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sábado, 15 de enero de 2011

Capitulo 12

Karla


La vieja iglesia solía ser un hermoso edificio de la época colonial, ahora lucia como si en cualquier momento los muros se fueran a derrumbar, aleje esas ideas de mi mente, ya estaba lo suficientemente asustada con esto. Las enormes puertas de madera estaban entre abiertas dejando escapar una tenue luz, al entrar era pero que estar en una peli de terror, en la peli por lo menos le puedes poner pause en las partes más espeluznantes, esto por desgracia era 100% real y aterrador, vitrales rotos, polvo y telarañas por todos lados y unas cuantas velas encendidas que apenas si me preemitía ver por donde camino.

Escuche un ruido en la esquina más alejada del atrio, donde se encontraba un viejo confesionario de madera, todo apolillado.


- Alphonse? – grite, (tonta de mi), a quién cangrejos se le ocurre gritar en una situación como esta.

- No Karla, sal de aquí, vete – contesto Al, su voz sonaba cansada.


Camine los pocos metros que me separaban de mi amigo y al abrir la puerta me encontré con un Alphonse mortalmente pálido y con heridas por todo el cuerpo, por lo menos la mordida en su cuello ya no sangraba. En ese momento odie a Vlad, solo deseaba hacerlo picadillo yo misma.

- Nos largamos de aquí amigo – dije ayudándolo a ponerse en pie.

- Es una trampa… son vampiros… lo puedes creer? – bramo tambaleándose mientras nos dirigíamos a la salida.

- Si, a mi también me pareció increíble, no te preocupes ya sabía que era una trampa, pero tu vas a estar bien, me quiere a mi.

- Te equivocas, el dijo que vendrías, y que con eso se aseguraría de matar a Franco.

Esas palabra fueron como un balde de agua fría sobre mi, fui tan tonta, y ahora probablemente Franco ya venía para acá, no es que no confiara en Dakota, pero esto iba más allá de lo unos pocos híbridos pudieran combatir.

- Buenas noches, te vas tan pronto? – susurro cerca de mi oído Vladimir, ni siquiera note en que momento llego a mi lado.

- Solo vine por mi amigo, no tengo intención de quedarme aquí.

- Tus amiguitos no vendrán a ayudarte- dijo señalando hacia la puerta donde Dak otros 4 chicos yacían inconscientes recargados en la pared.

- Te lo voy a poner fácil, aquí esta mi teléfono celular, llama a Franco y te dejo ir.

- Primero muerta – fue lo ultimo que pude decir un fuerte golpe en la nuca me apago las luces.

Franco


Desperté empapado en sudor y con mi corazón latiendo como loco, en mi pesadilla Karla estaba en peligro, Vladimir la tenía cautiva en lo que parecía una vieja iglesia a punto de caerse en pedazos, instintivamente busque el calor de de su cuerpo al otro lado de la cama, pero mis dedos solo tocaron las frías sabanas mientras su aroma se desvanecía poco a poco de la habitación, lo cual quería decir que ella llevaba fuera un buen rato, aun así fui necio y me levante a revisar en el baño, toque la puerta y nadie contesto, abrí pero no había ni rastro, frustrado me senté en la cama sosteniendo mi cabeza con las manos, ¿dónde rayos se había metido esa chica?, me estaba volviendo loco de la preocupación.

- Creo que Dak y Karla salieron a dar un paseo nocturno – dijo Edmond entrando a la habitación vestido con su traje de cazador.

- ¿Y cómo demonios sucedió eso?- grite enfadado mientras Ed me arrojaba mi ropa de combate.

- Kio esta resfriado, no olfateo a Karla en el auto cuando Dak le dijo que salía a buscarme en la mansión – Ed lucía realmente preocupado y eso me altero aun más.

- ¿Tienes alguna idea de dónde podrían estar? – pregunte temiendo por la respuesta.

- Estaban en la vieja iglesia cerca del bosque, pero ahora Vladimir las lleva a la mansión, no son solo ellas hay tres depredadores novatos, sospecho que Dak los contacto para lidiar con los impuros, y asegurar el rescate de Alphonse.

- Vladimir tenía a Alphonse, creo que ya entendí el juego – murmure.

- Nos vamos ya, los autos están listos.

- Gracias pero pienso viajar como pantera es más rápido y así puedo comunicarme más fácilmente con los vigías – me lance ppor la ventana y cuando caí ya estaba en cuatro patas y cubierto por mi tibio pelaje oscuro.


Me aleje de la academia lo más rápido que me llevaban mis patas, me encontré rodeado de encinos, pase gran parte mi infancia y adolescencia en estos bosques aprendiendo a defenderme como humano, y como pantera, siempre parecieron seguros, eran como mi segundo hogar, pero esta noche me parecían aterradores, el aroma de los impuros se acercaba cada vez más a la mansión. En unos minutos después estaba a travesando las rejas de la mansión, entre directo a mi antigua habitación y me puse lo primero que encontré en el armario, y me dirigí a la oficina del alpha.

- Los más vulnerables están en los refugios, la guardia está dividida, algunos se quedaron en Santa Teresa por si acaso, tenemos el tiempo a nuestro a favor en un par de horas amanecerá – me informo Adalin apenas entre a la habitación.
- Gracias por apoyarme con eso Adi, Bryan ¿alguna novedad por parte de los vigías? – le pregunté a mi sobrino, quien apenas llegaba de sus rondas, lucía cansado y tría su rojo cabello despeinado y lleno de ramitas y hojarasca.

- Están cerca como a 10 minutos, pero creo que el trabajo de Adi ya está completo, debe ir al refugio también – dijo, a lo que Adi respondió con un bufido y levantando las manos con exasperación.

- Soy completamente capaz de protegerme yo sola, y por si no te lo había dicho tu tío mate a mi primer impuro a los 13 aun sin tener mis garras – chillo molesta.

- Ok, chicos lo último que necesito es una pelea de novios, Adi estas en el equipo de Darío el te protegerá si algo pasa, ¿eso los deja satisfechos a ambos?

- Parece que no hay otra opción – dijo Bryan.

- Oye, tranquilo, voy a estar bien – contesto Adi colgándose de su cuello y besándolo con tanta ternura que tuve que apartar la mirada de ese par.

Dolía aceptar que el falle a Karla, perder a Cecilia fue el infierno, si algo le pasaba a mi chica yo no lo soportaría. Las imágenes de Ceci muriendo frente a mi, mientras Vald le succionaba la vida, me torturo cada noche durante casi dos años, hasta que apareció esa linda chica rubia, mi linda Karla. Recordar la agonía de Ceci, como lo último que sus labios susurraron fue mi nombre suplicando ayuda, mientras yo estaba tendido en el suelo incapaz de hacer nada, eso desgarro mi corazón, fue como si arrancaran mi pile en carne viva, como si me pecho quedara hueco y al mismos tiempo estuviera a punto de estallar por tanto dolor.

- Franco – dijo Adi colocando una mano en mi hombro y sacándome de mis pensamientos – ya están aquí.

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