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domingo, 19 de junio de 2011

Capitulo 28

Voi sapete che mi manca?
¿Sabes que te extraño?

Estoy segura de que existen formas más sutiles para ser despertado, sin embargo mi primer recuerdo coherente desde que obtuve de vuelta mis alas es la de una azafata canturreando: “Bienvenidos a la bella Italia”, en italiano.

Después de un mes viviendo en Roma, hay tres cosas que en definitiva odio:
  1. No entender ni la mitad de lo que las personas me dicen, mi italiano es fatal.
  2. La diferencia de horario me pone de nervios, por la noche no duermo y de día no paro de bostezar.
  3. Extraño demasiado a Nick, y él no ha contestado ni una sola de mis cartas.
Papá dice que no me preocupe, Nick fue asignado a una misión muy importante, ese es el motivo por el cual no ha podido contestar.

-          Hora de la clase de runas con Uriel – dijo Darío sacándome de mis depresivos pensamientos – insisto que deberías darte las clases en italiano, a estas alturas ya deberías hablar y entender lo básico – se quejo mi nuevo tutor.
Estoy en mis 5 minutos de depresión – masculle escondiendo el rostro entre mis manos para ocultar mis lagrimas.
-          Él día en que conozca ese tal Nick lo golpeare por hacerte llorar – dijo él tomando mi rostro entre sus manos y secando mis lagrimas con sus pulgares.

Darío era mi tutor de combate, y sin querer de algún modo nos habíamos hecho buenos amigos. Darío es alto casi 1.90, piel bronceada, ojos miel, y cabello lacio rubio, siempre usa jeans y camiseta azules, y su voz es como el ronronear de un gato, sexy y tranquilizadora, él dice que si nos hubiéramos conocido antes se habría asegurado de que nunca nadie me hiciera llorar.

El agotamiento de los entrenamientos era bueno, me dejaba lo suficientemente cansada para no tener pesadillas, más que pesadillas eran como retazos de mis recuerdos, el listón blanco de Nico bañado de sangre, mi sangre, mis alas desgarrando mi piel, dolor, y más dolor... me preguntaba a veces como estaba Nico, si habría encontrado a Alanís, o si aun vagaba solo buscando su misión en la vida.

-          Concéntrate Iris – gruño Darío, antes de tirarme en la colchoneta después de un firme ataque.
-          Eso dolió – me queje sobando mi cabeza.
-          Deja de estar comiendo moscas- se burlo – ¿de qué te ríes? – pregunto al ver mi sonrisa.
-          De nada- mentí
-          Dime – volví a sonreír – oye que tramas?
 No le vise saque mi botella de agua de mi mochila y moje su cara.
-          Pato, pato, pato jajaja ganso – me burle, corriendo para evitar que me quitara mi botella.
-          Pequeña loca, ven aquí, pagaras por esto – se lanzo cayendo sobre mí, el agua se derramo en el piso, ambos respirábamos entrecortadamente.
-          Lo siento, no pude resistir, me encanta hacerte esto – dije soplando en su pelo, para alejar un mechón húmedo de su cabello.
-          No hagas eso, comiste camarones, tu aliento apesta – se burlo.
-          Quítate ya, pesas un montón  - me reí.
-          Vaya, parece que te diviertes, aun sin mi – dijo una voz, la voz que más había anhelado escuchar por semanas.
Nick estaba de pie, a pocos metros de nosotros, Darío se quito de un salto, yo me levante como si la vida se me fuera en ello.
-          Creo que salgo sobrando, ejem... me voy – dijo Darío, maldito cobarde.
-          ¿Esto no se ve bien, a que si verdad, estas molesto? – pero Nick no contesto.
Camino un par de zancadas hasta alcanzarme, me tomo por la cintura atrayéndome contra su cuerpo, y me beso con fiereza, robándome el aire, haciendo volar mi mente, recordándome porque él es el único en mi vida.




Cuando por fin rompimos el beso, nos quedamos mirando fijamente unos segundos, Dios como lo había extrañado.
-          Hola – murmuró él, enterrando su rostro en mi cabello.
-          Eres un celoso de lo peor – me burle besando su cuello.
-          Bueno es tu culpa, por hacerme quererte tanto – dijo separándose de mi un poco y tomando mi manos.
-          Hay algo que tengo que explicarte, pero necesito primero encontrar al arcángel Uriel  – dijo en tono serio.
Caminamos atreves de los atestados pasillos del instituto, hasta las oficinas de los maestros, en Italia Uriel era el director del instituto, apenas si se daba tiempo para mis clases, así que me extraño el hecho de que nos dejaran pasar sin problemas. Pero más me sorprendí al encontrarlo acompañado de mis mejores amigos.
-          Por fin llegaron – dijo Francesco sonriendo de oreja a oreja.

Al parecer esta era una reunión inesperada, solo para mí, pues mis amigos: Francesco, Ángel, Selene y Gregory parecían ya llevar un buen tiempo esperando por nosotros.
-          Qué bien que estén todos, ahora podernos comenzar – dijo el Uriel entrando a la habitación.
La primera vez que vi a Uriel jamás hubiera imaginado que fuera un arcángel, la verdad lucia casi de nuestra de nuestra edad, piel blanca como la leche, ojos azules casi grises y hermoso cabello rubio platinado, y siempre con una sonrisa traviesa en el rostro.
Cada cierto tiempo nacen seres humanos con misiones de vital importancia, se les confían conocimientos y habilidades únicas, que son lo suficientemente fuertes como para influir en el mundo de una forma contundente. Luis Pasteur, Roberto Kotch, mil un científicos que día a día aportan su granito de arena a descubrir la cura de aquellas enfermedades que aquejan al mundo, todos tienen algo de ese conocimiento en su interior, pero el alma destinada a nacer en unos pocos meses es sumamente especial, podría tener la cura para una de las enfermedades más devastadoras de todos los tiempos... el cáncer.
Un conocimiento así de importante no se puede arriesgar, así que fue dividido en dos almas gemelas, que al encontrarse podrán dar paso a un milagro. Pero no hay bien que el mal no quiera parar, y estos chicos necesitan guardias especiales, no basta un ángel de la guarda.
Hay un pequeño ritual vinculante, tres ángeles se comprometen a ser los guardianes de esa alma, la protección se activa desde el momento en que nacen. El candado es el ángel de mayor rango por lo general un guerrero, la cadena es el segundo al mando, y quien lleva el mayor riesgo, ya que el vinculo con el protegido es más fuerte en él, si el protegido llega a estar en peligro mortal su cadena es quien puede morir en su lugar, y finalmente la llave, es el ángel de la guarda que lo cuidara hasta antes que cumpla los 15 años, en esa edad se define si su alma será marcada para el cielo o para el infierno.
Esa es nuestra misión, Nick, Selene y yo cuidaremos del chico, Ángel, Francesco y Greg cuidaran de la chica, dentro de 15 años, nos volveremos a reunir, hasta entonces nuestra misión era entrenar duro, la llave de cada equipo cuidaría de los chicos durante su infancia: Selene y Greg eran las llaves en sus respectivos equipos, el resto no entraremos en acción hasta el momento preciso.


******
La vida rara vez nos permite seguir un plan, a veces es mejor vivir el momento, sonreír en los momentos felices, llorar en los tristes... pero sobre todo amar con todo el corazón.

-          Levántate floja, tienes que ir a entrenar – murmuro Nick haciéndome cosquillas con  las puntas de sus dedos sobre mi espalda desnuda.
-          Es domingo, hoy no entreno – conteste acurrucándome contra su pecho, el río en voz alta.
-          Eso era con Darío, ahora yo soy tu instructor- dijo mordisqueando mi oreja,
-          ¿Es enserio? – gire para verlo, pura dulzura en esos hermosos ojos oscuros.
-          Dentro de 15 años tendremos mucho trabajo por hacer, mejor que te acostumbres.
-          Créeme ya trabajo lo suficiente con Uriel – dije enderezándome y tapando mi cuerpo con una de las mantas, el sonrió.
-          De nada sirve que te tapes, ese cuerpecito es todo mío – dijo jalándome de vuelta a la cama.
-          Dijiste que era hora de entrenar – gruñí.
-          Ok, cambie de opinión que sea en una hora – dijo colocando sus labios sobre los míos, haciéndome perderme en el tiempo y el espacio.

 Fin

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