summer

summer

sábado, 30 de abril de 2011

Capitulo 15 (+18) Capi Hot

Desesperación

Han pasado dos semanas desde que Nick me beso para después tratarme como si nada hubiera pasado. Después de cada entrenamiento esperaba poder acorralarlo para preguntarle de que rayos iba todo esto, pero siempre se escabullía con una excusa diferente. Me trataba como si fuera su hermana menor, le encantaba hacerme rabiar, pero aun así no dejaba de ser amable y cumplir con su función como mi tutor, y yo francamente estaba cansada de insistir.
Poniendo sobre la balanza las cosas buenas y malas que me han ocurrido en este último mes me doy cuenta de que vida nunca volverá a ser la misma, durante este corto tiempo descubrí que soy un ángel guerrero, me enamore de mi muy gruñón tutor, traje de vuelta a Francesco y lo bese... lo cual ha terminado en un caos pues él siente algo por mí que no puedo corresponder y para cerrar con broche de oro he reprobado mi primer parcial de teología.
-          Papá di algo – rogué mientras el miraba con ceño fruncido a mi boleta de calificaciones.
-          Bueno no todo ha ido tan mal, tienes un 10 en combate – dijo suavizando su gesto.
-          Lamento lo de teología me esforzare para sacar una mejor nota el próximo parcial – en respuesta mi comentario el sonrió tiernamente de forma paternal.
-          Lo sé, no te preocupes, no estoy molesto por la calificación, te mande llamar por algo más – dijo entregándome mi boleta.
-          Ok, y entonces de que se trata?
-          Hoy es luna nueva, se cierra un ciclo, por lo cual el vinculo entre tú y Nicholas esta por desaparecer, así que pido que por hoy no busques estar cerca de él – solté un bufido.
-          Eso es fácil, últimamente el huye de mi como si yo fuera un fantasma.

Estaba molesta, tan cansada de mi vida en el instituto, me sentía toda una perdedora, Ángel y Francesco habían salido a Costa por una misión... me habían sugerido acompañarlos pero no tenía ánimos para salir. Fui a mi dormitorio y me puse la ropa más cómoda y fachosa que encontré, mis tenis para correr y tome mi Ipod lleno de rock pesado, tal vez la ruidosa música apagaría los confusos pensamientos en mi cabeza.

Salí a trotar, me interne en el bosque hasta que mis pulmones parecían estar a punto de explotar, me pare en seco cuando vislumbre la gruta por la cual Nick y yo habíamos regresado aquella noche, apague la música y camine hasta llegar  otro lado, mis ojos comenzaron a arder, y no pude contener las lagrimas.
Estúpido, no estúpida yo, el no me había dado motivos para quererlo, al inicio siempre fue grosero con migo, e incluso a hora se mantenía alejado de mi, por mi propio bien... yo estaba enferma, enferma de celos por verlo con Alanis, enferma de de desesperación por no poder cambiar el hecho de que él tuviera razón, de que nosotros no podemos estar juntos, porque está prohibido... prohibido por mi padre... hasta hace un mes yo era huérfana, ahora que tenía a mi padre no podía decepcionarlo.
Cuando al fin me sentí mejor, me levante del piso y me dirigí hacia al río, el agua cristalina me  invito a zambullirme, así que me saque la ropa quedándome en ropa interior, el agua estaba tibia, comencé a nadar rio arriba, la corriente no era muy fuerte en esa parte, pero después de unos minutos note como el esfuerzo me estaba empezando a cansar. De repente la corriente se hizo más fuerte, intente salir pero me había quedado sin fuerzas, el agua me lanzo contra las rocas un fuerte golpe en la cabeza me hizo ver estrellitas, toqué la zona del golpe y mis dedos se tiñeron de rojo.
Mis ojos se estaban cerrando, no pude sostenerme mas... me hundí, sentí como el agua quemaba dentro de mis pulmones. Todo se volvió oscuro.
Abrí mis ojos lentamente, y me sorprendí el ver en donde estaba, no era la enfermería en absoluto, este era el último lugar donde esperaba terminar, era la habitación de Nick. Él estaba recostado en el sillón purpura, su ropa mojada descansaba en un montón sobre el piso, él me había salvado la vida por segunda vez. Entonces recordé mi propia ropa, yo solo tenía puesta mi ropa interior húmeda y una playera de Nick.
Como si sintiera mi mirada vagando sobre él, sus ojos se abrieron y nos quedamos mirando fijamente durante mas de un minuto, sin decir nada, se recostó a mi lado en la cama y me abrazo contra su pecho.
-          Me pegaste un susto de muerte – murmuro acariciando mi cabello.
-          Lo siento – murmure de vuelta – ¿mi papá sabe dónde estoy?
-          No, nadie sabe lo que te ha pasado, debí llevarte a la enfermería, pero no pude... intento ser fuerte, pero tú me lo pones muy difícil, mira que lanzarte a nadar a un río, estas muy loca – eso ultimo lo dijo en tono bromista.
-          Oye sé nadar – me defendí, el se rió en voz alta y me estrecho con más fuerza.
-          Angelito, eres tan inocente, ese río tiene zonas de trampa, por si algún demonio pretende entrar al campus utilizándolo – explico.
-          Eso nadie me lo dijo – de pronto era muy consciente de sus manos frotando mi espalada, yo estaba helada, temblé y me acurruque más cerca de él.
-          Tendrás que irte en un rato – dijo levantándose de mi lado – es peligroso que te quedes más tiempo.
-          Y si no quiero irme, estoy harta de que huyas de mí, quiero saberlo ahora, ¿qué significo para ti el beso de la otra noche? – dije en tono malcriado.
-          No me importa si no quieres irte, le hice una promesa a tu padre y no puedo fallarle, si quieres hablar, ok pero no hoy ya está por oscurecer – dijo tomando su celular.
-          ¿Qué haces?
-          Llamando a Selene para que venga por ti – dijo marcando el número y esperando que respondieran.
-          Eres un cobarde – chillé levantándome de la cama – dónde está mi ropa, me voy sola – pero cuando intente dar un paso el piso se me movió y caí dolorosamente de rodillas al suelo.
-          Mierda – dijo él, dejando en el olvido el celular para ir en mi ayuda y me llevo hasta la cama.
-          Dame mi ropa – dije casi al borde de las lágrimas – si tanto me odias entonces déjame que me vaya sola.
El suspiro – no puedes irte sola... y no te odio, como podría, por Dios... comprende que no puedo... no podemos – dijo pasando sus dedos entre sus despeinado cabello.
-          Solo dame mis cosas – las lágrimas amenazaban con  salir, no quería llorar, pero ya no podía contenerme más.
-          No Iris, por favor no llores – dijo arrodillándose frente a mí tomando mis manos entre las suyas – si yo fuera diferente, si tuviera algo bueno dentro de mí para ofrecerte no dudaría en luchar por ti, pero no puedo, y si te quedas esta noche... yo no quiero lastimarte.
-          No juegues con migo – dije con voz ronca – dímelo a la cara, di que no me quieres, dime que soy una tonta por enamorarme de ti, dilo de una vez y rómpeme el corazón, porque es desesperante quererte tanto.
Sus ojos se abrieron como platos ante la sorpresa que le produjeron mis palabras, de que sorprendía, era un sínico total, vi mis ropas sobre su escritorio y dando tumbos me levante hasta alcanzarlas. Me saque de un tirón su playera y cuando estaba a punto de deslizar mis piernas dentro de mis pantalones, Nick me tomo por la cintura y beso mi cuello, dejándome demasiado afectada como para responder.
-          ¿Dijiste que me amas?- murmuro en mi oreja, después una lluvia de tibios besos cayó sobre mis hombros desnudos.
-          Eso te da igual, déjame ir – él me giro y tomo mi rostro entre sus manos.
-          ¿Quién es la cobarde ahora? – pregunto, ni una nota de sarcasmo en su expresión, sus hermosos y oscuros ojos capturaron mi mirada.
-          Entonces solo se honesto, ¿en verdad quieres que me vaya?
-          No – dijo deslizando los tirantes de mi sostén y depositando un beso en mi hombro – te quiero a ti, solo para mí.
Sus labios se encontraron con los míos, y su lengua se abrió paso dentro de mi boca, deleitándome con sus suaves movimientos que hacían que mis rodillas parecieran gelatina, él noto mi inestabilidad para mantenerme en pie, y me sentó sobre su escritorio.
Ágilmente sus manos encontraron el broche mi sostén, y en menos de un minuto la prenda yacía en el suelo, mientras sus manos me acariciaban gentilmente.
-          Esto no es justo, tú llevas más ropa encima que yo – gemí cuando una de sus manos descendió acariciando la cara interna de mis muslos.
-          Entonces encárgate tu misma de eso – tomo mis manos y las coloco sobre su pecho, su piel estaba tan caliente, sacarle esos pans holgados fue la cosa más sencilla del mundo y después de mandar a volar sus bóxers de vaquita no pude evitar admirar desnudo al chico que me tenía locamente enamorada.
Su piel estaba ligeramente bronceada por el sol del verano, su pelo estaba desordenado y sus labios hinchados por la intensidad de nuestros besos. Su abdomen era perfecto, y no podía quejarme del resto de su anatomía, era tan sexy que dolía.
-          Tus pompis son más grandes que las mías – me queje en broma.
-          Eso no puedo asegurarlo, tendré que descubrirlo – me tomo en brazos hasta depositarme en la cama.
Deslizo mis braguitas lentamente mientras su boca jugaba y atormentándome dulcemente con sus suaves caricias. Descanso su peso sobre los codos y me miro completamente desnuda, sus ojos brillaron de deseo.
-          Eres perfecta – dijo antes de besarme de nuevo mientras nos perdíamos en las sensaciones de piel contra piel.
Lo escuché sacar algo del buro y una bolsa se abrió, proteste cuando sus dedos dejaron de regalarme esas tiernas caricias, pero no me dio mucho tiempo para extrañarlo. Porque sin avisar lo sentí dentro de mí, y dolió... mucho... pensé que iba a llorar, pero él me beso dulcemente y poco a poco me relaje hasta que el dolor se convirtió en placer.
-          Eres como terciopelo – murmuro, mientras movía sus caderas contra las mías.
Gemí de placer cuando comenzó a empujar con más fuerza y velocidad, sentí como cada parte de mi cuerpo se tensaba, para llegar a la infinita liberación, solté un grito ahogado que fue acompañado por un gruñido de él.
Caímos rendidos al mismo tiempo, me abrazo fuerte y luego me miro a los ojos y sonrió.
-          Mañana me van a despellejar vivo.
-          Si bueno, no estarás solo, seguramente a mí también me darán una buena paliza.
Me acurruque contra su pecho y cuando las luces de los símbolos de su habitación se encendieron... nada paso, Nicholae no salió en toda la noche, por lo cual dormimos hasta el amanecer con nuestras manos unidas y nuestros corazones latiendo al mismo compas.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario