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miércoles, 8 de junio de 2011

Capitulo 26

Perdiendo la fe
(Nicholas)

Ver a Alanís de nuevo fue impactante, era hermosa (bueno en realidad siempre lo fue), solo que esta vez era diferente, su precioso cabello rubio ahora estaba más corto y lucía aún más brillante de lo que recordaba, sus ojos azules casi grises siempre eran fríos como el hielo, ahora se veían enormes brillantes y cálidos, llenos de ternura y humanidad, por primera vez me di cuenta de la belleza que posen los seres humanos, no por nada son la sagrada creación de nuestro dios.
-          Buenas tardes, en qué puedo servirles – dijo ella con voz cantarina, por debajo de su mandil floreado vestía una falda azul y una camiseta rosa, esta era la Alanis humana, era sencilla y humilde, cómo ángel esas jamás fueron buenas cualidades en ella.
-          Hola, busco a mi tía Leticia, soy Nicholas y él es mi amigo Greg – dije cortésmente, ella asintió y se giro hacia la puerta trasera del local.
-          Tía Lety te busca tu sobrino Nicholas – grito, en unos instantes salió la maravillosa mujer que solía cuidar de mi cuando mamá ya no podía hacerlo.
Su cabello rubio apenas unos cuantos tonos más oscuro que el de Alanís lucía ya algunas canas, pero sus ojos azules seguía siendo amables, se tornaron preocupados en cuanto me vio, tía siempre ha tenido un sexto sentido para saber cuándo alguien traía malas noticias, y ciertamente el motivo de mi visita no era para nada agradable.
Después una precaria explicación respecto a lo sucedido con Iris y mi hermano, Greg y yo nos quedamos esperando por una respuesta ante la pregunta del millón. ¿Dónde encontrar el cuerpo de Nico?
-          Donde encontrarlo no es el problema, esta junto a la tumba de tu madre, dentro de una pequeña capilla, pero la puerta fue sellada por él antes de volver y pedirme que te llevará al instituto – explico ella.
-          ¿Él?... te refieres a mi padre – yo jamás pregunte por él, me bastaba con saber que él era un demonio, y que como padre nunca formo parte de mi vida, los únicos recuerdos de mi infancia vinculados con él, eran el resentimiento y el dolor, mamá lo espero, con la esperanza de que él renunciara a la oscuridad y vendría con nosotros, pero después de cinco largos años de espera, la tristeza y la decepción la consumieron hasta matarla.
-          ¿Sólo él puede abrirla? – pregunte con voz plana no queriendo que ninguna de mis emociones se escapara de control. Ella sólo asintió, y saco de su muñeca un brazalete de planta.
-          Se lo obsequió a tu madre poco después de conocerla – dijo entregándome la fría pieza de
-          Podría ser útil para una invocación, el problema es que no va a querer ayudarnos con esto – dijo Greg.

La última vez que visité la tumba de mamá yo tenía 5 años, estar ahí era escalofriante, pero Greg tenía razón “no hay peor lucha que la que no se hace”. Dibuje el circulo utilizando mi sangre, eso reforzaría la invocación, después de todo Evan D’Vanto y yo éramos padre e hijo, que mejor vinculo para hacerlo venir. En el centro del círculo iba el brazalete de mamá.
-          Puedes cerrarlo ahora – dijo Greg, me agache para marcar el último símbolo y podría jurar que el suelo tembló.
Una espesa cortina de humo negro lo cubrió todo, de entre las sombras una alta figura camino despacio hasta ponerse de rodillas junto a la tumba de mi madre, en su mano derecha apretaba con fuerza el brazalete de plata, por un momento creí ver una lagrima resbalando de su mejilla, pero seguro fue solo mi imaginación.
Se levanto lentamente y se giro a encararme, maldita genética, éramos idénticos, era como verme de unos 30 años, pero un poco más alto, Nicholae tuvo suerte de heredad los ojos azules mamá. Evan sonrió ligeramente reconociéndome de inmediato.
-          Tú me has convocado hijo, así que imagino que es algo importante – su voz reflejaba el pecado capital al que hacía alusión su nombre D’Vanto (orgullo en Italiano).
-          Sé que solo tú puedes abrir esa puerta – dije señalando la capilla junto a la tumba de mamá – necesito los restos de Nico, es importante.
-          En verdad estas dispuesto a perder de nuevo a tu hermano solo por el amor de una chica – pregunto dejándome sorprendido de que supiera eso.
-          Es lo que Nicholae quiere, el desea ser humano, fue él quien sugirió hacerlo – de pronto me sentí estúpido por darle explicaciones.
-          Puedo darte la llave, pero tendrás que pagar un precio – demonios, nunca dan algo sin esperar nada a cambio.
-          No tengo permitido hacer tratos contigo, además me los debes por 21 años de ausencia en mi vida – el sonrió de esa forma arrogante que era tan similar a los gestos que solía hacer yo cuando me sentía fastidiado por algo, estúpida genética.
-          No pido mucho, solo quiero que escuches la verdad del porque no pude verte crecer- woa eso no me lo esperaba.
-          Está bien, que daño podría hacer ya a estas altura, si es terapia padre e hijo lo que quieres por mi está bien – dije con un tono de amargura en mi voz.
-          Regrese sólo para renunciar, y estúpidamente les creí, ellos dijeron que podía irme... pero el precio de mi libertad fue la vida de tu hermano, poco después enfermaste, no podíamos hacer nada más que verte morir, así que volví, era la única forma en que los dejarían en paz, ellos prometieron que así sería, pero mintieron de nuevo y te quitaron a tu madre, no tenía cara para buscarte, no tenía derecho de llamarte hijo. Soy un demonio, y tu un ángel, pero ante todo quiero que sepas que ame a tu madre, la ame realmente, y si es decisión tuya y de tu hermano separar sus caminos que así sea – arrojo a mis manos el brazalete, ahora con una enorme cruz colgando en él – esa es la llave, buena suerte hijo – dijo antes de desaparecer entre el espeso humo negro.

Dentro de la capilla sólo había una pequeña  urna de cerámica, las cenizas de mi hermano estaban ahí. Misión cumplida en menos de dos días, aunque claro eso significaba volver al Instituto y pedirle disculpas a Iris por mis estúpidos celos, soy hijo de un demonio orgulloso, pedir perdón no es mi especialidad en absoluto.
Greg había permanecido tranquilo recargado del tronco de un arce, pero en instante se tenso y salto para ponerse espalda contra espalda junto a mí.
-          Nos mandaron a los perros guardianes – dijo él sonriendo ante la idea de pelear, ese tipo estaba loco.
-          Supongo que nada es tan fácil como parece – dije antes de ponerme en posición de batalla.


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