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jueves, 23 de septiembre de 2010

Capitulo 3

Karla

- Alphonse tengo frio, puedo bajar a dormir contigo – le pedí a mi amigo, estábamos en el mes de noviembre y el invierno comenzaba a dar signos de vida.
- Vale pero solo esta noche, mañana arreglo la calefacción cariño – mascullo medio dormido, baje con mis cobijas y me acurruque a su lado.
- Gracias – dije sintiendo como me abrazaba y entrelazaba sus piernas con las mías haciéndome recuperar el calor.
- Descansa, mañana será un largo día con papi suegro – se burlo.
- Oh si, me muero de ganas por conocerlo – dije antes de quedarme profundamente dormida.

Adoro los sueños, en ellos puedes estar donde tu quiera, y con quien tu quiera, en mi sueño el sexy mesero estaba a mi lado, acostado con migo en una enorme cama con sabanas de seda, nos besábamos, y se sentía todo muy real, sus labios eran cálidos y suaves conocían perfectamente su labor, sus manos me obsequiaban las caricias más bellas del mundo. Entones algo... no más bien alguien me despertó.

- Ese es mi hijo, mira nada más que linda chica! – grito un sujeto vestido de vaquero, el responsable de interrumpir mi precioso sueño.
- Papá – exclamo sorprendió Al - ¿Cómo entraste? – bueno no teníamos de que avergonzarnos, Al tenía su pijama azul de algodón y yo dormí con doble pantalón de franela y un enorme suéter de punto.
- Quería atraparte infraganti, vamos, no me presentas a tu dama? – dijo sonriente, me peine como pude mis rubios cabellos, justo a tiempo para recibir un fuerte abrazo de papi suegro.
- Papá ella es Karla Peralta mi chica, Karla él es mi padre Alberto Rojas – nos presentó Al sin mucho ánimo.
- Mucho gusto primor, aquí hace un frio del demonio, así que les traje de regalo un calefactor nuevo, lo deje en la camioneta no tardo – vaya el señor resulto ser muy efusivo, en un minuto estaba aquí y al siguiente ya se había ido a traer “nuestro regalo”.
- ¿Tenías un buen sueño?- pregunto Al.
- Mierda, hablo dormida – recordé con pesar.
- Y besas dormida baby, porque crees que papá esta tan contento – se burlo.
- Qué vergüenza, lo siento –
- No pasa nada, luego me cuentas con quien soñabas, anda ve a ponerte guapa primor – dijo pellizcando mis mejillas.
- Ya voy, cosa sexy hermosa – dije siguiéndole el juego y le regrese el cariño dándole una sonora nalgada.

El señor Rojas conecto el nuevo calefactor, se deshizo del viejo, nos invito a almorzar y luego me llevo a mi trabajo en la librería, y se marcho con Alphonse para charlar. No era un mal tipo, pero cada vez que mencionaba como serían nuestras vacaciones cuando me presentará al resto de la familia, el pobre de Al se ponía pálido y trataba de cambiar el tema.

- Buen día don Santiago – salude a mi jefe, me coloque mi gafete de empleada y tome mis cosas para limpiar los estantes.
- Buen día Karla, antes de que limpies ¿podrías por favor traerme una caja de libros de la bodega?, es la que dice nuevos en ingles – dijo sonriéndome.
- Claro – baje a la bodega, tome la caja y subí a la tienda – quiere que los acomodé? – pregunté.
- Si, esa es una gran idea – don Santiago tiene casi 60 años, tiene dos hijas ambas viven en el extranjero, y debo decir que adoro mi trabajo, mi jefe es genial, y me da acceso a montones de libros sin problema.
- ¡Dios mío!- exclame sorprendida al abrir la caja - ¿Cómo los consiguió tan rápido?- ahí estaban tres perfectos ejemplares de Crescendo de Becca Fitzpatrick, en ingles, pero por dios que mas da el idioma es el segundo libro de Hush-Hush.
- Tengo mis contactos gracias a mis chicas, y este de aquí es para ti – abrí el hermoso libro y la primera hoja estaba autografiada, y con dedicatoria para mí por parte de la autora.
- Usted y sus hijas son lo máximo – dije abrazándolo ya saltando de alegría.
- Me alegra que te guste, pero vamos a trabajar ya – dijo sonriendo amablemente.
- Gracias – dije mientras tomaba los demás y los colocaba en los estantes para los nuevos libros.

La tarde paso muy rápido, a las 6:00 pm en punto llego mi reemplazo, Adalin Medina, una chica casi tan alta como yo a pesar de tener solo 17 años, con cabello lacio y oscuro y unos hermosos ojos miel.

- Todo tuyo Adi, que tengas una linda tarde – me despedí de mi compañera.
- Gracias Karla igual tu – contesto amable la chica.

Cuando salí papá suegro y Alphonse ya me esperaban para comer, bueno más bien cenar. Al principio todo estuvo muy tranquilo. El hombre me platico de como ganaba muy bien gracias a sus plantaciones forestales de cedro y pino, y de cómo es un sujeto abierto a las nuevas ideas, ya que tenía poco de haber establecido un sistema agrosilvopastoril, ya saben, arboles, pastizal para ganado y cultivos, todo junto.

- Cuando tu y Alphonse se casen, todos los muebles serán de madera de la mejor calidad – alardeo y con eso el pobre de Al casi se ahoga con si café.
- Papá tenemos 18, aun no pensamos en casarnos –
- Bueno yo solo decía, no me importa esperar unos años, de igual forma disfrutare de mi docena de nietos, todos igualitos de rubios que su madre pero con los ojos azules de su padre – ahora fui yo quien se ahogaba con su café.


Desviamos la conversación a otros temas menos incómodos, y una vez dadas las 8:00 p.m. se despidió de nosotros, manejaría hasta el aeropuerto en su camioneta rentada y no dejo insistir hasta que acepte ir en navidad a su rancho. Sobrevivimos a eso, y como recompensa fuimos al bar “migajas de pan”, claro no pudimos ir a otro, y menos después de contarle a Alphonse sobre mí sueño, después d eso no logre convencerlo de ir a otro lugar.

No quería lucir desesperada por llamar la atención, así que me maquille muy poco, me puse unos jeans negros, unas botas de gamuza, muchos suéteres y un enorme abrigo, y para rematar un lindo gorrito café con pompones colgando de las orejeras.

- Pareces un esquimal, eso no es sexy – mascullo Alphonse mientras bajábamos de su camioneta estacionada a unos cuantos locales cerca del bar.
- Prefiero verme así que morir de neumonía – me denfedi, entramos al bar después de pasar por enorme fila.
- Tengo que ir al baño, busca una mesa y te alcanzo princesa – dijo alejándose entre la gente.

Me quite mi abrigo, pero no mi gorrito, aun me preocupaba Marc, ya estaba mejor, pero de repente le dijeron que tenía anemia, si él, “Marchello como sin parar y no engordo porque soy un atleta”, bueno supongo que ser un galán no te salva de sufrir enfermedades. De repente sentí como si alguien me observara y un escalofrió recorrió mi espalda haciéndome estremecer, no era una mala sensación, era más bien como si no pudiera esperar para encontrarme con esa mirada, como si de algún modo anhelará encontrar a ese alguien que causaba aquel efecto en mi.

- Si tienes frío deberías pedir un chocolate caliente – sugirió una voz que era pura seducción, me gire a encontrarlo y si era él, Franco, pero esta noche no vestía de mesero.
- Hoy no trabajas?- Duh… pregunta estúpida.
- Es mi descanso, como estas? – se sentó a mi lado y le hizo señas a uno de sus compañeros para que viniera a tomar la orden.
- Bien, en serio muchas gracias por salvarnos a Marc y a mi – el sonrió y estrecho mi mano.
- No hay de que, soy Franco Paz – se presento.
- Karla Peralta –
- Un placer conocerte, y cómo esta tu amigo? –
- Esta mejor, este viernes ya asistió a clases –
- Me alegra; mira aquí viene tu chocolate; y también tu chico _ dijo frunciendo el seño _ nos vemos luego _ se despidió justo cuando el mesero llego con mi rico chocolate.
- Gracias, pero como supo mi orden? – pregunte confusa.
- Secreto de meseros señorita – me dio un rápido guiño y desapareció entre la multitud.
- De qué me perdí? – pregunto Alhonse.
- Acabo de conocer oficialmente al mesero más sexy del mundo – murmure.
- Pues me alegro por ti, pero como que tengo sueño, que dices tomamos nuestro chocolate y vamos a retozar un rato – bromeó.
- Oh por supuesto, ya que tu papá quiere una docena de nietos, seguro ya quieres comenzar a practicar – dije siguiéndole el juego.
- Lo lamento cariño – dijo poniéndose de pie mirando entre la multitud aun chico muy especial – creo que será otro día, ve a divertirte con tu mesero, porque acabo de encontrar a mi chico – y si ahí estaba justo del otro lado de la pista, Marco Sandoval su lindo novio.
- Ok, diviértete, nos vemos en casa – termine mi chocolate, esperando que Franco regresara, pero no lo hizo.

Llegue al dormitorio y me di una ducha con agua caliente, me puse mi pijama más abrigadora y me acosté a dormir. Cada vez que intentaba recordar el ataque del miércoles la cabeza me dolía horrores. Alguien toco la puerta, eran las tres de la mañana, ok, piensa “Al tiene llaves, entonces quien demonios es?”, me levante a regañadientes murmurando maldiciones y observe por la mirilla de la puerta al desafortunado individuo que interrumpía mi descanso, era Franco y traía en sus manos mi cartera, al instante quise morir de vergüenza, ni siquiera había notado que la perdí.


Fin del capi pronto tendran mas :)

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