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miércoles, 20 de abril de 2011

Capitulo11

Celos

Sus hermosos ojos verdes parpadearon con incredulidad, miro sus manos manchadas de sangre y con un grito ahogado soltó el cuchillo que aun sostenía en su mano derecha.


- ¿Me salvaste? – susurró, su voz era preciosa, había perdido por completo ese toque tétrico que hacía que los bellitos de mi nuca se erizaran, vaya si la situación no fuera tan seria y complicada, diría que su voz era sexy (me regañe mentalmente por pensar eso).

- Llevabas mucho tiempo perdido en la oscuridad, nada de esto fue culpa tuya- dije acercándome a él y envolviendo mis brazos en un cálido abrazo, pude sentir cuando comenzó a sollozar, acaricie su sedoso pelo en un intento por consolarlo.

- Suéltalo ahora – gruño Nick – hazlo, no debes acercarte a él – Francisco se alejo de mi y se encogió en posición fetal, balanceándose como un loco.

- Quieres dejar de gritar, has algo útil y ayuda a Ramón está seriamente herido – dije ignorándolo, mientras me acercaba a tomar la mano de Francisco.

- El es un asesino – grito con desesperación, mientras sacaba una enorme espada de su espalda.

- Si le tocas un solo cabello, te mato – grite, sentí como una onda de poder se propago a través de mi hasta él, ese choque de energía lo dejo en shock – el ya no es un demonio – dije con voz más tranquila, mis parpados pesaban, empezaba a ver borroso.


Me deje llevar por la inconsciencia una vez que escuche la calmada voz de papá, el haría lo correcto para Francisco, y no permitiría que nadie lo lastimara, me relaje en los brazos de alguien, mi lo último que escuche fue “estas más loca que una cabra” ese era Nick, “y lo dice el rey de los cuerdos no” le conteste en tono burlón.


Una punzada de dolor en mi pantorrilla me despertó, al abrir los ojos me tope con Nick, tenía mi pierna entre sus manos, y colocaba unas gotitas cristalinas sobre la herida de mi pantorrilla.


- Lagrimas de querubín, es difícil hacer llorar a esos malditos mocosos, por eso es tan efectiva para sanar heridas, si Selene hubiera tenido de estas cuando te lastimaron las espalda, no te abría dejado esas horribles marcas – dios, cuando me di cuenta de que hablaba, casi me desmayo, yo estaba en ropa interior(y no era nada sexy, eran unas pantis de algodón con estampado de corazones y un bra a juego), y justo a un lado de mi camilla había un enorme espejo que mostraba mis cicatrices, no eran muy grotescas, pero se veían como finas líneas rojizas sobre mi cremosa piel.

- Y te divierte el espectáculo no? – dije jalando la sabana para cubrirme, el solo sonrió más.

- No me puedo quejar – dijo soltando mi pierna y tapándola con la manta también.

- ¿Cómo esta Ramón? – pregunte, el me dio la espalda y se dirigió a un pequeño refrigerador al final de la habitación.

- Esta mejor Selene lo ha curado, sus amigos Bernardo y Catherine están en el instituto, no se irán hasta que todo este lio se haya aclarado, y Esteban también está a salvo – dijo sacando una bolsa de sangre.

- Que eres, una especie de vampiro? – bufe.

- No, pero sabes el hecho de que una herida sane al instante no hace que recuperes el montón de sangre que perdiste, ese era un corte muy cerca de tu arteria – dijo sacando de un mueble el equipo de transfusión.

- Vale... y que no hay nadie más para hacerla de enfermero – espete, me encontraba incomoda en esa camilla, yo estaba medio desnuda, y cansada, y Nick me ponía muy nerviosa.

- Hey te sonrojaste, eso quiere decir que ya estas mejor, pero aún así ordenes son ordenes – de mala gana lo deje ponerme la transfusión, sería una noche muy larga.

- ¿Dónde está Francisco? – pregunte, Nick frunció el seño, y se paso la mano por su despeinado cabello.

- En realidad no es Francisco... se llama Francesco... esta con tu padre, están haciéndole algunas pruebas para asegurarse de que en verdad ha vuelto a ser de los buenos – se levanto del banco que estaba a mi lado, y fue a recostarse al sofá frente a mi camilla.

- Espero que no sean muy duros con él, ya ha sufrido bastante – murmure.


Nick comenzó a reír en voz alta, y eso me molesto – el era un mounstro que casi te mata, y ahora lo compadeces, estas más loca de lo que pensaba.


- No eres la persona indicada para hablar de mounstros – me arrepentí de decir eso, su rostro se ensombreció y se paro del sofá, para mirarme con desdén.


- Le diré a Sorata que venga a cuidarte, tengo cosas que hacer – así se hace Iris, lastima al chico que te gusta para que se aleje de ti (pensé para mis adentros).


Sorata fue más tarde a retirar el equipo de transfusión, me explico que lo hice fue muy peligroso, y que solo unos cuantos serafines tiene el poder de hacer eso. Papá estaba furioso, me regaño como por media hora, para después abrazarme y ponerse todo sentimental. Hasta Selene estaba muy rara con migo, se culpaba de todo lo malo que me pasaba diciendo “es mi culpa, si no hubiera estado con Gregory la otra noche, todo esto no hubiera pasado”. Pero no es cierto, si Dios existe, y vaya que si existe, todas las cosas pasan por una razón, lo de esa noche no fue fortuito, aquella quemazón en mi marca me dijo que era lo indicado.


A la mañana siguiente fui a clases como si nada, al parecer nadie más se había enterado de lo de anoche, antes de mi segunda clase fui a visitar a Ramón, estaba mejor y sobre todo muy feliz, siendo cuidado por Esteban, me presentaron a sus amigos Bernardo y Catherine, pero no pude quedarme a conversar más, tenia clases y a las 7 de la noche tutoría con Nick, estaba muy nerviosa por eso ultimo, después de nuestra discusión encontraba bastante difícil verlo, o siquiera dirigirle la palabra.


Antes mi tutoría tenía un par de horas libres, por lo general las pasaba en la biblioteca haciendo los deberes del teología, o en mi dormitorio escuchando ensayar a Selene con su violín mientras yo escribía alguna de mis chifladas novelas de romance caliente...pero hoy la marca en mi cuello quemaba infiernos, y no podía quedarme quieta, tenía que buscar a alguien.


- Hey guapa a dónde tan solita – bromeo papá atrapándome en uno de los corredores.

- A la biblioteca supongo... tengo deberes por hacer – dije tratando de sonar normal.

- Genial, entonces te puedo encargar a mi nuevo discípulo, necesito que alguien le muestre nuestro sistema de biblioteca – dijo guiñando un ojo, cuando se movió un poco pude ver a quien estaba tras de él, era Francesco, no pude suprimir mi enorme sonrisa, mi marca dejo de quemar, e incluso me sentí más tranquila.

- Hey Francesco, ¿cómo estás? – dije acercándome para saludarlo, pero él me miro con pánico y se alejo de mi.

- Bien... solo un poco desorientado, lo siento – dijo tendiéndome la mano para un cordial saludo.

- No te preocupes hombre ya te irás acostumbrando, hija te lo encargo, a las 7 vendrá Rayan por él – conocía a Rayan es de la misma clase que Nick, un buen tipo, creo que ángel centinela o algo así, menos más que ese tipo sería su tutor, de repente me sentía muy protectora con respecto a Francesco.

- Vale papá no necesitas encargármelo, no es un crio, anda vamos antes de que este padre sobre protector nos asfixie – dije dramáticamente, a lo que papá respondió con una enorme sonrisa, incluso el mismo Fran se sonrió solo un poco, lo tome de la mano y prácticamente lo arrastre hasta la biblioteca.


Llegamos con el bibliotecario era nuevo, porque Ramón seguía en la enfermería.


- Buenas tardes, traigo a Francesco por su credencial, es de nuevo ingreso – el chico se giro a verme, bellos ojos, entre azul y verde, un lindo cabello rubio, y una preciosa sonrisa, ese era Bernardo el amigo de Ramón.

- Claro, Francesco aquí está tu credencial... – empezó a explicarle toda la mecánica del prestamos de libros, no podía esperar menos de los amigos de Ramón, incluso ahora lo ayudaban, una chica estaba sentada junto a Bernardo, era Catherine.


Cuando nos fuimos a sentar en ese rinconcito donde se filtraba el sol por la ventana (ya le había agarrado manía al sitio, se sentía muy cómodo estudiar ahí), Francesco por fin me dirigió la palabra de nuevo.


- Si tienes muchos deberes por hacer, tal vez yo debería irme, recuerdo el camino a mi dormitorio no te preocupes por mi – dijo poniéndose de pie para irse, instintivamente alargue el brazo para detenerlo, pero algo más paso.


Fue como ser jalada por una aspiradora, mi cuerpo estaba en la biblioteca, pero mi alma no... yo estaba en la recamara de Nick, la péquela cicatriz en mi mano, aquella con la que selle el vinculo comenzó a quemar... entonces escuche voces, y gire hacia el origen del sonido... Alanis estaba tumbada en la cama, vistiendo solo su ropa interior. Yo sonreí y me coloque sobre ella para besarla... diablos... yo estaba viendo todo desde la perspectiva de Nick... maldito vinculo de mierda.


- Hey que te paso – ronroneo la tipa, cuando lo obligue a alejar se ahí, el miro la palma de su mano, también sentía esa extraña quemazón “que te den Iris, sal de mi cabeza ahora” grito a mi mente.

“si supiera como lo haría, no me apetece verte con tu novia mientras se echan un polvo” gruñí tirando de mi mente a su sitio pero no cedía.

“maldición, largo ya” me ordeno “tú te lo buscaste luego no te quejes, mirona” dijo en tono amargo antes de lanzarse sobre Alanis para arrancarle el resto de la ropa.


Yo quería salir de ahí, era asqueroso, mi mente hervía en furia, y lagrimas empezaron a correr libremente por mi rostro. Entonces salí de ahí, pero no abandone la habitación, ahora era solo un espectador, y algo en mi interior dolía, casi pude escuchar el crack de mi corazón al romperse, maldito corazón estúpido.


- Iris...¿qué tienes... estas bien? – Francesco me tenia agarrada por los brazos y me zangoloteaba como trapo viejo, Bernardo y Cat ya estaban ahí, con su cara de preocupación, yo me sentía sucia, y furica, triste y celosa... maldita sea yo estaba muy celosa.

- Perdón, no es nada... estoy bien – balbucee, tomando mis libros, quería salir corriendo ya mismo.

- Yo la llevo a fuera, necesita tomar aire – dijo Francesco cargando mi mochila y tomando mi mano, algo en su tacto hacia que el dolor se calmara.


Camine dando largas zancadas hasta el jardín lejano, colindante con el bosque, Francesco me siguió el paso sin soltarme la mano y sin decir una sola palabra, cuando llegamos bajo la sombra de un enorme árbol me gire a verlo, sus hermosos ojos verdes me miraban con tristeza, y comprensión, un cariño enorme que me derritió. No pude contenerme más y comencé a llorar arrojándome de lleno a sus brazos.


- Sabes no entiendo mucho lo que paso ahí, solo sé que tu salvaste mi vida, que todos aquí me han perdonado por los horrores que cometí siendo una criatura oscura, no hay mucho que yo pueda hacer por ti, pero siempre estaré ahí Iris, siempre podrás contar con migo - dijo cuando finalmente deje de de moquear.

- Gracias... – murmure- y justo ahora si algo que puedes hacer por mi – dije poniéndome de pie.

- Lo que sea solo dime – dijo levantándose y tomando mi mochila.

- Me acompañarías al gimnasio, tengo entrenamiento y no quiero ir sola – el asintió.

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