primavera

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martes, 29 de noviembre de 2011

Capitulo 3

Francesco

Sus manos se entrelazaron detrás de mi cuello, el suave tacto de su piel contra la mía me devolvió a la realidad, una realidad horrible, ¡qué rayos estaba haciendo!, Tamara solo es un niña, y no es cualquier niña, es mi protegida. Y por lo visto yo solo un ángel nefasto que siempre comete errores.
-          Tamara – dije separándome lentamente de ella – esto no es correcto.
Ella solo parpadeo aturdida, se tapo la boca con las manos, y negó lentamente con la cabeza.
Lo siento – dijo, y antes de que pudiera reaccionar, salió corriendo lejos de mí.

No quería volver a la estancia de docentes, Iris iba a hacerme papilla. Deje que la lluvia me mojara completamente, al llegar a mi dormitorio sentí la debilidad de mi cuerpo humano, estaba empezando a entumirme, si no fuera un ángel caído no sufriría tanto en un cuerpo mortal, pero bajo esa condición yo era susceptible a todo tipo de enfermedades, justo ahora era incluso más débil que  Ángel y eso me desesperaba.

Decidí darme una ducha con agua tibia, mientras intentaba aclarar mis pensamientos. Todo sería tan distinto sin tan solo no hubiera caído, pero no lo sabía, la primera vez que vi a Eloísa reencarnada en ese cuerpo humano quede perplejo, pero creí que estaba bien ella jamás podría recordarme... pero me equivoque, ella recordó, y una vez convertida en demonio recibió su pago. Una noche con migo, tuvo mi cuerpo y mi alma a su antojo, me dejo marcado con la deshonra del traidor, perdí mis alas, perdí a Ángel, incluso perdí mis ganas de existir.
-          Abre la maldita puerta – se escucho un grito mientras alguien aporreaba la puerta con todas sus fuerzas... alguien llamado Ángel.
Envolví una toalla alrededor de mi cintura y salí para atender la puerta, Ángel estaba furiosa, empapada y con una mirada más atemorizante que el infierno mismo.
-          La besaste! – chillo señalándome mientras me hacia retroceder hasta llegar al borde mi cama.
-          Cometí una falla, y me hare respon...
-          Cállate – dijo empujándome hasta botarme en la cama – no dijiste adiós, solo una nota y un charco de sangre, casi muero de miedo, creí que habías muerto, y cuando te veo de nuevo solo dice “gusto en verte”... y claro ahora vas y besas a la persona que debes proteger, a una persona que está destinada para alguien más – apenas si le alcanzó el aire para  soltar todas palabras de un solo tajo.
Suspire – uno... quítateme de encima, estoy desnudo y esta posición es incomoda – ella parpadeo al notar la posición extraña de nuestros cuerpos y juro que casi la vi sonrojarse – dos... no te abandone, pero soy un ángel caído así que básicamente interactuar contigo es algo que tenía prohibido, hasta que ellos cumplan 15 se supone que no debía verte de nuevo, y tres... me beso, he hice mal en besarla, pero yo me hare cargo de la situación.
Ella no dijo nada, se quedo de mirándome con la boca entreabierta... aunque en realidad no me miraba a mí, miraba el espejo a mis espaldas, el reflejo de mi espalda y un par de enormes cicatrices donde antes estaban mis alas. Sus ojos se empañaron de lágrimas.
-          Ang... – murmure – Ángel, dime algo, lo que sea – dije intentado tomar su mano, pero ella se alejo de mi.
-          No – balbuceo, enormes lagrimas bajando por sus mejillas – no quiero hablar, esto no me corresponde, yo me rindo.
-          Viniste por una explicación y ahora huyes –pregunte confuso.
-          No, no vine por eso, vine a decirte que se acabo no trabajaré contigo, discutiré esto con los chicos, cambiare de lugar con Irialis o con Nick, no importa, yo solo no quiero estar cerca de ti – dijo dándome la espalda y marchándose tras un gran portazo.
Me tire en la cama, y tome el control remoto del estero, a todo volumen sonando “Love song de Bi Rain”, jaja vaya ironía. H ay días malos, días en los que la vida es una perra... y te muerde, te muerde donde más te duele.

(Tamara)

Para que hacerme tonta, eran las 5 am y no había podido dormir en toda la noche, como pude ser tan boba, porque rayos grite a los cuatro vientos lo del beso. “Por celosa e infantil”  canturreo un vocecita burlona en mi cabeza.

Si, era la verdad, cuando vi a Tony sosteniendo a Ángel para que ella pudiera subir las escaleras los celos me ganaron, no pude evitarlo, quería que lo supiera, que es totalmente reemplazable. Pero él no fue el único en enterarse, por mi imprudencia podían correr a Francesco y la culpa me mataba.
Me levante y aliste para las clases, aunque lo ultimo que quería era entrar mi primera clase… era Italiano y pretendía evitarla a toda costa.

Eso me dejaba solo dos salidas, 1.- Sentarme en un oscuro y apartado rincón a llorar mis penas… o 2.- Intentar solucionar la situación. La segunda opción era un poco complicada, la única persona que quizá me ayudaría sería la psicología y consejera Irialis, solo esperaba que no fuera una total chiflada por ir a buscarla a estas horas de la mañana.

Me sentí una tonta, parada frente a la puerta de la oficina de la consejera sin tener la menor idea de cómo exponer mi caso, me sentía como un abogado barato sin ningún argumento bueno para defender a mi cliente. Suspire fuerte y cuando estaba por llamar a la puerta Iris apareció en el pasillo cargando un montón de papales y sosteniendo precariamente un par de cafés y una cajita de galletas.
-          Hola Tami, ¿podrías echarme una mano con esto?-  pregunto sonriendo, ese era uno de los motivos por los cuales ella era la consejera, a su alrededor las cosas malas pesaban menos, iluminaba y llenaba d alegría cada rincón donde estuviera.
-          Si – balbucee, tomando los cafés y las galletas
-          Uff, gracias con eso bastará – saco sus llaves y abrió la puerta – vamos acompáñame a tomar un café, porque supongo que no has venido a verme por nada.
-          Yo… mmm… si – dije entrando.
Después de acomodar sus papales se sentó junto a mí en ese enorme sillón que tiene en su oficina.

-          Te escucho – dijo tomando un sorbo de su café – y prometo no interrumpir hasta que hayas terminado.
-          Yo bese a mi maestro de italiano – duh, eso si que sonó estúpido – bueno es que, no se porque lo hice, es guapo y lindo con migo, y me gusta un montón … pero usted sabe lo que yo siento por Tony, y entonces ayer el mounstro de los celos se apodero de mi, y ahora Tony sabe que bese a Fran y no solo Tony lo sabe, mis compañeras de dormitorio también, el punto es que no fue nada, no quiero que el profesor tenga problemas por eso – dije apenas si me alcanzo el aire para soltar toda la historia.
-          No creo que tus amigas digan nada, tampoco creo que la chica nueva lo diga, no creo que debas preocuparte por eso.
-          Perdón pero creo que si debería, rompí una regla importante, ningún maestro puede tener alguna relación sentimental con alumnos.
-          Ok, lo besaste, pero según lo veo no tienes intensiones de tener una relación sentimental con él.
-          Pues no, de hecho no se con que cara lo voy mirar de nuevo, estoy demasiado avergonzada, el ha estado para mi en momento de locura y desesperación total ahora me siento un traidora.
-          Escucha, si algo llegara a surgir te prometo interceder y Francesco no perderá su trabajo – me consoló — lo que me preocupa aquí es que sigas negando la posibilidad de que entre tú y Tony pueda haber algo, ustedes no son hermanos, y me consta que el te ama.
-          Nuestros padres nos criaron como hermanos, jamás aceptarían una relación, antes de eso seguro nos alejarían uno del otro, no creo poder vivir lejos de él así que prefiero tenerlo cerca aunque no pueda ser nada amas que su hermana.
-          Y él?, te has preguntado lo que él quiere, no puedes basarte solo en ti, o en tus padres, tarde o temprano deben aceptar la realidad, ustedes no son hermanos, no tiene nada de malo sus sentimientos.
-          Yo lo se, pero ellos… no puedo hacer esto, quizá cuando sea mayor y, cuando me valga por mi misma y tenga el valor de votar todo… pero no puedo … quizá solo es un capricho, tengo 14 años.. casi 15… nadie se puede enamorar de verdad a esta edad – dije intentando esconder las lagrimas de mis ojos
-          No creo que conversar esto nos lleve a lago, mmm que te parece si te doy un permiso para faltar a tu clases de italiano por una semana, y a cambio tu me ayudas a organizar mis archiveros- eso fue música para mis odios.
-          En serio - ella asintió – si en verdad necesito ayuda – su pobre oficina sí que lucía un poco desordenada.
Aunque claro unas semanas sin clases de italiano no resolvían mi problema, solo me daban tiempo, tiempo para pensar en qué demonios hacer con mis torpes sentimientos.

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