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viernes, 24 de septiembre de 2010

Capitulo 4

Franco

En el bar quise preguntarle como estaba, me preocupaba que el bloqueo mental no funcionara, es como si ella no pudiera permanecer bajo ese trance, pero lo peos de toda esta situación son estos repentinos celos de su amiguito, las bromas que se gastan me ponen de mal humor, a pesar de que soy consciente de ese chico es gay. No me acerque a ella por el resto de la noche, poco tiempo después se marchó después de ser abandonada por Alphonse, y dejo olvidad su cartera en la mesa. Sin querer miré sus credenciales... bueno en realidad si quería verlas, el punto es que encontré una tarjeta donde estaba escrita su nueva dirección y decidí llevarle su cartera.

Era muy tarde, o más bien temprano las tres de la madrugada para ser exactos, pero sentí su mente intranquila aun del otro lado de la puerta, el bloqueo mental se desvanecía y los recuerdos regresaban causándole una jaqueca infernal. Toque la puerta y la escuche quejarse, pero finalmente se levanto a atender la puerta, me observo por la mirilla y un par de minutos después abrió la puerta.


- No te cansas de salvarme, mil gracias por recuperar mi cartera – dijo invitándome a pasar.
- Bueno alguien debe hacerlo, lamento haberte despertado, quizá debería irme- masculle apenado al notar su linda pijama de ositos, ¿cómo era posible que aun con toda esa franela encima luciera tan sexy?
- No te preocupes, no podía dormir, me duele la cabeza – se quejo sentándose en una silla frente a mí.
- Jaqueca... no tienes patillas en algún sitio?- pregunte buscando un botiquín.
- En el baño, el botiquín esta en el baño – contesto como si leyera mi mente, “coincidencias” me dije a mi mismo, porque eso no era posible.
- Ok – entre al baño y finigi abrir el dichoso botiquín, en su lugar saque unas pastillas muy especiales, esas le ayudarían a olvidarlo todo – listo toma – le serví un vaso de agua y le di dos pastillas.
- Gracias – contesto después de tomarlas – creo que a ya te debo demasiados favores – contesto con el sueño grabado en sus ojos, efecto inmediato de las pastillas.
- Te dejaré descansar, vamos – la cargue en mis brazos para llevarla a su cama, mi olfato me dijo que era la cama de arriba.
- ¿Cómo sabes que duermo arriba?- pregunto soñolienta.
- Por las cobijas rosas – bromeé, colocándola en la litera, al instante mis brazos la extrañaron
- Eres increíble – murmuró casi dormida, Dios, moría de ganas por besarla, mi pantera interior rugió por la necesidad de un beso suyo – yo también quiero besarte – dijo ella, entonces era cierto, podía leer mi mente, no pude averiguarlo en ese instante, sus brazos se envolvieron al rededor de mi cuello y me beso, apenas un leve roce de labios, pero lleno de tanta ternura, como un dulce martirio y luego se quedo dormida.

Trate de recuperarme de aquel beso, la acomode en la cama y la abrigue bien con sus cobertores, cerré con seguro la puerta y salí por la ventana, era un tercer piso, pero no había problema con eso, después de todo soy un felino.

En mi cabeza rondaban muchas preguntas para Karina, 1) ¿Porqué su hermana luchaba contra el bloqueo mental?, 2) ¿Cómo puede leer la mente de un cambiador?... o quizá puede leer la mente de cualquier criatura, rayos, esas preguntas no me dejarían dormir. Bueno quizá las preguntas no sean el motivo de mi insomnio repentino, era el beso, sus delicados labios sobre los míos... le di el medicamento para olvidar... me maldije a mi mismo... y si olvidaba también el beso, no quería empezar de nuevo, yo quería continuar desde donde lo dejamos.

Karla

Dormí como un bebe después de que Franco me regresara mi cartera y luego me acostara en mi cama, soñé con él, en mi sueños el no dejaba de susurrar lo mucho que deseaba besarme, así que finalmente decidí besarlo yo, no fue un beso apasionado, fue pura dulzura y luego nada más en mi memoria, , pero solo eso, luego mi sueño cambio, esos bellos ojos verde musgo que me observaban cambiaron de dueño, en lugar del mesero sexy había una enorme pantera negra, con su hermoso pelaje brillante ronroneando con alegría mientras su lengua acariciaba mi mejilla, por extraño que parezca no me dio miedo, al contrario me sentí protegida y muy amada.

- Karla, Karla, Karla, despierta ya son las 12 tienes que ir a trabajar – grito Alphonse.
- Mierda – chille, levantándome lo más rápido que pude - ¿Por qué no me despertaste antes? – pregunte cambiándome con lo primero que encontré el closet.
- Crees que no lo intente, pero cuando duermes no hay poder humano que te despierte – se burló – vamos yo te llevo en la camioneta – ofreció sirviéndome una taza de leche caliente.
- Ok, ya vámonos – dije tomándola a toda prisa. En menos de cinco minutos ya estábamos en la librería.

Era domingo, pero no se sentía como un fin de semana normal, Marc debía exámenes por estar ausente a causa del ataque del miércoles, y Alphonse y yo teníamos montones de tarea esperando, y anoche nos desvelamos por irnos de parranda. Mi jefe, gracias a Dios es un sol y no me regaño por llegar tarde, incluso me dejo salir antes para alcanzar a los muchachos en la biblioteca y estudias.

Buen ese era el plan original, pero al pasar por la cafetería mi estomago gruño de hambre, entre decidida a comprar algo para comer rápido y salir corriendo directo a la biblioteca.


- Un café y un sándwich para llevar – pedí al chico tras la barra.
- Estas segura de que no prefieres tomarlos a aquí? – pregunto el muchacho, su voz provoco que mi estomago revoloteara, y Franco volteo a verme con mi orden en sus manos y obsequiándome una sonrisa que me robo el aliento.
- Gracias – tartamudeé, pagando con un billete, al tomarlo él, nuestras manos se tocaron por un instante y sentí como si una descarga eléctrica recorriera mi cuerpo.
- Ya te sientes mejor, ese jaqueca ya no te molesta – pregunto amablemente sin apartar su mirada mi rostro.
- Si, gracias a las pastillas que me diste estoy como nueva – conteste –así que ahora trabajas aquí? – no pude reprimir mi curiosidad.
- Soy nómada, no tengo un empleo fijo, donde hay vacante me acomodo, cubriendo descansos, vacaciones o días festivos – explico.
- Entonces no estudias? – el sonrió ante mi pregunta y sus ojos verdes enfocaron mis labios, él quería besarme, yo sé como rayos lo sé, pero eso es lo que está pensando justo ahora, el quiere besarme.
- Estoy terminando mi licenciatura en idiomas, estudio en la Academia Santa Teresa –
- Mi hermana estudia enfermería ahí – mi celular sonó, un mensaje de parte Al, preguntado donde estaba.
- Te tienes que ir ya? – preguntó y vi u leve destello de decepción en su ojos.
- Eso parece, nos vemos luego Franco – y sin pensármelo dos veces me pare de puntitas para alcanzarlo y deposite un raído beso en sus labios.

Ese simple acto nos dejo atónitos ambos, no di explicaciones ni mire atrás, salí a toda prisa con mi corazón latiendo como loco. Estar cerca de él me hacía perder el control de todo, incluso mis poderes mentales salían a flote sin mi consentimiento, porque leer la mente de una persona es lo que evito a toda costa, sin embargo con él era más una necesidad, como si no pudiera existir sin estar cerca de él, y eso me asustó.

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