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miércoles, 8 de junio de 2011

Capitulo 27 (penultimo capi)

Adiós al paraíso

-          Sé que no es una decisión fácil, pero nadie puede obligarte a hacerlo si no quieres- repitió papá por enésima vez.
Solo dos opciones, y ambas eran tan radicales, ambas me separaban de Nick: 1) regresar a ser humano y olvidar todo lo que he vivido en el instituto y 2) aceptar mis alas y con ellas una misión que me aleja de Nick por tiempo indefinido.
-          ¿Solo tengo dos días para elegir cierto? – papá asintió.
-          Nick llego anoche pero aun esta herido la recuperación llevará un par de días también – la recuperación requería de que Nick permaneciera dormido por casi tres días.
-          Tome la decisión que tome ni siquiera podré decirle adiós – murmuré.
-          Sé que es difícil pequeña, pero como ángeles el libre albedrio en algunas cosas es algo de lo que no podemos darnos el lujo, nuestras misiones siempre están primero – esas palabras eran más fuertes que nada, lo sé, incluso viví 18 años de mi vida lejos de papá por ellas.
Me senté en la pequeña sala de espera de la enfermería, mi corazón inquieto, mi mente hecha un lio. Solo una puerta me separaba de Nick, pero las palabras de papá hacían eco en mi cabeza, las misiones siempre son antes que todo. Finalmente tomando fuerzas me aventurar a entrar en la habitación. Nick estaba en la camilla, símbolos de luz lo rodeaban como si estuviera en una esfera de cristal.
Por recuperar mis alas, el término así por recuperar mis alas... dios verlo así dolía tanto que no pude manejarme y las lágrimas empezaron a correr por mi rostro. No podía renunciar a ser un ángel, al menos de eso modo jamás podría olvidarlo, y siempre nos queda una eternidad para volvernos a encontrar.
Salí hacia mi cuarto, tenia equipaje por arreglar, y muchos amigos de los cuales despedirme. El instituto de un momento a otro me hizo sentir en casa, ahora la melancolía envolvía cada sitio, los recuerdos que viví en cada lugar me acompañarían en mi viaje. Tan despistada iba que casi choco con alguien.
-          Perdón – me disculpe ante pobre chico que casi atropello.
-          Despierta bella durmiente – se burlo Nico – me asustaste ni siquiera te había visto – conteste con una sonrisa de oreja a oreja.
-          ¿Así que te saldrás con la tuya he iras tras Alanís? – pregunte mientras Nico me ayuda a empacar.
-          Sí, eso parece, solo lamento que no pueda despedirte apropiadamente – se disculpo – hombre ni siquiera voy a acordarme de ti, eso es cruel – dijo en tono de broma.
-          Eso no es cruel, abandonar a Nick de esta manera si es cruel – dije dejándome sumirme en la miseria y la tristeza de lo inevitable.
-          ¿En serio no puedes decir que no?
-          Nací para ser un ángel, ya he cometido muchos errores, anteponiendo mis sentimientos, ignorando las ordenes de mis superiores... no puedo negarme ir a Italia a esa asignación.
-          No te preocupes, estoy seguro que Nick te buscará – me consoló envolviéndome en un cálido abrazo.
-          ¿No estás nervioso por el ritual de mañana?
-          No, lo que tenga que pasar pasará tu tranquila.

Lo cierto era que no podía dormir, no sabía qué hacer o que pensar, un terrible dolor me oprimía el pecho, que injusto el destino, no solo no podía despedirme de Nick, ni siquiera podía tocarlo, mientras estaba en recuperación la esfera de símbolos debía permanecer intacta.
Ya que no podía dormir decidí tomar a mi mejor amigo entre mis manos, lápiz y papel, las letras salían solas, esperaba que cuando Nick leyera esta carta me odiara un poco menos, no estar aquí cuando despertará era la cosa más cruel que podía hacerle.
En algún momento debí quedarme dormida, porque cuando abrí los ojos ya no estaba más en mi habitación, el sitio donde me encontraba recostada era un bello prado de flores: lirios, su aroma lo invadía todo, me puse de pie lentamente y comencé a caminar, se sentía como si una cuerda invisible tirara de mi, poco a poco, acercándome a una alta jacaranda en flor, el precioso color morado contrastando con el blanco de las flores de lis. Y ahí, recargado en el tronco de aquel árbol estaba Nick, mi corazón salto tan pronto lo vi.

-          Te tardaste mucho en llegar – dijo sonriendo con esa mirada picara en su rostro que lo hacia ver endemoniadamente sexy.
-          No sabía que me esperabas... dios mi cabeza es maravillosa, me da justo lo que quiero – murmure enterrándome entre sus brazos.
-          Hermosa, no podía estar lejos de ti más tiempo, no después de todo lo malo que te dije – se disculpo acurrucándome en su regazo, nos sentamos juntos contemplando el cielo azul.
-          ¿Así que no puedes salir de la esfera de curación pero viniste a visitarme en sueños?
-          Te sentí inquieta, algo dentro de mi me decía que necesitabas hablar con migo.
-          Pues tengo noticias, pero no son nada buenas – murmuré.
-          Te vas – dijo apretándome en un firme abrazo.
-          ¿Cómo lo sabes? – pregunte soltándome de su agarre para mirarlo directo a los ojos.
-          Siempre supe que eras demasiado buena para mí – dijo en tono burlón – eres especial – beso mi frente con ternura.
-          Pero no quiero irme – masculle.
-          Pero tienes que... no será tan malo, prometo alcanzarte pronto – me consoló acariciando mi espalda, tocando el sitio donde mis alas solían estar.
-          Si pudiera congelaría el tiempo para quedarme así contigo, juntos solo tú y yo – dije acercando mis labios a los suyos.
-          No importa donde estés, yo te amare siempre – era una promesa que sellamos con el más maravillosos beso, tierno, delicado, reflejo de cada uno de nuestros sentimientos.
Maldije al estúpido despertador, por su culpa tuve que abandonar mi lugar feliz. Mi ropa estaba empacada, mis libros había sido enviados ya a mi nuevo hogar, ahora solo quedaba esperar. Esperar a que anocheciera, para realizar el cambio.
Decidí salir a buscar a mis amigos, era la hora de las despedidas, al primero que encontré fue a Francesco en compañía de Ang.
-          Chicos... – murmure odiando interrumpir su tiempo romántico, amos se giraron a verme con una expresión de total felicidad.
-          Hey Iris, ¿Cómo estás? – pregunto  Ang corriendo a mi lado y dándome un fuerte abrazo.
-          Bien... supongo... me alegra verlos juntos al fin – Fran sonrió y se nos unió abrazándome también.
-          Escuchamos que te vas, buena suerte en Italia, si necesitas algo no dudes en llamarnos – dijo Fran, vaya las noticias vuelan.
-          Así es, Italia, Uriel dice que tengo que entrenarme en el conocimiento de símbolos antiguos, y concluir con mi instrucción en combate.
-          ¿Qué pasará con Nick? – dijo Ang, y esa pregunta dolió.
-          Yo espero que algún día nos volvamos a encontrar – dije dando una sonrisa forzada.
-          Y seguro te alcanzará pronto el loco no sabe vivir sin ti – agrego Selene entrando al salón de danza, seguida de Greg y Sorata.
-          Solo queríamos desearte buen viaje- dijo Sorata.
Después de un rato conversando con los chicos tuvimos que regresar a clases, estaba inquieta, no había visto a Nico en todo el día, quería despedirme de él también, aunque el quizá jamás me recordaría.
Cuando la noche cayo los nervios se me pusieron de punta, daba vueltas de aquí para allá, el traje para la ceremonia era una vestido blanco y un listo rojo que debía estar amarrado en mi cuello, inexplicablemente el vestido lucía justo como el de mi sueño. Fui escoltada por un par de ángeles centinelas hacia la capilla.
Casi me infarto al ver a Nico, pulcramente vestido con un pantalón y camisa blanca, pero en lugar de un listón rojo el suyo era blanco también. Un circulo d símbolos fueron marcados en el suelo del lugar, y en el medio una urna descansaba en el piso.
-          Hola pequeña, estas nerviosa – me saludo Nico dándome un tierno beso en la mejilla.
-          Un poco si – dije apretando sus mano cuando nos indicaron que entramos al círculo.
Papá llego unos minutos después, con el viejo libro que me ayudo a descifrar como ayudar a Nick.
-          Bien chicos, Nico recuéstate en el piso junto a la urna – indico papá – Iris recuéstate sobre el mirándolo de frente – parpadee insegura ante la indicación.
-          Está bien, el ritual así lo requiere – me tranquilizo  Nico.
Me recosté sobre el descansado mi peso en los codos para no aplastarlo.
-          Vamos iris venga, no pesas nada, confía en mí – dijo Nico.
-          Iris descansa tu frente sobre la de Nico – indico papá, y así lo hice, los ojos de Nico nunca se cerraron y por consecuencia tampoco cerré los míos, era imposible evitar una mirada como esa.
-          Me dio gusto conocerte Irialis – murmuró Nico.
No pude contestar nada, una columna de luz ilumino el círculo y papá comenzó un cantico en una lengua extraña, mi cuerpo hormigueaba, mis ojos se sentían pesados, me desmaye.

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