sus ojos alertas escudriñando a través de los árboles. Los bellitos detrás de mi cuello se erizaron en un instante, ahora podía sentirlo, un ser lleno de furia, con sed de venganza.

-         Ángel necesito llevarte de vuelta al colegio – dijo Miguel tomando la mochila y haciendo que las cosas se recogieran del piso como por arte de magia.
-         No, si me llevas le perderás el rastro, déjame ayudarte, somos un gran equipo, necesitas alguien para cuidar tu espalda, no te dejaré ir solo – dije, pero su mirada fue tan severa, que decidí parar la inútil discusión.

Regresamos lo más rápido que pudimos, en momentos como estos odiaba mi débil cuerpo humano, mientras Miguel atravesaba sin problemas los sinuosos caminos del bosque, yo apenas si podía respirar con normalidad, y mi cabello se quedó atorado entre las ramas de los árboles más de una vez.

-         ¿Tan malo es? – pregunte apenas en un susurro, el solo asintió.

 El bosque estaba antinaturalmente callado, ni un solo sonido, más que el viento moviendo las copas de los arboles, me estremecí cuando un pequeño ratón salió de la nada disparado corriendo como si la vida se le fuera en eso.

-         ¡Ángel al suelo! – grito Miguel pero reaccione mal, mi pie resbalo y caí de culo resbalando por una ladera que llevaba a un pequeño arroyuelo.

Me quede quieta, levante la vista pero Miguel no estaba ahí, por supuesto que no lo estaba “no te muevas de ahí, estarás a salvo, él aun no te ha visto, quédate ahí, es una orden”.

Su voz entrando directo a mis pensamientos, el estaba de cacería, solo que esta vez dudaba notablemente quien sería la presa y quien cazador. Me levante del fango, con el trasero mojado y sucio, mis brazos tenían raspones y arañazos, y mi cabello, bueno eso era lo de menos.

El sonido de la hojarasca moviéndose, pasos, alguien me acechaba, podía sentir su mirada fija en mi espalda, y por un momento tuve el impulso de salir de corriendo, pero en lugar de eso decidí encararlo. ¿Qué tan malo puede ser?, me pregunte a mí misma, he peleado con demonios durante más de 10 años.
¿Qué tan malo puede ser?, repetía mi cerebro una y otra vez, mientras intentaba procesar la imagen frente a mí, ojos rojos carmesí, un sonrisa confiada y arrogante,  cabello oscuro teñido en las puntas de un purpura intenso, y alas negras como la noche, plegadas en su espalda. Era Fran, nunca tuve oportunidad de verlo de esta manera antes, cuando lo conocí era un lindo y tierno chico asustadizo, con un profundo sentido de culpabilidad a casusa de su vida pasada, y ahora estaba cara a cara con esa vida pasada, justo ahora.
No se movió ni un centímetro, simplemente me observo, esa sonrisa arrogante comenzaba a molestarme, mi cabeza simplemente no podía razonar, solo podía repetirme una y otra vez, “esto es una pesadilla, no es real”.

-         Necesitas que te pellizque para asegurarte de que esto es real – hablo, su tono de voz era el mismo, pero tenía un toque elegante y profundo.

No pude reaccionar, una bola de luz salió disparada en su dirección y salto para esquivarla. Miguel salió de entre los arboles poderoso y confiado. Se acerco en una fracción de segundo a Fran y pronto todo lo que podía distinguir eran borrones de movimiento, golpes asestados por Miguel siempre fallando su objetivo y Fran solo esquivándolos, sin borrar su sonrisa tonta de la cara.

Lo sentí antes de percatarme de la presencia que nos acompañaba, una fría hoja de metal directo en mi brazo, sangre goteaba y el aguijonazo de dolor no se hizo esperar, reprimí un grito mordiendo mi labio.
Eloísa estaba justo frente a mí. Mostrando su cabello rojo como el fuego en furiosos rizos indomables, y sus ojos amarillos como gato mirándome con enferma diversión, esta noche no ocultaba sus alas, eran negras con los bordes pintados de carmín, vistiendo un vestido que apenas si le cubría lo indispensable.

-         Nunca bajes la guardia niña consentida – dijo antes de lanzarse sobre mí, sus uñas fueron directo a mi cara, pero yo ya estaba lejos de estar distraída, lancé un fuerte golpe que asestó justo bajo su mandíbula haciéndola retirarse lo suficiente como para extraer la daga de mi brazo y empuñarla para poder defenderme, el frio metal era como ácido en mis manos, quemo mi piel y con pánico invadiendo mis sentidos deje caer la hoja al suelo.
-         Ángel – grito Fran, de pronto su voz sonaba totalmente distinta, uno de sus ojos aun teñido de rojo sangre y el otro brillando con ese precioso verde musgo.

Las cosas pasaron en fracción de segundos, Eloísa saco una nueva daga y la lanzo directo a mi pecho, Miguel apenas si podía reaccionar ante tal acción, estaba muy lejos de mí y agotado por la batalla sin sentido que había comenzado con Fran. Y Fran, en un parpadeo estaba frente a mi bloqueando la daga, escuche el sonido del metal incrustándose en su espalda, hizo una mueca de dolor, y sus alas se desmoronaron como ceniza, sus ojos regresaron a su color habitual, y su cabello regreso a ese rubio platinado normal.
Miguel corrió tras Eloísa, dejándome con un Francesco al borde de la inconsciencia.

-         Fran,  mírame, no cierres los ojos, la ayuda no debe tardar – dije, sosteniéndolo con mi brazo sano.
-         No importa – murmuro – aun si muero hoy me iré tranquilo, sabiendo que tu estas bien – dijo acariciando levemente mi mejilla.
-         No vas a morir, Iris vendrán pronto y Selene también y … - no termine mi frase, su mano se poso en mi nuca y me atrajo a su rostro, me beso, me beso como había deseado que lo hiciera desde hace más de 10 años, era como si ese beso tuviera el poder para sanar a mi pobre corazón herido, haciendo que un calor que no puedo explicar con palabras se instalara en el centro de mi alma, el calor se extendió hasta mi brazo y cuando nos separamos note que mi brazo ya no sangraba más.
-         Te amo – dijo, luchando por pronunciar esas palabras, y luego sus ojos se cerraron.



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