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lunes, 28 de marzo de 2011

Capítulo 7

La carta y un beso

- No creo que sea muy buena que salgas hoy – dijo Sorata mientras examinaba la marca de mi cuello.

- Imagine que dirías eso, está bien me quedaré en el instituto hasta que esta cosa se borre – dije soltando mi cabello para cubrir “esa cosa” que no debería estar ahí.

- En verdad lo lamento, pero ya tendrás otras oportunidades para salir con Selene de compras – vaya con que esa era la excusa que Selene me consiguió para salir.


Camine directo a los dormitorios, no sabía cómo decirle a Selene que se cancelaba el viaje, estaba tan emocionada con la idea, me pare frente a la puerta armándome de valor, cuando por fin me decidí pero la puerta no abrió, está cerrada con seguro, busque entre los bolsillos de mis jeans hasta que por fin encontré la llave.


- Iris si fuera tú no entraría ahí, Gregory volvió y creo que si entras vas a interrumpir algo... importante – dijo
Marian una compañera de piso.

- ¿Quién es Gregory? – pregunte mientras caminábamos hasta el final del pasillo.

- Era el tutor de Selene antes de que recibiera su marca en la muñeca, bueno en realidad creo que esa relación es mucho más compleja de lo que parece – ok, con eso quedaba claro todo.

- Ok, si la encuentras antes que yo dile que voy a estar en la biblioteca – dije despidiéndome mientras ella entraba a su cuarto.


En verdad decirle a Selene que no íbamos no le afectaría tanto como a Ramón. En una semana ese chico pasó de ser el despistado bibliotecario gay, a mi mejor amigo y aun despistado bibliotecario gay. Lo bueno de ser un casi un ángel, es que por las mañanas me levantaba muy temprano, así que antes de salir a ver Sorata había metido en mi mochila todos mis deberes pendientes, por lo menos intentaría aprovechar el día.

- Hey linda!, que bien que llegas, Selene me mando un mensaje y se reporto indispuesta para nuestra salida
– dijo el sonriente Ram mientras Alicia mi maestra de Teología tomaba su lugar en el desordenado escritorio del bibliotecario.

- Pues verás... yo tampoco puedo ir, lo siento.

- Vaya que mal, eso quiere decir que iré yo solo – dijo un poco decepcionado.

- Claro que no, Esteban con va contigo... o no?

- Sólo si vienes tú – murmuro, pero por supuesto que alcance a escuchar eso.

- En serio... por qué?

- Que... no nada, por nada, oye me tengo que ir, Bernardo y Cat me esperan – dijo saliendo de la biblioteca.



Me senté en una mesa que está cerca de un vitral, la luz se filtraba lo suficiente como para mantenerme tibiecita mientras hacía mis tareas en ese frio edificio. Las tareas de teología eran larguísimas, leer y leer, y hacer un análisis de cuál es la posible intención de esa parte de la biblia, agh.


- Por fin – chillé emocionada cuando concluí con esa tediosa tarea, me estire como un gato dormilón y mis manos chocaron con alguien.

- Estas en la biblioteca ten algo de respeto por los demás y guarda silencio – me regaño una voz bastante familiar.

- Como sea de todos modos ya me iba – dije ignorándolo, este era mi primer fin de semana en el instituto no iba a desperdiciarlo con Nick.

- Bien, si ya no tienes nada más que hacer aquí entonces acompáñame hay algo que tengo que darte – dijo tomándome por la muñeca y prácticamente me arrastro hasta los dormitorios de los chicos.

- Oye suéltame, puedo caminar yo solita – replique, intentado en vano escaparme de su agarre.

- Eres lenta, me aseguro de que sigas mi ritmo – contesto cortante.


No me había dado cuenta de lo bien arreglado que se veía hoy, pantalón de gabardina beige, mocasines cafés, y ... si... era seda, una camisa de seda blanca, perfectamente planchada... y demasiado elegante.


- También le cobro a las mironas – dijo en tono burlón.

- Y haces bien, con eso y tu novia loca ni quien se quiera acercar a ti... aunque después de la ultima paliza que me dio, supongo que ya no tengo mucho que perder – conteste siguiéndole el juego.



Después de que llegamos a la azotea dude un poco, ¿pues a dónde íbamos?, entonces lo vi, pasando los depósitos de agua, una habitación como del tamaño de dos o tres dormitorios comunes juntos.


- Si eso es tu dormitorio, entonces pondré una queja, de que preferencias gozas... – no pude decir nada más, su mirada se encontró con la mía, y por un momento creí ver un brillo carmesí en esos oscuros ojos, que me miraban furiosos. Mejor me callo, pensé, alejando mi vista de su cara.

- Entra – dijo abriendo la enorme puerta de madera tallada, y el cuarto en si era impresionante – solo será un momento- dijo buscando en un cajón del buró junto a su cama.


El cuarto estaba iluminado por un par de enormes ventanas, en medio de ellas estaba un escritorio con un viejo ordenador y un montón de libros. Al otro lado pegada a la pared estaba una enorme cama y un buro de madera, una pequeña puerta madera supuse daba al baño estaba cerca de un librero, y al otro lado de la cama había un sillón con tapicería de terciopelo color purpura. El espacio libre de muebles (que era bastante amplio) tenia símbolos tallados, tanto el piso, los muros e incluso el techo, mirando de cerca los cristales de las ventanas se observaban las mismas inscripciones.


- Toma es para ti – dijo tendiéndome un sobre blanco sellado con una gota de cera roja, y una G graba en ella, como en las cartas antiguas.


Tome el sobre sin decir nada, solo quería salir de esa habitación, si Alanis se enteraba que había estado allí me haría picadillo.


- Por lo general el solo manda cartas a Sorata o a mí, por eso Ramón me la entrego por error - busque en la parte de atrás por el remitente, pero no había nada, solo estaba el destinatario: Romero Iris, Instituto de Artes San Claudio.

- No tiene remitente – murmuré.

- Es de tu padre – dijo Nick alejándose rumbo a la puerta – te dejo para qué la leas con calma, tengo una cita, así que puedes quedarte aquí, cuando salgas la puerta se cerrara con seguro automáticamente.



De repente me temblaban las manos, no quería leer esta carta yo sola, necesitaba a Selene. Mi padre, el hombre que nos dejo, al que no le importo que mamá muriera, el que no se acordó de mi, hasta que esa marca extraña pareció en mi cuello.

- No es tan malo, créeme, tu puedes estar orgullosa de tu padre, yo en cambio – dijo el sonando un poco triste.

- Yo no sé que sentir – murmure.

- Lo que sea estará bien para él, la ventaja de los arcángeles es que saben perdonar – se acerco a mí y tomo mi barbilla con su mano levantando mi rostro a fin de verme directo a los ojos. Esos ojos oscuros que hace unos instantes me había hecho temblar de miedo, ahora me miraban con ternura y comprensión, acerco su rostro al mío y deposito un delicado beso en mis labios, después se alejo y me dejo sola en esa aterradora habitación que me ponía la piel de gallina. Estaba aturdida por ese beso, tuve que sentarme en el borde de la cama y finalmente decidí abrir la carta.

Querida hija:

Quisiera poder disculparme por mi ausencia diciendo que no tenía idea de lo que estaba sucediéndote, pero eso sería mentirte, desde el momento en que tu madre y yo supimos que vendrías al mundo también sabíamos que correrías un gran riesgo. Eres especial, no imaginas cuanto, tu madre no era una humana común y corriente, ella también fue estudiante de este instituto, era un ángel, que renuncio a sus alas para traerte al mundo. Me fui con ustedes, dejando mis obligaciones de lado, pero después de que naciste me obligaron a volver, no tenia elección, cuando sirves a Dios no puedes huir de tus responsabilidades. Pero te deje ese relicario, con la única foto en la cual salimos los tres juntos, como la familia que somos, porque yo te he amado desde el primer instante en que supe que tu madre estaba embarazada, y lamente mucho saber que ella dejo el mundo de los vivos debido a esa enfermedad, ahora ella está mejor, esta con dios gozando del paraíso, créeme he estado allí y ella te manda saludos y un gran abrazo. Ese relicario es muy especial, fue bañado con mi sangre para poder protegerte de todo aquello que intentara hacerte daño. No te pido que me perdones, abandonarte durante tanto tiempo no tiene perdón. Solo quiero que sepas que esa marca en tu cuello no desaparecerá, porque como ya te dije eres especial, eres lo más cercano a un arcángel, por tu sangre correen los conocimientos más puros y antiguos, de antes de la creación.

Sorata te ayudara a descubrir tu misión en este mundo, no tengas miedo Nick suele ser un verdadero guilipollas, pero en el fondo es un buen tipo, ha sido uno de mis mejores alumnos. Por último en el sobre hay una daga de plata, ese es mi regalo para ti, esa daga fue la primera arma que empuñe en una de las tantas batallas que he librado con el mal, es tuya ahora, porque confió en ti, en que tus decisiones te harán más fuerte, más sabia, pero sobre todas las cosas, te harán más feliz.

Con amor tu padre: El arcángel Gabriel

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