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miércoles, 8 de junio de 2011

Capitulo 25

Karma

Toda la clase se quedo callada mientras yo continuaba aturdida en el piso, el golpe aun me tenía desorientada, lleve mi mano hacia mi rostro, al tocar mi nariz mis dedos se tiñeron de rojo.
-          Iris lo lamento, pensé que lo esquivarías, dios mío tu nariz no para de sangrar – parloteaba una alterada Alexis, mi pequeña compañera de prácticas en clase de combate.
-          Estoy bien – masculle levantándome con dificultad, Sorata tuvo que ayudarme para ponerme en pie.
-          Te llevaré a la enfermería, creo que fue muy pronto para las prácticas, aun estas débil – dijo Sorata.
-          Puedo ir sola, ya estoy mejor... oye Alex esto no fue tu culpa vale, son gajes del oficio – le sonreí y ella me devolvió la sonrisa un poco insegura al verme en ese estado tan patético.

Durante más de un mes Alexis fue mi compañera en clases de combate, jamás había acertado un solo golpe, casi siempre la que terminaba con el trasero en la colchoneta era ella, pero aquel día en menos de cinco minutos me dejo llena de moretones y mi nariz sangraba a chorros. Apenas me podía sostener sobre mis piernas, llegue a la enfermería arrastrando los pies.
Entre sin tocar la puerta, ya sabía que era la guardia de Selene, más que atención medica yo necesitaba desahogo.

-          Te ves como la mierda, ¿qué te paso? – pregunto mi amiga ayudándome a recostarme en la camilla.
-          Alex me molió a golpes en clase de combate, no pude defenderme, era como si mi cuerpo y mis reflejos naturales de guerrero no quisieran cooperar –gemí cuando Selene puso un par de tapones de algodón para detener la hemorragia.
-          Moretones como estos ya deberían haber sanado en segundos – dijo ella mientras ponía ungüento sobre mis horribles magulladuras.
-          A esto le llaman Karma – bufe tapando mi rostro con ambas manos – el castigo que obtengo por comportarme como una zorra.
-          Ok, ya me preocupaste, ¿qué rayos paso?
Le conté todo, sin omitir ningún detalle, incluso le hable sobre el ultimátum de Nick, me sentía realmente enferma, como si llevara días sin dormir, mis ojos estaban hinchados por el llanto de la mañana, yo era un pésimo ángel guerrero.
-          Soy caso perdido Selene, y este es mi castigo – dije sacándome los tapones y arrojándolos con fuerza hasta el bote de basura.
-          No todo es tu culpa, si dices que no paso nada con Nico, Nick debía confiar en ti, quedarse a tu lado mientras averiguas como terminar con ese vinculo extraño – dijo molesta.
-          Las evidencias me condenan, fui yo quien se escabullo a  media noche al dormitorio de un chico que no es mi novio, incluso para una zorra es más que caer bajo... soy un asco – lagrimas corriendo por mi rostro.
-          No lo eres, vamos a poner las cosas en claro: 1) tu solo dormiste con Nico y nada más, 2) Lo hiciste porque él tiene parte de tu alma y 3) Nick es un celoso cretino que merece morir por hacerte llorar – casi me reí por sus comentarios sarcásticos – si Nick no puede lidiar con esto pues lastima, el se lo pierde amiga, no puedes ir por la vida desmoronándote porque un hombre te pone entre la espada y la pared.
-          No quiero terminar con él- solloce.
-          Te la pasas pensando en los demás, nunca piensas en ti, eso te ha llevado hasta esta situación, sabes que enferma a un ángel... la tristeza y todos los sentimientos malos que emanan de ella, son el cáncer de un alma – dijo dándome un vaso de agua y un par de analgésicos.
-          Francamente ya no quiero pensar en ello – dije antes de tomar el medicamento, puse el vaso en la mesita junto a mi camilla y me frote el cuello, infiernos me dolía todo.
-          Tu marca de lirio no está – dijo Selene apartando el cabello de mi cuello y tocando el lugar donde mi marca debía estar.
Salte de la cama y corrí al baño, el espejo no miente mi marca no estaba- la tenía esta mañana, juro que la vi esta mañana – murmure.
-          Tranquila, ven a descansar – dijo Selene tomando mi mano.
-          No - dije soltándome de su agarre – necesito salir a respirar aire fresco – y sin darle oportunidad de mirarme llorar salí corriendo hasta los jardines traseros de la biblioteca.
Me tumbe en el pasto, a la sombra de un frondoso nogal, mire el cielo con el seño fruncido, como si mirándolo así pudiera cambiar el hecho de que mi vida fuera un asco. Escuche risas y sonidos sospechosos, una pareja se besaba apasionadamente bajo un hermosa jacaranda. Eran Francesco y Ángel, me alegre de que por fin ese par hubiera confesado sus sentimientos, no quería interrumpir, así que me escabullí entre la maleza hasta toparme con el camino que llevaba al gimnasio.
Entre silenciosamente, estaba vacío, me senté en la fría duela de la cancha de baloncesto. Este gimnasio, si pudiera hablar contaría mi historia con Nick, llena de altas y bajas, llena de lagrimas y risas, pasión, amor y celos. Una lagrima escapo sin mi permiso, pero antes que tuviera tiempo de enjuagarla, una mano la limpio con delicadeza, haciéndome volver a la realidad.
-          No te preocupes, para cuando Nick regrese no tendrás que elegir – dijo Nico sentándose frete a mí, nuestras rodillas rozándose.
-          No sé, que hacer – hipé, ante un montón de lagrimas que apenas si me dejaban ver.
-          Tu lo amas, y te aseguro que aunque la primera vez que te vi pensé que eras la razón de mi existencia se bien que eso no es amor – me consoló, ofreciéndome un pañuelo de algodón,
-          Me siento tan inestable, incompleta, herida de una forma tan profunda que cada vez que intento respirar duele – el tomo mis manos entre las suyas.
-          Estas herida, tu alma fue desgarrada por mí...
-          No es tu culpa – lo defendí.
-          Este no es mi sitió Iris, mi otra mitad, la parte de mí que me complementa y da luz esta fuera de este instituto.
-          Tu otra mitad, como de amor – balbuceé.
-          Te cuento un secreto, sueño con ella... anoche la vi en mis sueños, Nick y yo la herimos mucho, la confundimos y la llevamos a cometer un terrible error – me atragante con mi saliva, estaba hablando de Alanís – sé lo que te hará sentir mejor – dijo ayudándome a ponerme en pie.
Me abrazo con fuerza, y sentí el latido de su corazón sintonizado con el mío, un calor reconfortante irradiaba de su cuerpo, la piel en mi espalda hormigueaba con una sensación muy familiar. Cerré los ojos, y escuche la tela de mi camiseta al rasgarse. Así abrazados nos elevamos del piso por lo menos un metro, no pude evitar sonreír.
Pero al abrir mis ojos casi me infarto, los ojos de Nico estaban en blanco, su nariz, boca y oídos sangraban. Tonta de mí, al tomar mis alas lo estaba matando, esto iba a doler como el infierno, pero las deje ir, y con ellas se fue la sensación de bienestar. Me acomode de modo que mi cuerpo amortiguara la caída, el aire salió abruptamente de mis pulmones, y luche por volver a respirar.

-          ¿Nico, estas bien? – lo recosté sobre mi regazo, su piel estaba fría y lucia muy pálido.
-          Me duele la cabeza – mascullo, antes de enderezarse y escupir sangre.
-          ¡No vuelvas a hacer eso nunca más! – me había espantado de muerte.
-          Estoy bien, al menos por un momento pude devolverte tus alas – su voz sonaba ronca y cansada.
-          ¿Puedes pararte?, necesito llevarte con Selene – el asintió.
-          No necesito ir a la enfermería – dijo levantándose, lo sostuve de un brazo para estabilizarlo – te juro que esto no es con mala intensión, pero necesitamos equilibrio – murmuro recargando su frente contra la mía.
-          Creo que ya estas delirando... – no conseguí terminar esa frase, sus labios se estamparon en los míos, besando gentilmente, pero no podía responderle, estaba congelada, el karma de esto me iba a mandar directo al infierno.
-          Confía en mi – susurró separándose de mis labios – solo confía en mí.
Cuando sus labios se reunieron con los míos un cosquilleó me hizo entreabrir lentamente mis labios, era como tomar leche con chocolate, algo dulce y cálido, energía fluyendo de mi hacia a él y viceversa... equilibrio, el malestar, la necesidad es estar cerca suyo, era por falta de equilibrio, el tenia más de mi, mientras que yo no tenía nada de él.
Nos separamos jadeando por aire, el dolor y las magulladuras ocasionadas durante mi clase de combate había desaparecido, y el estaba mucho mejor.
-          No le digas a Nick, aunque solo fue un intercambio para equilibrar nuestras almas, el no lo va a tomar así – dijo con sus hermosos ojos azules brillando como si fuera un niño pequeño después de haber cometido alguna travesura.
Karma, yo iba a pagar por esto, aunque no se sentía incorrecto, aunque parecía que nos hacía sentir mejor, ambos habíamos traicionado a nuestra otra mitad.
-          Cuéntame de Alanís, ¿en verdad es tu otra mitad? – dije cambiando abruptamente de tema, el sonrió.
-          Te cuento de camino a la cafetería vale, me muero de hambre – dijo tomando mi mano.

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