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lunes, 9 de mayo de 2011

Capitulo 18

Mentiras



Alanís no apareció en ningún lado, el equipo de búsqueda finalmente se dio por vencido, las semanas pasaron hasta convertirse en un mes entero, cada noche tenía pesadillas, siempre la misma, Alanís llegaba interrumpiendo el ritual de luna nueva, las barreras del arcángel Uriel caían tan pronto ella entraba a la capilla, le tendía la mano Nick y cuando el por fin se giraba a mirarla sus ojos destellaban de carmín y sus alas negras se fundían con la noche.


Cuando el sueño terminaba, siempre despertaba asustada, mojada en sudor y al borde de las lágrimas, podía sentir claramente como algo se acercaba, un cambio que no era nada bueno. Esa noche desperté más temprano que de costumbre, apenas eran las 2 am y la pesadilla ya había interrumpido mis sueños, pero al final todo había sido distinto, un fuerte dolor recorrió todo mi brazo izquierdo, desde mi hombro hasta mi muñeca.


Cuando abrí los ojos sabía que estaría ahí, mi marca se había movido a su lugar definitivo, a mi muñeca izquierda, Nick tendría que enfrentarse a Nicholae y yo no podría intervenir. Odio las mentiras pero si eso me compraba un poco más tiempo para averiguar cómo ayudar a Nick, bien valía la pena intentarlo.


- Así no vas a poder – gruño Nick – llevas toda la maldita semana usando esas odiosas sudaderas holgadas, en verdad no te estas asfixiando de calor?, son estorbosas, tus movimientos se limitan por culpa de esos trapos... anda quítatela.

- No – dije convencida a no mostrar mi marca, y mis alas, a simple vista no parecía ningún problema, la marca se puede tapar usando una muñequera, pero mis alas, incluso plegadas a mi espalda eran demasiado vistosas, eran de color blanco con un intenso tono dorado en los bordes, y aun no sabía cómo ocultarlas.

- Irialis me estas sacando de mis casillas, quítate la estúpida sudadera – dijo mirándome con sus oscuros ojos brillando con enojo.

- Ya te dije que estoy resfriada – dije alejándome de él – no me he sentido bien últimamente – mentí, la verdad había adelgazado bastante, entre las pesadillas y pasar la noche en vela leyendo montones de libros buscando una alternativa para ayudar a Nick, me veía demacrada, oscuras ojeras siempre enmarcaban mi rostro.

- Esto ya me preocupo – dijo masajeando sus sienes en un gesto de desesperación, cuando se podía de ese humor se parecía bastante a papá – tu padre me mataría... eso no puede ser – balbuceo para sí mismo.


Se acerco peligrosamente a mí y metió su mano debajo de mi sudadera hasta colocarla sobre mi vientre. Casi me parto de la risa ahí mismo, “control chica, contrólate” me regañe mentalmente.


- No estarás embarazada verdad? – dijo sonando seriamente preocupado, no pude soportarlo más y solté la carcajada – de qué demonios te ríes, que quieres que piense Iris, me evitas a cada momento, no me dejas abrazarte y llevas casi una semana así – grito desesperado.

- No estoy embarazada – logre decir aun entre risas, las cuales pararon tan pronto el me acerco a su cuerpo y me beso con urgencia y duro en los labios.

- Entonces qué pasa? – pregunto cuando por fin nos separamos en busca aire, acarició mi rostro con una mano, mientras con la otra ágilmente bajaba el cierre de mi sudadera.


Yo llevaba solo un top debajo de mi sudadera, por lo cual tuvo una muy buena vista de mi abdomen plano, lo cual lo tranquilizo, pero en cuanto deslizo la prenda por mis hombros no pudo ocultar su cara de sorpresa cuando las vio brillar, malditas plumas doradas.


Su rostro se puso serio de golpe y se apresuro a tomar mi mano izquierda, al girarla vio mi marca de ángel guerrero en su sitio final, hizo una mueca antes de volver a mirarme a los ojos.


- ¿Por qué no me lo dijiste antes?- murmuró.

- No quiero... esas pesadillas me están matando de miedo – dije intentando tragarme las lagrimas.

- Pesadillas? – sentí un leve empuje en mi mente y le permití verlas, un escalofrió me recorrió de pies a cabeza cuando apareció la imagen de Alanís y Nicholae juntos, como ángeles oscuros perdiéndose en medio de la noche.


Él suspiro fuerte y tomo mis manos entre las suyas.


- Eso no va a pasar.

- Alanís dijo que volvería por ti, hizo un trato con los rastreadores – chillé.

- No me importa, mi alma te pertenece, así que ella no puede alejarte de mí – me atrapo en el cálido circulo de sus brazos, acaricio levemente mis alas y me sonrió de una forma tan deslumbrante que casi me derrito ahí mismo – son hermosas, tu eres hermosa.

Él suspiro fuerte y tomo mis manos entre las suyas.

- Eso no va a pasar.

- Alanís dijo que volvería por ti, hizo un trato con los rastreadores – chillé.

- No me importa, mi alma te pertenece, así que ella no puede alejarte de mí – me atrapo en el cálido circulo de sus brazos, acaricio levemente mis alas y me sonrió de una forma tan deslumbrante que casi me derrito ahí mismo – son hermosas, tu eres hermosa.

- ¿Lo prometes?- pregunte con las lagrimas corriendo por mis mejillas.

- Lo prometo – murmuró antes de besarme con ternura haciéndome olvidar todos mis miedos.


El resto de la tutoría me explico cómo ocultar mi alas, era algo muy simple en realidad, solo consistía en concentrarme para hacer mis alas incorpóreas, después de todo nuestras alas solo son una extensión de nuestra alma, aunque claro hace unos días no podía concentrarme puesto quela culpa de estar ocultándole la verdad Nick me carcomía por dentro.


- ¿Qué pasará ahora? – pregunte mientras tomábamos nuestra cena bajo la luz de la luna menguante.

- Faltan un par de semanas para la luna nueva, Uriel debe venir para el ritual, solo él puede borrar el símbolo que controla a Nicholae, así que no queda más que esperar.

- Suenas muy confiado.

- Tengo un enorme motivo para ganarle la batalla a mi hermanito y por sus puesto ese motivo eres tú, angelito, te amo demasiado como para perderte – dijo mirando la luna como si con verla pudiera detener su ciclo.

- Bueno, pues esta ha sido una linda cena al aire libre- dije cambiando de tema.

- Vaya que si – dijo besándome tiernamente hasta que los dos terminamos recostados sobre la manta que cubría el césped – ya te había dicho que sexy te ves con ese top amarillo – ronroneo besando mi cuello y mis hombros.

- Pues si no mal recuerdo dijiste que te comportaría como todo un caballero – bromeé.

- Supongo que me aprovechare de que tu padre no esta casa.


Jamás olvidare esa noche, libre de mentiras y bajo un hermoso cielo estrellado, Nick y yo hicimos el amor, ignorando por completo a todo lo demás, en aquel mágico momento solo existíamos él y yo, olvidándonos que el cruel destino rara vez pone las cosas como queremos.


 animos

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