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domingo, 18 de diciembre de 2011

Capitulo 4

Francesco

-          Lo siento – dijo Selene, mientras Gregory la sostenía de forma protectora.
-          Chicos no ha sido su intención causar problemas, ella solo pensó que un poco de celos harían reaccionar a Tony – defendió Greg.
-          Ese no es el punto, me he sentido como la mierda desde ayer, estaba a punto de renunciar a la misión, como no pudo decirlo antes.

Y es que después de mi beso con Tamara una junta fue convocada, y ahí Selene confeso ser quién nos manipulo para que ese beso sucediera, justificándose que la intención era que Tony lo supiera y por fin reaccionara para ir a por Tama, aun así fue algo que causó demasiados conflictos.
- Eso no me hace cambiar de parecer, quiero cambiar de equipo, no puedo trabajar con Francesco – sentencio Ángel, dios desde que ella llego mi pobre corazón no ha tenido paz.
- ok, yo trabajare con Fran y Selene, tu estarás con los chicos, Nick y Greg cuidando de Tony – dijo Iris.
- Soy feliz con eso – agrego Áng.
Con eso se daba por concluida la junta, aunque ciertamente no solucionaba gran cosa.
-          Un favor – dijo Ang, justo cuando ambos salíamos de la oficina de Iris – no me vuelvas a hablar, solo si es extremadamente necesario – y con eso me dejo helado.
-          Sabes, eso fue cruel – dijo Iris, tomando mi mano en forma de consuelo.
-          Lo merezco, así que esta bien – dije secamente.
-          Seguro que estas bien, puedes quedarte un rato más y platicar con migo.
-          Estoy bien, Nick recién llega, es mejor que estén juntos tienen tiempo sin verse – ella asintió, y yo finalmente logre salir.

Me sentía asfixiado, cansado, no sabía, continué caminando hasta que me canse, alrededor de la escuela había un pequeño bosque, básicamente un encinar, era agradable estar ahí, respirar aire limpio, lejos de los miles de pensamientos negativos.

-          Intentado alejarte de los malos pensamiento – siseo una voz que me helo el corazón.
-          Claro por que no tenías que venir tú a terminar de arruinar mi vida – dije sin molestarme en voltear para ver a mi acompañante.
-          Pensé que eso ya lo había logrado – dijo pasando sus dedos sobre las cicatrices en mi espalda, con tan solo una fina de tela protegiéndome de su gélido toque no pude evitar temblar un poco.
-          ¿Qué quieres?, no estoy de humor.
-          Yo tampoco, tu noviecita lo esta jodiendo todo – dijo serpenteando su brazo hasta entrelazarlo con el mío.
-          Jajaja, ¿si, jodiendo todo para quien? – me burle.
-          Quiero a ese niño, lo sabes, pero simplemente no cae en mi seducción.
-          Es un chico listo – conteste separándome bruscamente de ella.
-          No es broma, si no se quita de mi camino no me hago responsable de las consecuencias – ladro.
-          Eloisa, si quieres amenazar a alguien amenázala a ella, déjame solo por amor de dios estoy harto de ti – grite.
-          Estás en el limite Fran, y lo estas perdiendo – se burlo, sus amarillos ojos brillaron con malacia – Francisco esta ahí, cada días es más fuerte que tu, y ese dios tuyo no parece querer devolverte tus alas, estas indefenso, no desquites tu frustración con migo, yo solo te informo mis planes, no eres mi enemigo, al menos no lo serás en poco tiempo.
Habíamos llegado al pequeño lago en el lindero del colegio, al ver mi reflejo un par de ojos rojos me dieron la bienvenida, mi cabello tenido de negro azabache, las puntas teñidas de púrpura, y un par de alas espectrales color negro como la noche



Anthony

Perdía el tiempo en la cancha, últimamente el juego parecía absorber la mayor parte de mi tiempo libre, pero patear el balón era la única forma en que mi mente no se atormentaba con mil preguntas sin respuestas.
-          ¡Tony basta!... yo ya no puedo más – jadeo mi mejor amigo Rodrigo.
-          ¿Qué hora es? – pregunte regresando a la realidad.
-          Casi las 6.
-          Rayos – esta mañana me habían asignado para ser tutor de una chica que tenía bastantes problemas con física y matemáticas, mi cita era a las 5 pm en la biblioteca, seguro ya no habría nadie  esperándome, pero tenía que cerciorarme gracias hermano te veo luego.

Me di la ducha más rápida en la historia y después de ponerme ropa limpia corrí hacia la biblioteca.
A esta hora del día el sitio estaba casi vacío, la mayor parte de los alumnos son de alto rendimiento así que los deberes se hacen temprano, solo una mesa estaba ocupada, y a lo lejos se distinguía la figura de una chica. Conforme me acercaba me di cuenta de quien era, y vaya que vida más irónica.

Ángel estaba sentada intentado descifrar algo de un libro de calculo, tenia puestos los audífonos de su celular, y la tenue luz que se filtraba por el ventanal hacia brillar ese hermoso par de alas blancas, ya había visto Ángeles antes, pero sus alas me habían atraído cual palomilla a la luz, y es que los demás tenían alas pero no eran totalmente blancas, en algunos los bordes se teñían de dorado, plateado y otros colores más, está era la primera vez que veía un par de alas totalmente blancas, y que a pesar de ello brillaban como si estuvieran cubiertas con pequeños y delicados diamantes , casi podía imaginar la suavidad de de las plumas, como fina y calida seda.

Ella ni siquiera pareció notar mi entrada, continuaba mirando el libro y luego a su libreta, finalmente parece haberse cansado y levanto la vista, sus preciosos ojos azules se abrieron de par en par con sorpresa y se saco los audífonos al instante.

-          Gracias al cielo que llegas, pensé que jamás vendrías, necesito ayuda con esto, ¿qué piensan que soy?, no se supone que una estudiante de 15 años lleve cálculo diferencial  e integral – mi mal humor se disipo por completo y no pude evitar sonreír.
-          Es un colegio de alto rendimiento se espera que traigas conocimientos avanzados de casi todas las materias, ¿no enseñan cálculo en el cielo? – ella se levantó y tapo mi boca, me jalo hasta sentarme en la banca donde estaba.
-          Estas loco, no lo digas en voz alta – dijo mirando los vacíos pasillos y relajándose al ver que estábamos solos.
-          No hay nadie, tranquilízate – dije tomando la mano que tapaba mi boca.
-          Perdón, las cosas no están bien por aquí, estoy un poco paranoica- dijo sentándose en la silla junto a mi.
-          ¿Tama esta bien? - mi mente volaba a mil ideas aterradoras sobre lo que podría pasar si alguien supiera lo del beso, si la expulsaban, mis padres no podrían pagar la matricula en ninguna otra buena escuela, tendría que estudiar en un colegio publico, la simple idea de estar lejos de ella me aterraba.
-          Para esos pensamientos locos, no pasa nada con ella, solo son problemas personales – dijo soltando mi mano, no me había dado cuenta que aun la sostenía.
-          Bueno, veamos que puedo hacer para que estos problemas dejen de romperte la cabeza – dije tomando su libreta de apuntes.

Pasamos las siguientes dos horas resolviendo ejercicios de cálculo y física, me sorprendía la rapidez con la que aprendía, en una tarde avance básicamente lo que equivale a un curso básico y conforme más aprendía más parecía querer aprender. No podía dejar de maravillarme con su rostro, cada expresión era graciosa y única, sus comentarios me hacían reír con facilidad, y cuando algo no le salía como quería sus alas brillaban aun más.
-          hey, hey… tierra llamando a Tony… tengo sueño ya vamonos – dijo jalando un mechón de mi cabello de forma juguetona.
-          Oh si claro – conteste un tanto avergonzado, estaba demasiado absorto mirándola que ni siquiera escuchaba lo que decía.
-          Te puedo regalar una foto te aseguro que dura más – dijo en tono burlón.
-          Sólo si en la foto salen tus alas – contesté y ella palideció – lo siento no debí decirlo perdón.
-          No es culpa tuya, no te disculpes, es solo que no me acostumbro a que tus ojos puedan vernos tal como somos, eso algo tan raro.
-          La verdad es que tus alas son increíbles, cuando estas cerca, es como si una ola de paz invadiera todo – murmure.
-          Soy como mejor que las endorfinas, cuidado que te puedes volver adicto – se burlo.
-          ¿Esto es serió, dime Tamara va estar bien?,  ¿por eso estas aquí? – pregunte, la idea de ella cuidando de Tami era mejor que Francesco, yo sabía que él le había salvado la vida pero aun así los celos me comían por dentro.
-          No exactamente, en realidad se supone que ahora yo debo cuidar de ti – dijo mientras recogía sus cosas de la mesa.
-          Y no me drías nada más, ya lo sé es secreto profesional de ángel – dije en tono burlón, pero ella no sonrió.
-          Es más complicado que eso, pero lo importante al menos para mí es asegurarme de que tu estés a salvo, no te preocupes por Tamara está en buenas manos – me consoló, como si eso fuera posible.
Saber que Tama no era mi hermana era más doloroso, porque entonces el único motivo que nos separaba era una falsa barrera de fraternidad entre hermanos, que no existe, aunque claro explicarle a tus padres que te gusta tu hermana adoptiva tampoco era algo fácil.
-          Ya deja de torturarte, lo que deba pasar pasará, ahora vamos a cenar quieres – dijo ella tomando mi mano y arrastrándome lejos de la biblioteca.
Su toque en mi piel era cálido y reconfortante, jamás me ha gustado confiar mucho en las demás personas, siempre he sido receloso porque a simple vista puedo distinguir si se trata de una buena compañía, pero con Ángel era todo tan espontaneo que sacaba mi lado inseguro, ella era como una hermana mayor tratando de protegerme y al mismo tiempo la calidez de su mano en la mía me hacía sentir mariposas en el estomago. ¿Estará permitido enamorarse de un ángel guardián?. Esa idea se quedo colgando en mi mente, desearía jamás habérmela planteado.

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